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INTERNACIONAL

¿Por qué debe preocuparnos la desaceleración de China?

La desaceleración del país asiático ha tomado a muchos por sorpresa. Ni las peores proyecciones anticipaban golpes tan duros que pueden poner en riesgo a la economía global.

Alianza BBC
21 de enero de 2019

Si China quisiera tranquilizar la ira de Donald Trump por el superávit comercial con Estados Unidos, los últimos datos económicos de comercio no serían el mejor camino para calmarlo.

Además, según cifras oficiales dadas a conocer este lunes, la economía china creció un 6.6% en 2018.

En los últimos tres meses del año pasado, la economía creció un 6,4% con respecto al año anterior, en comparación con el 6,5% del trimestre anterior.

Es su ritmo más lento desde 1990, aumentando los temores sobre el impacto en la economía global.

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Las exportaciones de China hacia el resto del mundo bajaron inesperadamente, cuando las expectativas apuntaban a un alza.

Pero eso fue más que compensado por la caída -aún mayor- de sus importaciones.

Analistas esperaban un aumento de un 5% de las importaciones chinas desde el resto del mundo, pero ocurrió exactamente lo contrario: cayeron 7,6%.

La diferencia entre lo que China vende y lo que compra -el superávit comercial que tanto molesta al presidente de Estados Unidos- creció aún más.

De hecho, mientras más se enfurece Donald Trump porque China le vende más a EE.UU. de lo que le compra, más parece jugarle en contra.

Los consumidores chinos compran menos

Hacia finales del año pasado, China exportó US$324.000 millones más en bienes y servicios a Estados Unidos de lo que importó.

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Eso es un record de excedente, más de un cuarto mayor de lo que era antes de que Trump llegara a la Casa Blanca.

El foco de su rabia ha sido principalmente que China le vende más a Estados Unidos de lo que él considera que debería, al tiempo que, según el mandatario, utiliza métodos injustos para limitar las importaciones estadounidenses.

Así las cosas, la guerra comercial continúa, pero es periódicamente interrumpida por negociaciones.

Pero los datos económicos destacan una preocupación más profunda que está al otro lado de la balanza comercial: que los consumidores chinos simplemente no le están comprando lo suficiente a nadie, ni dentro ni fuera de su país.

Los precios están apenas subiendo. Considerando el valor de los productos "en la puerta de la fábrica", solo subieron 0,9% en el último recuento, una cifra más baja de lo esperado.

Se está acumulando evidencia de que la economía china se está desacelerando más rápido de lo que sus gobernantes o el resto del mundo anticipaba.

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Esa preocupación mostró sus efectos en los mercados, de la misma forma en que ocurrió cuando Apple anunció una baja en la demanda el año pasado, o cuando Jaguar Land Rover eliminó puestos de trabajo la semana pasada, en parte debido a la desaceleración China.

Los funcionarios chinos, generalmente competentes, están conscientes del problema y ya han tomado algunas modestas medidas para contrarrestar la situación, estimulando la demanda.

Inyección de estímulo

La semana pasada, por ejemplo, el Banco Popular de China (equivalente al banco central), flexibilizó los requisitos de capital que establecen cuánto dinero los bancos deben dejar a un lado por cada préstamo que entregan.

Esa medida, teóricamente, liberaría US$117.000 millones que estaban "amarrados" en el sistema bancario para ser inyectados en la economía a través de préstamos.

Pero eso podría funcionar si existe demanda de parte de los clientes, como empresas, para pedir dinero prestado.

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Y eso a su vez depende de si las empresas están convencidas de que pueden ganar dinero tras pedir el crédito.

Se espera que en las próximas semanas se anuncien nuevas medidas de estímulo. ¿Funcionarán?

Desde la crisis financiera de 2008, el liderazgo de China ha buscado mantener el ritmo de crecimiento económico a través de una gigantesca expansión de la actividad crediticia.

El nivel de endeudamiento, como proporción de la economía, se ha disparado (desde un 140% del PIB en 2007 hasta casi 260% en la actualidad).

El gasto en infraestructura se ha multiplicado, con la aparición de miles de kilómetros de nuevas vías férreas y decenas de nuevos sistemas de metro y aeropuertos.

La economía china está acostumbrada a una dosis de estímulo considerable y habitual.

La esperanza es que aún no se haya adormecido.

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