| 5/19/2015 5:00:00 AM

La nueva ruta de la seda y el espacio común euroasiático

Hace casi dos años el Partido Comunista de China y el Presidente Xi Jinping determinaron que la mayor iniciativa económica y diplomática del ascenso geopolítico del país sería copiar el medieval concepto de la ruta de la seda tanto en forma terrestre como marítima.

Pensada como una iniciativa a ser desarrollada en más de 20 países a través de autopistas, trenes de alta velocidad, puertos y aeropuertos así como el desarrollo instalaciones industriales y complejos alrededor del almacenamiento y desarrollo energético con un valor cercano a US$140 mil millones, la ruta es un significativo desafío a la prevalencia de los intereses de accidente y en especial de Estados Unidos no sólo en Asia sino también en Europa, el Medio Oriente y el Norte de África.

En la actualidad, para su financiación se ha constituido un fondo de infraestructura por un valor cercano a US$40 mil millones y el Banco Central del Pueblo de China ha otorgado US$62 mil millones de sus reservas internacionales a través de dos bancos comerciales que pertenecen al Estado para robustecer las finanzas de la iniciativa.

La iniciativa es lo suficientemente atractiva que también dio pie a la constitución del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que se conformó con 57 países, 30 del continente y 20 de fuera de la región. Por último, la capacidad de China de respaldar una iniciativa de esta magnitud se explica por sus reservas internacionales, las cuales al término del primer trimestre del año se ubicaron en US$3.7 billones. Cerca de 77 de los 118 acuerdos comerciales o de libre comercio que China tiene suscritos son con países que están en la nueva ruta de la seda, según Chaoling Feng en Foreing Policy del Brookings Institute.



Fuente Cortesía VDA

Tres casos de lo que supone el proyecto se han dado a conocer recientemente. Por un lado, el acuerdo China-Paquistán que permite el desarrollo del corredor económico de 3.000 kilómetros desde China hasta el Mar de Arabia, cerca a la frontera con Irán y donde se invertirán cerca de US$16 mil millones en proyectos de carbón, generación de energía solar, eólica, e hidroeléctricas junto a otros US$11 mil millones de infraestructura de transporte y de puertos.

El segundo aspecto, lo define la relevancia para acceder por vía marítima al Medio Oriente y el Norte de África para China. El pasado mes China se convirtió en el mayor importador de petróleo del mundo, con casi 7,4 millones de barriles por día. Este nuevo cambio en el escalafón de países importadores obedece al crecimiento de la demanda china así como a la menor dependencia externa de Estados Unidos. Hasta hace poco casi la mitad del petróleo consumido por china provenía el medio oriente. Hay un creciente interés de China por la península arábiga al punto que allí está considerando desplegar una estrategia de inversiones conjuntas de telecomunicaciones, manufacturas, instalaciones en sectores de alta tecnología, servicios financieros y servicios de logística.

El tercer proyecto, involucra una estrecha y cercana relación con Rusia. En 2013 los países habían firmado un acuerdo de largo plazo para proveer petróleo a China. Allí se estableció la venta de casi 46 millones de toneladas de petróleo en un periodo de 25 años. El pasado viernes 8 de mayo, los dos países a través de sus presidentes acordaron el desarrollo de la unión económica euroasiática, con lo que buscan crear un espacio económico común y una zona de libre comercio. Acordaron a su vez desarrollar el tren de alta velocidad entre Moscú y Kazajistán con una inversión de casi US$21.500 millones, de los cuales China invertirá casi US$ 6 mil millones.
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