| 8/2/2015 5:00:00 AM

El caballo criollo de Colombia, el "Rolls Royce de los equinos", se abre paso en Estados Unidos

"El caballo de paso fino es como el Rolls-Royce de los caballos". Con esa afirmación categórica, Franz Lagos, un colombiano que ha dedicado 30 años de su vida a criar equinos, trata de explicar por qué son tan apreciados estos ejemplares equinos que por muchos años fueron emblemáticos de la cultura rural colombiana y que ahora buscan entrar al escenario globalizado de la industria ecuestre mundial.

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BBC
En búsqueda de ese propósito, muchos colombianos terminaron viviendo en Ocala, una somnolienta población rural estadounidense a una hora de Orlando, en el centro del estado de Florida. El agobiante calor del mediodía y la soledad que se percibe en el campo hacen pensar a primera vista que en este pueblo no pasa nada. Pero esa impresión no puede estar más equivocada. Ocala es el epicentro comercial de una industria ecuestre internacional que solo en esta ciudad mueve US$2.200 millones anuales.

Cada año, cuando comienza el invierno en el hemisferio norte, Ocala toma ventaja de su clima subtropical para convertirse en la capital mundial de los caballos. Decenas de miles de ejemplares de todas las razas son enviados a los 900 criaderos de Ocala, provenientes de todas partes de Estados Unidos y de otros países, para ser vendidos, continuar entrenando, pastando o simplemente huyendo del frío del invierno.

Trote estilizado

En Ocala se ven los últimos adelantos en genética animal, los mejores entrenadores, instalaciones y, por supuesto, los mejores caballos. Y de unos años para acá, han empezado a hacer presencia los caballos criollos colombianos, que se caracterizan por el trote estilizado y vistoso que, según los entendidos, hace que montarlos sea una experiencia tan suave y armoniosa como conducir un auto de lujo.

Lo que no es mucha novedad para los colombianos, que crecieron admirando estos vistosos caballos como la atracción principal en los desfiles de cualquier feria de pueblo que se respetara. Y que en años pasados vieron asociados a estos ejemplares con la cultura de ostentación del narcotráfico. Pero ahora, los fanáticos del caballo de paso fino colombiano trabajan para dejar esos tiempos atrás y conquistar el mercado más grande de todos, el estadounidense.

Gran negocio

La estrella indiscutible entre los caballos criollos colombianos se llama Dulce Sueño de Lusitania y este verano está de visita en Ocala, donde los dueños de otros ejemplares pagan gruesas sumas para que este ídolo insemine a sus yeguas.

Manuel Bejarano, un médico oftalmólogo colombiano basado en México, es el dueño del caballo.

Heredó de su familia el criadero La Marquesa, cerca de la ciudad de Popayán, donde tiene algunos de los caballos de paso fino más reconocidos del mundo. Y en 2013 compró a Dulce Sueño. Según la prensa colombiana, que escribe reseñas de este caballo con la efusividad que los diarios de otros países le reservan a sus astros de fútbol, cada "salto" (inseminación) de Dulce Sueño de Lusitania vale 6 millones de pesos, cerca de US$2.000. "De los cinco ejemplares más caros vendidos en la historia mundial del caballo de paso fino, cuatro son crías de Dulce Sueño y todos han costado más de US$1 millón", le dice Bejarano a BBC Mundo.

Reserva millonaria

¿Pero qué hace tan especial a ese caballo en particular?

"Dulce Sueño de Lusitania partió en dos la historia del caballo de paso fino", asegura su dueño. "Fue el reproductor que le dio espectacularidad al paso fino", por la velocidad con la que ejecuta su vistoso paseo. El semental estrella pasará el resto del verano en Ocala. Pero antes de regresar a Colombia dejará en los criaderos locales "reservas" para inseminar a 250 yeguas, lo que Bejarano estima alcanzará para saciar la demanda del mercado estadounidense al menos por año y medio. Estos empresarios del caballo de paso fino aseguran que la clave de su futuro éxito comercial consiste en que sus ejemplares dejen de ser considerados un artículo de lujo, alcanzable solo para los poderosos, como fueron alguna vez en  Colombia, o para jinetes profesionales.

Entretención para todos

Parte de la estrategia es popularizar estos caballos como un entretenimiento familiar en Estados Unidos.

Esa es la filosofía detrás de Sociagro, otro criadero de caballos de paso fino en Ocala que ofrece campamentos de verano para que los niños se inicien en este arte.

El padre de Alejandra María Arango vino de Medellín, Colombia, a fundar el criadero hace cerca de 30 años. De cuatro años para acá, Alejandra vive con su marido y sus tres hijos en esta ciudad de Florida, lo mismo que otros cientos de colombianos que gravitan aquí alrededor del mundo de los caballos. Su hija, sin cumplir diez años de edad, tiene ya en su haber varios campeonatos nacionales de equitación.

En medio de las instalaciones relucientes y la limpieza casi quirúrgica de su criadero, ella le da órdenes a los "chalanes", como se conoce a los jinetes que trabajan en las haciendas entrenando y cuidando a los caballos. El acento de todos ellos es de Medellín. Pero los procedimientos y equipo que usan, nos dicen, son estadounidenses, más rigurosos y modernos que los que conocieron en su país de origen.

Alejandra Arango asegura estar en el mejor sitio posible para desarrollar su pasión por los caballos y transmitírsela al resto del mundo. "Ocala es un lugar muy especial, es el punto perfecto donde interactúan las dos culturas, la estadounidense y la latina".
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