| 6/20/2015 5:00:00 AM

Estudiantes que viajan al exterior como voluntarios: consideren quedarse en su país

Antes de irse como voluntario al exterior, un pequeño consejo: el costo de su viaje casi siempre supera por mucho los beneficios que aportan a las comunidades que los reciben.

Charles Kenny, miembro senior del Centro para el Desarrollo Global, relató para Bloomberg su experiencia como voluntario en Zimbabue.

Gracias por pasar parte de sus vacaciones de verano trabajando en el exterior sin cobrar. Forma parte de alrededor de un millón de estadounidenses que pasan unas semanas por año en el extranjero dedicados a asesorar personas o a ayudar a construir viviendas, escuelas y clínicas. Espero que establezcan amistades y que su interés por los países en vías de desarrollo dure toda la vida. Antes de irse, un pequeño consejo: el costo de su viaje casi siempre supera por mucho los beneficios que aportan a las comunidades que los reciben. Eso no tiene por qué evitar que aborden el avión, pero hay algo que deben tener muy claro. No van a salvar gente, sino que van a aprender de ella.

A fines de la década de 1980 viajé a Zimbabue para ayudar a enseñar en la escuela de una misión. La experiencia me proporcionó un nuevo respeto por los docentes de escuelas secundarias, así como una firme decisión de no ser jamás uno de ellos. Me alojé con anfitriones generosos y abiertos a pesar de las penurias de una vida que tengo la suerte de no llegar nunca a entender del todo. Conocí un país increíble y decidí seguir una carrera vinculada al desarrollo gracias a un período difícil, y con frecuencia solitario, que nunca elegiría recuperar.

Espero que ustedes tengan una experiencia igualmente transformadora. Pero lo que yo obtuve de ese período fue mucho más de lo que obtuvieron los alumnos a los que traté de enseñar. Ellos habrían estado mucho mejor si en lugar de gastar en el pasaje aéreo les hubiera enviado el dinero. Seguramente lo mismo se aplica a ustedes.

Eso no es motivo para no ir. Háganlo. Sin duda volverán encantados de haberlo hecho y convertidos en mejores personas. Pero es un motivo para entender el verdadero beneficio de su viaje. Lo más probable es que no tengan un impacto mayor que el de los grupos que enviaron colchonetas de yoga a Haití después del terremoto o el de la efímera organización australiana que reunía ropa interior “poco usada” para enviar a África.

Lo menos que pueden hacer por la comunidad que los recibe (y por ustedes mismos) es devolver su hospitalidad escuchando, observando, haciendo amistades y regresando con una mejor comprensión. Luego pueden usar esa amistad y esa comprensión como motivación para trabajar de forma más efectiva por un mundo mejor: impulsar políticas de desarrollo más justas, conseguir un empleo en una compañía multinacional responsable que cree empleos y oportunidades para millones de personas del mundo entero o estudiar medicina y empezar a investigar sobre enfermedades tropicales de las que nadie se ocupa. Las opciones son infinitas. Si ven esto como el inicio de una vida de compromiso, el viaje como voluntarios bien habrá valido el precio del pasaje aéreo.
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