| 7/6/2017 2:47:00 PM

O marcho o me marcho: Venezuela

O marcho en las manifestaciones o me marcho del país. Crónica de Daniel Duquenal en Venezuela.

Antes de que empiece mi narración y comente mis experiencias, déjenme recordarles que esto no es nada comparado con lo que les sucede a quienes están en las primeras líneas de los enfrentamientos, o lo que le sucedió a los desafortunados que acabaron en los calabozos chavistas por luchar por la libertad.

No he estado marchando por cerca de tres semanas. Una gripa, mucho trabajo atendiendo a mi pareja enferma, muchos problemas en el horizonte del negocio.  De manera que estaba esperanzado ayer con participar en la marcha masiva, como una manera de volver a buenos hábitos. El objetivo de la convocatoria era mostrar la extensión de la protesta, después de dos meses y pico, mientras la OEA sostenía una reunión importante donde Venezuela era la principal preocupación. (NdR Hace tres semanas)

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Fui con mi hermano y todo iba bien hasta que trepamos al tope del intercambio “Cienpies”, la rampa que conecta con la autopista Prados del Este. Nunca había avanzado tanto en el intercambio; la vista valía la pena.

Lo que es notable, en adición a lo obvio, es que todas estas personas salen un día cualquiera.  Tal vez no las enormes multitudes de hace dos meses, pero siguen de clase mundial  como un testimonio de la voluntad de la gente.  Y hablando con algunos de ellos, es claro que si no pueden marchar tan frecuentemente como lo hacían antes, van con ánimos a cualquier nueva convocatoria. Y a enfrentar las consecuencias.

Las consecuencias aparecieron de inmediato. Primero, en la foto de abajo que tomé desde lejos, se ve el momento que empezó la represión: las pequeñas nubes de gases que están señaladas en la foto. Viendo esto le dije a mi hermano que era hora de irse, ya que nuestro ventajoso punto de vista, también era un objetivo importante. Él quería ir hacia Chacao, yo opiné lo contrario porque cualquier ataque traicionero de la Guardia “Nazional” vendría de ese lado. Como pasó más tarde en verdad. 

Primeros gases atrás a la derecha foto:

Entonces caminamos un rato en la dirección opuesta, y salimos al centro comercial CCCT. Después de todo lo que habíamos caminado, sentimos que ya habíamos hecho nuestra contribución, teniendo en cuenta nuestra edad y que vamos sin equipo de defensa para poder pararnos frente a la Guardia y sus motocicletas de asalto (con sus armas escondidas ilegalmente), lo que desemboca en horas de tiroteos por la Guardia “Nazional”, que se ven a nivel internacional.

La primera mala sorpresa es que el acceso a los vehículos estaba cerrado. Supongo que el CCCT se cansó de los motociclistas de la Guardia “Nazional”, entrando a los parqueaderos subterráneos para dispararle a la gente y tirar gases lacrimógenos. Afortunadamente todavía había dos entradas para peatones abiertas. Así que allá nos metimos. 

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Mientras almorzábamos un plato ligero, vimos cómo llegaban los marchantes en retirada, y los luchadores. Cuatro de ellos se sentaron junto a nosotros, uno de ellos disfrazado como un cátcher de béisbol y con una herida de perdigón bastante fea, pero, el muchacho no se inquietaba por ella y comió su almuerzo, antes de salir nuevamente a la calle a luchar. Pero incluso su almuerzo sería inestable: escuchamos un ruido ensordecedor adentro del ‘mall’.  Aparentemente algunos guardias trataron de entrar y todos los clientes que estaban almorzando se pararon al unísono, ya acostumbrados. Miraron, prestos a huir o a seguir hacia adelante como yo lo hice, siguiendo al guerrero herido.

Así fue nuestra historia. Sabíamos que estábamos rodeados y no quedaba nada más que observar detrás de las paredes de vidrio la batalla campal que se libraba en el parqueadero, incluso con palos de golf para devolver las granadas lacrimógenas. Como yo estaba contra el sol y porque solo tenía mi celular básico (roban tanto que el celular bueno ya no sale a marchar), no pude conseguir buenas fotos.

Pero tenía otro espectáculo en el pasillo con dos muchachos heridos. Uno con herida en la cabeza ya debidamente tratada. Pareciese que el público hoy en día hasta kits de emergencia trae. El otro estaba llorando, sentado en el piso con su rodilla toda amarrada de curas, rabioso por los comensales que no luchaban como él o porque le habían matado hace unos días a un sobrino. ¿Cómo le explico que no todos podemos estar al frente, que no todos sabemos o podemos luchar, que solo hacemos lo que podemos hacer?

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Para acortar el cuento tratamos de escapar dos veces del CCCT y dos veces los gases nos obligaron a refugiarnos de vuelta.  Al rato empezó a llover y aprovechando que la lluvia lava gases cruzamos a otro centro, el Cubo Negro. Pero eso no nos ayudó mucho. Pronto estábamos igual de atrapados, en un sitio ahora desolado. En la acera sin tener a donde ir, vimos una cuerda de unos 30 policías con parrilleros pasando, cualquiera pudiendo pararse para robarnos ya que estábamos solos como ahora suelen hacer.

Lo más impresionante es que estando solos en una zona de negocios normalmente muy transitada podía ver al norte las volutas de gases lacrimógenos lanzadas en Altamira; al oeste el CCCT siendo atacado de nuevo viendo una espesa nube surgiendo después de tres explosiones; al sur el eco de las explosiones en Las Mercedes. Y claro, al este la amenaza de mas policías o guardias apareciendo.

Logramos conseguir un grupo de 4 aventureros y nos unimos para poder llegar a Chuao donde encontramos manifestantes retirados y allende nuestro auto.

Habían pasado 6 horas.

En las tres semanas que no marché, hacerlo se ha vuelto lo normal, así como sufrir en los eventos. La gente ha cambiado. Se ha vuelto recia.

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