| 5/23/2012 4:16:00 PM

Venezuela: ¿qué quedará del chavismo?

De cara a las elecciones presidenciales en Venezuela, la oposición prometió darle continuidad al legado chavista. Pero, ¿en qué consiste esa herencia? Dos expertos hacen un balance de la política interior de Hugo Chávez.

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DW
A trece años del ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, decir que su gestión es controvertida sería llover sobre mojado: sus partidarios refutan las críticas oreadas incluso por sus opositores más moderados o por los politólogos extranjeros más imparciales, mientras buena parte de la facción antichavista se niega a reconocer los aciertos del Gobierno, como la implementación de ciertos programas sociales que, según algunos observadores, realmente contribuyeron a mejorar la calidad de vida de muchos venezolanos.

Hace siete años, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) le otorgó el Premio Internacional José Martí a Hugo Chávez por el proyecto de alfabetización ¡Yo sí puedo!, del cual se beneficiaron 1,5 millones de venezolanos entre 2003 y 2005. En las antípodas del chavismo reaccionaron reprochando que ese programa de alfabetización era un proyecto más cubano que venezolano y que estaba siendo instrumentalizado para promover la doctrina “revolucionaria” del hombre fuerte de Caracas.

Fue apenas hace unos meses cuando los líderes de la Mesa de la Unidad Democrática, la coalición de los partidos de oposición, se comprometieron explícitamente a darle continuidad a los programas sociales más exitosos de la administración Chávez. Pero, ¿lo hicieron porque estaban conscientes de su importancia o por temor a perder votos en las elecciones presidenciales del 7 de octubre, si no reconocían aquello que un amplio sector de la población tanto valora? ¿Se reduce el legado chavista a la creación de las “misiones”?

Deutsche Welle habló con dos conocedores del acontecer venezolano para hacer un balance de la política interior de Hugo Chávez y, sobre todo, para saber si los logros y fracasos más sobresalientes de su Gobierno pueden ser identificados en un análisis libre de sesgos ideológicos.

Intenciones elogiables


Desacreditar un proyecto porque es ‘más cubano que venezolano’, como en el caso de ¡Yo sí puedo!, es en sí mismo un gesto ideologizado; lo importante es el fruto de ese programa. El verdadero problema es que los resultados de las políticas sociales impulsadas por Chávez son difíciles de precisar porque éstos no son evaluados exhaustivamente, los datos no existen o no son fiables. Por otra parte, aunque no todos sus programas sociales fueron inefectivos, la mayoría de ellos son insostenibles”, explica Alexander Rommel, politólogo de la Universidad de Rostock.

“Algunos programas sociales han sido exitosos y reconocidos hasta por la oposición; la Misión Barrio Adentro I y la Misión Mercal son dos de ellos. Barrio Adentro I provee asistencia sanitaria primaria en los vecindarios más pobres de las ciudades y Mercal garantiza la seguridad alimentaria de la población con escasos recursos. Eso es importante porque los altos índices de inflación en Venezuela nunca han sido controlados, ni siquiera por los predecesores de Chávez”, comenta este investigador de las desigualdades sociales en el país suramericano.

“Estas dos ‘misiones’ son elogiables, pero también ellas tienen un carácter meramente coyuntural porque dependen demasiado de los ingresos petroleros del Estado. Eso apunta a uno de los fracasos más grandes del Gobierno de Chávez: el no haber conseguido impulsar y diversificar la economía nacional. Sus políticas económicas, que no eran malas, fueron conducidas de manera ineficiente. Por ejemplo, Chávez quiso fomentar las cooperativas mediante un programa social gigantesco y hoy nadie habla más de las cooperativas”, dice Rommel.

“Una de las cosas que ocurrieron durante el mandato de Chávez y que uno podría tachar de positiva fue el cambio de una agenda gubernamental economicista y de talante neoliberal a una con acento en la inclusión social; ese giro tuvo lugar en toda America Latina, pero se presentó tempranamente en Venezuela. No obstante, es necesario diferenciar entre el discurso de Chávez, sus planes para mejorar la situación de buena parte de la población y la ejecución de esas políticas”, sostiene Manuel Silva-Ferrer, de la Universidad Libre de Berlín.

Cambios y continuidades

“Establecer una agenda es una cosa y cumplirla efectivamente, otra muy distinta. Las ‘misiones’ chavistas han sido evaluadas por distintos especialistas y muchos coinciden en que éstas no logran satisfacer las demandas de la población. Barrio Adentro no puede sustituir al sistema sanitario y las carencias del sistema educativo no son subsanadas por las ‘misiones’ respectivas; en términos generales, éstas funcionan muy bien, pero como parte de la propaganda del Gobierno”, agrega el investigador de la universidad berlinesa.

“Si le quitas la escenificación ideológica a las políticas de Chávez y observas su aplicación, te darás cuenta de que su gestión ha sido un fracaso tremendo. La inflación en Venezuela es de las más altas del continente, los índices de criminalidad no han dejado de subir, el aparato productivo se ha reducido en entre un 40 y un 60 por ciento, Venezuela importa productos fundamentales más que en ningún otro momento de su historia reciente”, acota Silva-Ferrer.

“Eso implica que, en el período de mayor bonanza económica que ha conocido el país desde el descubrimiento de petróleo en su territorio, Venezuela se encuentra en un estado deplorable. Por si fuera poco, el proceso de institucionalización democrática que comenzó tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, así como el proceso de descentralización que empezó a finales de los ochenta con la creación de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), se vieron truncados por el Gobierno de Chávez”, Rommel y Silva-Ferrer coinciden en que entre la Quinta República Venezolana, inaugurada por Hugo Chávez, y las que la precedieron hay más continuidades que rupturas radicales. Como muestra, un botón o dos: la corrupción administrativa y el clientelismo político no han sido erradicados. “El involucramiento de los sectores tradicionalmente marginados en la toma de decisiones es otro factor que, como idea, debe valorarse positivamente, aunque debemos ser críticos con el uso clientelista que se le da”, dice el experto de Rostock.

“El paso de la democracia participativa a la democracia protagónica, que Chávez defiende con pasión, volvió a intensificar ciertos fenómenos que datan del siglo XIX y principios del XX, pero que se habían ido superando. En la Venezuela de hoy predomina el caudillismo autoritario y el centralismo, y la separación de los poderes no existe”, lamenta Silva-Ferrer y añade: “Durante el Gobierno de Chávez, muchos venezolanos se han percatado de que el aparato institucional de la Cuarta República, aún siendo imperfecto, era algo valioso que costó mucho construir”.
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