| 1/3/2012 9:46:00 AM

A diez años del euro, la peseta se resiste a desaparecer

La antigua moneda española comenzó a desaparecer hace 10 años con la entrada del euro, pero sigue vigente en el imaginario colectivo y hasta es aceptada en los comercios de un pueblito de Galicia.

En este comienzo de año, el euro cumple una década circulando entre las manos de los españoles y, aunque desde la entrada en vigor de la moneda única la antigua peseta comenzó a desaparecer, su espíritu sobrevive material y virtualmente entre los que la conocieron.

El euro y la peseta convivieron formalmente en la economía española durante los dos primeros meses de 2002. La posibilidad de pagar en ambas monedas en los establecimientos transformaba las compras en un juego de habilidad mental.

La equivalencia de un euro en 166,386 pesetas no facilitaba los cálculos así que comenzaron a circular, junto a la moneda única, trucos matemáticos para poder controlar los precios en la nueva divisa.

En esa época, las tablas conversoras en todos sus formatos fueron el mejor aliado. En reglas, calculadoras, llaveros y bolígrafos, los convertidores aliviaron esta dura transición en la que además hubo que acostumbrarse a los céntimos.

Fueron tiempos de rascarse los bolsillos y romper las huchas (alcancías) para quitarse de encima las viejas pesetas. La sustitución definitiva llegó en marzo, aunque el canje de pesetas por euros todavía es ilimitado y la moneda rehúsa a desaparecer por completo. Según datos del Banco de España, aun quedan sin cambiar 1.708 millones de euros en pesetas.

La navidad en pesetas

Un pequeño pueblo de Galicia de menos de 10.000 habitantes vio en este excedente de pesetas sin colocar una oportunidad de negocio y desde hace tres meses acepta la moneda en medio centenar de sus comercios.

La iniciativa arrancó de la recién creada Unión de Empresarios de Salvatierra do Miño, en un intento por darse a conocer. Sin embargo, la prensa internacional se ha hecho eco de esta vuelta al pasado.

"Comenzamos con la campaña a principios de octubre pero se nos ha disparado tanto en términos de dinero como en repercusión", comenta sorprendida a BBC Mundo Luz Fernández Alonso, portavoz de la asociación. Tanto que no han sido capaces de dar el cierre a final de año, "por el momento vamos a continuar también en la cuesta de enero", añade.

Ya han recaudado más de un 1,16 millones de pesetas, casi 7.000 euros provenientes de este pequeño pueblo, pero también de otros municipios vecinos y de más allá de la frontera con Portugal, donde en su tiempo se trabajaba tanto en escudos como en pesetas.

La ocurrencia de Salvaterra do Miño se ha llevado la fama, pero no es la primera vez que un comercio o un grupo de comercios lleva a cabo prácticas similares.

El pueblo pesquero de Murgados, también en Galicia, hizo lo propio en marzo de este año y Narón, en la misma comunidad, recaudó en tres meses de 2009 una cantidad similar a la de Salvaterra. El pueblo balear de Inca también ha dado la opción de quitarse de encima la calderilla de los bolsillos en la campaña de compras navideñas.

"No merece la pena guardarlas"

Si algunos conservan como oro en paño las antiguas pesetas esperando a que se revaloricen, es mejor abandonar la idea de poder sacarles beneficio entre los coleccionistas. Al menos así lo considera Joaquín Valle, numismático y coleccionista.

"La peseta pendiente de cambio no tiene valor numismático porque es muy moderna y hay millones como ella", apunta Valle, quien aconseja canjear todas las monedas posteriores a 1992, que son las aceptadas por el Banco de España.

No ocurre así con billetes de hasta mediados del siglo pasado que, en buen estado y sin doblar, pueden alcanzar los 2.000 euros entre los aficionados.

Es difícil que las pesetas que aún no se han devuelto pasen a mejor vida. Nacida en 1808 con Napoleón y estable desde 1869, es una de las monedas con una presencia más duradera en la historia del país.

El Banco de España estima que el 45% de las monedas que estaban en circulación antes de la entrada del euro nunca serán estregadas y permanecerán en manos de los españoles como pieza de coleccionista, o bien por deterioro, pérdida o salida del país en los bolsillos de los turistas.
El rastro de "la rubia"

Con todo, la verdadera supervivencia del euro ha sido virtual. En la mayoría de los supermercados los precios continúan indicándose en ambas monedas, al mismo cambio que hace diez años. Los españoles continúan recurriendo a las pesetas para asimilar las grandes cifras, como el precio de la vivienda, los beneficios de la bolsa o los astronómicos sueldos de algunas profesiones.

Se mantienen también en el habla multitud de expresiones que hacen referencia a la "pela" o la "rubia", como se conocía popularmente a la peseta.

Así, la circulación del euro no ha impedido que alguien tacaño o avaricioso siga siendo considerado un "pesetero" o que aun se diga que "nadie da duros a cuatro pesetas" para señalar que en la vida nada es gratis.

Aunque el 70% de los españoles piensa que en sus diez años de existencia, el euro no les ha aportado nada, solo al 7% les gustaría que volviera "la rubia", según una encuesta realizada por la cadena estadounidense CNN. Aunque ya no está en las carteras y muchos españoles sólo han pensado en euros, la vieja peseta sigue presente en el imaginario colectivo.
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