| 7/24/2012 10:21:00 AM

¿Es inevitable el rescate total de la economía española?

La ayuda a la banca española no ha hecho mucho para aplacar los temores de los inversores. Con la prima de riesgo en niveles históricos, son muchos los que creen que se aproxima un rescate como el de Grecia, Irlanda y Portugal.

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BBC
Una vez más España, y en menor medida Italia, parecen verse abocados a un programa de rescate a gran escala de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional (FMI), debido a la interconexión de los pasivos del sector público y la banca.

No dejan de aumentar las pérdidas para los bancos españoles, los cuales poseen cerca de 250.000 millones de euros (unos US$300.000 millones) en bonos del gobierno del país, lo que equivale a un tercio de la deuda del Ejecutivo central.

Esto incrementa el tamaño del agujero en sus balances, y por lo tanto, la escala del rescate oficial que requerirán a la larga de parte de los contribuyentes.

Pero, muy importante, mientras más duden los inversores y los ahorristas de la solvencia crediticia de España, más dudarán de su capacidad para respaldar a sus bancos.

Esto puede no ser totalmente racional, dado que la eurozona ha prometido 100.000 millones de euros (US$125.000 millones) en fondos dirigidos específicamente a rescatar a los bancos españoles. Pero también es algo no del todo irracional, pues, comoquiera que sea, no está claro aún el cómo, el cuándo e, incluso, si la eurozona tendrá éxito en transformar esos 100.000 millones en un pasivo sólo de los bancos, sin añadir una carga al ya financieramente endeudado estado español.

Una de las consecuencias de todo esto es que los bancos españoles se han vuelto cada vez más dependientes, para su propia supervivencia, de la financiación excepcional del Banco Central Europeo (BCE).

Estadísticas escalofriantes

He aquí las escalofriantes estadísticas. En los primeros cinco meses del año, los bancos españoles perdieron el 3% de sus depósitos, en la medida en que los ahorristas movieron sus fondos a puertos percibidos como seguros, como Alemania, o gastaron sus ahorros acumulados para compensar la caída en sus ingresos.

Mientras tanto, en no mucho más de seis meses, el endeudamiento de los bancos españoles con el BCE ha subido de 106.000 millones de euros (en noviembre de 2011) a 365.000 millones de euros, o el 9,5% de todas sus necesidades de financiamiento.

Las comparaciones no son alentadoras. Los bancos de Irlanda y Portugal, dos países ya con programas formales de rescate proveídos por la eurozona y el FMI, son dependientes de los fondos del BCE en un 13,5% y un 10% de sus respectivas deudas.

O, para decirlo de otra manera, el apoyo del BCE a los bancos de España está en torno a los niveles que, en el caso de Irlanda y Portugal, en su momento fueron considerados suficientes por el BCE como para empezar a ejercer presión sobre los gobiernos de la eurozona para proporcionar un programa de rescate en toda regla para esos países.

De ahí que algunos los inversionistas me hayan dicho que ya no creen que España pueda salir de esta situación sólo con el rescate de sus bancos.

Lo que pudo haber puesto a España al borde del precipicio es la revelación la semana pasada de que algunas regiones españolas, encabezadas por Valencia, necesitarán préstamos del gobierno central para poder pagar sus deudas (unos 15.000 millones de euros de la deuda de los gobiernos regionales españoles deberán ser pagados en la segunda la mitad de este año).

La fragilidad de España se conoce bien: una economía en recesión (que se estima durará dos años) está conectada a bancos subcapitalizados, que a su vez están ligados a regiones con deudas que no pueden pagar, que dependen de un gobierno que no puede pedir prestado a tasas asequibles.

Estos vínculos financieros o se mantienen unidos o se desmoronan a la vez. En este momento parece que van a caer.

¿Se agota el tiempo?

También del apetito que tenga España para pagar las penalidades de los préstamos durante un tiempo.

Lo que resulta particularmente aterrador de lo acontecido con los precios de la deuda española hoy en día no es sólo que implica que España tendría que asumir un impagable interés del 7,5% al pedir prestado por diez años, que suele ser el límite de lo que puede afrontar un gobierno al pedir prestado.

Quizás más serio es tener que pagar un interés del 7,4% al pedir prestado por cinco años y de más del 6,5% al pedir prestado por un pequeño periodo de dos años.

Usted, querido lector, probablemente va a pagar menos del 6,5% al pedir prestado por dos años. Y usted no es un gobierno soberano (supongo).

En otras palabras, no hay refugio temporal para España al pedir préstamos por cortos períodos. Se cierne su día del Juicio Final, en el sentido de que deberá decidir si se convierte en la primera gran economía de la eurozona sujeta a la humillación de ser manejada desde Bruselas y Washington, por la Comisión Europea y el FMI.
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