| 5/9/2012 8:14:00 AM

¿Tiene la eurozona los días contados?

Alemania busca sacar a la eurozona del atolladero a punta de austeridad, pero, según los expertos, muchos en la UE quieren tener una moneda blanda, “con la que sea más fácil gobernar y explotar a los socios más ricos”.

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DW
Este domingo (6.5.2012), los electores griegos le dieron rienda suelta a su frustración, acumulada durante meses marcados por las duras medidas de austeridad del Gobierno y la recesión económica: los dos partidos que se alternaron en el poder en las últimas décadas y se repartieron el 80 por ciento de los votos en los comicios de 2009, sólo tuvieron un respaldo del 33 por ciento en las elecciones legislativas.

Es evidente que la mayoría de los integrantes del Parlamento heleno están en contra de los términos que condicionan el rescate internacional recibido por Atenas. “De hecho, la mayoría de los diputados está en contra de pagar las deudas estatales”, sostiene Hans-Peter Burghof, de la Universidad de Hohenheim y sigue: “A sus ojos, esas deudas son injustas y no deberían ser honradas. Y esa es la posición por la que han votado los griegos”.

“Ahora le toca a los parlamentarios griegos defender esa posición de cara a los mercados financieros”, acota el experto en entrevista con Deutsche Welle. Hasta ahora, la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) habían colaborado para mantener a flote a una Grecia plagada de deudas; pero eso puede cambiar en el futuro cercano, asegura Holger Schmiedig, economista del banco Berenberg.

“Es posible que Europa detenga el flujo de recursos hacia Grecia, si en el Gobierno de ese país no hay nadie dispuesto a implementar las reformas exigidas por los acreedores a cambio de las ayudas financieras”, explica Schmiedig, añadiendo que eso implicaría virtualmente la expulsión de Grecia de la eurozona. Burghof pide a la clase política alemana atender al clamor de sus electores y dejar claro que Alemania no debe pagar las deudas griegas.

“Alemania no debe pagar las deudas griegas”

“No debemos pagara las deudas helenas, ni de manera directa –mediante los mecanismos de rescate económico o conceptos alocados como el de los eurobonos– ni de forma indirecta, a través del Banco Central Europeo (BCE)”, señala el experto de la Universidad de Hohenheim. Pero es precisamente el “alocado concepto” de los eurobonos lo que el nuevo presidente de Francia, François Hollande, quiere aplicar.

El socialista espera que el BCE juegue un papel más importante en el combate de la crisis, hizo campaña electoral prometiendo renegociar el pacto fiscal firmado por 25 socios de la UE –espoleados por la canciller alemana, Angela Merkel– y está a favor de que los Estados se endeuden un poco más para impulsar el crecimiento económico. En otras palabras, Hollande defiende aquello que Merkel demoniza.

No obstante, estas divergencias, que pueden propiciar un conflicto entre Francia y Alemania, no tienen por qué terminar en una confrontación. Al economista Ansgar Belke, no le cabe duda de que Hollande va a negociar con talante pragmático: “También él está consciente de que Alemania es su socio más importante y de que Francia está con la espalda contra la pared”, dice este profesor de la Universidad de Duisburgo-Essen.

Francia y Alemania han competido en muchas áreas durante décadas, pero en los últimos años, el país que a Hollande le toca gobernar se ha ido quedando atrás. En 2011, cuando el déficit fiscal del Estado francés ascendió al 5,2 por ciento, en comparación con el rendimiento económico de la nación, el déficit del Estado alemán era de apenas 1 por ciento. Y el nivel de desempleo en Francia es dos veces más alto que el de Alemania.

Los días contados de la eurozona

Mientras las cuotas de exportación germanas en el seno de la UE aumentan, las galas se reducen. Y es por eso que los mercados financieros le tienen el ojo puesto a la segunda economía de la eurozona; también de eso está consciente el nuevo hombre fuerte de París. “Los mercados financieros lo van a castigar tan pronto como Hollande aplique lo que aseguró que aplicaría durante la campaña electoral”, sostiene Belke.

La confianza de los inversionistas en la moneda única de la UE se ha visto vapuleada tras las elecciones presidenciales de Francia y las parlamentarias de Grecia. El valor del euro ha caído por debajo de la marca de los 1,30 dólares estadounidenses. Pero, por paradójico que suene, muchos en la eurozona no han percibido esta tendencia con preocupación. Al contrario: “Todo indica que abundan los que no están interesados en la estabilidad del euro”, comenta Burghof.

Según Burghof, muchos en la eurozona quieren tener una moneda blanda, “con la que sea más fácil gobernar y explotar a los socios más ricos”. De ahí que el especialista de la Universidad de Hohenheim dé por insostenible el rango crediticio ejemplar del que Alemania disfruta actualmente. Eso sí, advierte Burghof, cuando Alemania deje de ser el gran proveedor de garantías que ha sido hasta ahora, los días de la eurozona estarían contados.
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