| 3/25/2012 8:00:00 AM

Portugal, un año después de la dimisión que hizo estallar la crisis

Hace ahora un año, el entonces primer ministro portugués, el socialista José Sócrates, dimitía de su cargo, una decisión que el tiempo ha convertido en la espoleta de una crisis que explotó días después y que todavía atenaza el país.

La presión de los mercados y la inestabilidad política en la que vivía el Gobierno desde que fuera reelegido en 2009 -en minoría parlamentaria y enfrentado con los partidos de izquierda marxista- acabaron por condenar a Sócrates y dejaron a Portugal al borde de un rescate financiero que finalmente tuvo que solicitar.

"Fueron tiempos muy difíciles", reconoce en declaraciones a EFE el actual portavoz del grupo parlamentario socialista en la oposición, Carlos Zorrinho, quien formaba parte del Gabinete como secretario de Estado de Energía durante esos días de tensión.

La estrategia del Ejecutivo era clara: "La cuestión de fondo era llegar a junio sin pedir el rescate, cuando esperábamos que en la cumbre de la UE se alteraran las reglas de funcionamiento del Banco Central Europeo, como luego así ocurrió, para poder recibir apoyo internacional sin ser intervenidos".

En definitiva, seguir el camino "de países como España, Italia o Bélgica, y no el de Grecia e Irlanda".

Zorrinho coloca el 9 de marzo como una de las fechas claves en la caída de Sócrates, coincidiendo con el discurso de investidura del jefe del Estado luso, el conservador Aníbal Cavaco Silva, quien puso en duda su actuación al frente del Ejecutivo y le pidió información objetiva sobre la situación del país.

La relación entre el responsable del Gobierno y la máxima autoridad del Estado se había ido deteriorando con el paso del tiempo, con cada vez más fricción entre ambos.

Apenas 24 horas más tarde, el 10 de marzo, los socialistas superaban una moción de censura presentada por la izquierda marxista gracias a la abstención del principal grupo de la oposición, el Partido Social Demócrata (PSD, centro derecha), hoy en el poder.

El Gobierno no dio lugar a pararse y tomar aliento. El 11 de marzo, Sócrates presentaba por sorpresa un nuevo programa de ajustes y reformas -el cuarto en menos de un año- con el objetivo de recabar el apoyo de la UE y calmar a los mercados, que presionaban su deuda soberana con intereses superiores al 7%.

Oposición, patronal y sindicatos criticaron en bloque al Ejecutivo por anunciar este paquete de medidas sin negociarlo previamente, lo que le dejó debilitado.

Incluso Cavaco Silva rememoró hace unas semanas aquel momento en el prólogo de un libro acusando a Sócrates de una "falta de deslealtad institucional que quedará marcada en la historia".

"El programa fue muy elogiado por la Comisión Europea y por (la canciller alemana) Angela Merkel. Creíamos que era muy positivo para lograr evitar el rescate", contrapuso por su parte Zorrinho.

Para sacar adelante su plan, los socialistas necesitaban de una mayoría parlamentaria con la que no contaban, y los otros cinco grupos presentes en la Asamblea acabaron votando en contra.

Al Gobierno del PS luso se le acusó de malgastar dinero público y endeudar profundamente al país, con su ratio deuda/PIB por encima del 90% (30 puntos más que en 2008) y el déficit en el 8,6%.

Los socialistas portugueses atribuyeron el empeoramiento de la economía a la crisis mundial, e intentaron responder endureciendo sus recortes progresivamente.

La caída definitiva de Sócrates se produjo el 23 de marzo, cuando el Parlamento rechazó su paquete de medidas y le dejó "sin condiciones" para continuar, en palabras de Zorrinho.

Apenas días después llegaron la convocatoria de elecciones anticipadas, la petición de rescate y los comicios que dieron el poder a los conservadores tras seis años de Gobierno socialista.

A cambio de la ayuda externa, Portugal se comprometió a cumplir un vasto programa de ajustes y recortes que ya afectan al día a día del ciudadano medio, y que el actual primer ministro considera inevitables debido, precisamente, a la tardanza de los socialistas en adoptar medidas de austeridad. EFE
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