| 1/26/2014 4:00:00 PM

El pecado de la FIFA por retrasos en Brasil

Los organizadores han incumplido los plazos, ignorando los presupuestos originales y recortando proyectos de infraestructuras que hubieran dejado un legado del torneo.

A la FIFA le ha costado bastante disimular su exasperación ante los problemas de Brasil para organizar el Mundial de este año, pero el órgano rector del fútbol mundial no puede decir que no haya tenido advertencias.


Las señales de peligro ya estaban claras en 2007 cuando Río de Janeiro tuvo problemas para organizar los Juegos Panamericanos, una competición relativamente menor en términos deportivos mundiales.

El exceso de costos, una expansión del metro que nunca se materializó y constantes retrasos y problemas en la construcción de los estadios, muchos de los cuales se terminaron en el último minuto, deberían haber hecho sonar las alarmas en Zúrich.

Sin embargo, apenas tres meses después, Brasil, el único candidato bajo el sistema de la FIFA de rotación del torneo por continentes, se llevó la organización del Mundial 2014 casi sin oposición.

Las dudas sobre las dilapidadas infraestructuras de Brasil, los problemas sociales, el crimen y la violencia se dejaron de lado en medio de los elogios al país por sus conquistas dentro del campo de juego.

En los seis años y medio que han pasado desde entonces, con la organización del Mundial ha ocurrido casi lo mismo que con la preparación para los Panamericanos.

Sin poder hacer mucho, la FIFA ha visto cómo los organizadores han incumplido los plazos, ignorado los presupuestos originales y recortado proyectos de infraestructuras que hubieran dejado un legado del torneo.

En un ejemplo reciente, la FIFA advirtió en mayo de que los 12 estadios del Mundial deberían estar terminados para finales del año pasado y que no se tolerarían los retrasos. Sin embargo, cinco estados no cumplieron con el plazo y la FIFA no hizo nada.

Fondos públicos

El tiempo ha sido particularmente cruel con el informe de inspección en el que la FIFA basó la decisión de otorgar el torneo a Brasil.

"El modelo brasileño para el Mundial es darle prioridad a la financiación privada en la construcción y remodelación de los estadios a través de concesiones de largo plazo y eventualmente asociaciones público-privadas", dijeron en ese momento los inspectores de la FIFA.

"El objetivo es construir estadios modernos que sigan los requisitos de la FIFA, mientras que los fondos públicos serán destinados a infraestructuras básicas, en particular seguridad, aeropuertos, calles y hospitales", agregaron.

En cambio, los fondos públicos se han usado para construir los estadios, y mucha de las infraestructuras prometidas nunca se materializaron.

El transporte aéreo también ha sido un gran dolor de cabeza. Sin embargo, el informe de la FIFA dijo que no había motivos de preocupación.

Enfoque práctico

Cuando Sudáfrica organizó el Mundial hace cuatro años, la FIFA se implicó más en el proceso, presionando a los anfitriones cuando se demoraban las obras.

Brasil, sin embargo, ha podido organizarse como ha querido, de una manera que pocos imaginarían, especialmente teniendo en cuenta que la FIFA sobrevive en buena medida gracias a los recursos de los Mundiales y suele exigir que se dirijan con precisión suiza.

La FIFA quería solo entre ocho y 10 sedes para reducir los problemas logísticos, sin embargo accedió a que Brasil estableciese 12.

Los organizadores locales luego decidieron que las selecciones viajaran por el extenso país en vez de jugar los partidos de la fase de grupos en una única sede, aumentando los problemas logísticos.

La FIFA ha amenazado periódicamente y criticado a los anfitriones, para luego dar marcha atrás ante las predecibles reacciones de indignación desde Brasil, que se enorgullece de ser "el país del fútbol".

Sensible a acusaciones de que esté pisoteando la soberanía de Brasil, la FIFA ha actuado con cautela.
"La FIFA no tiene tanto control como le gustaría sobre Brasil 2014. Tal vez hubo una falta de comprensión sobre el 'jeitinho' brasileño", dijo Christopher Gaffney, investigador y profesor de la Universidad Federal Fluminense en Niteroi, cerca de Río de Janeiro, refiriéndose a la expresión usada para hablar de la manera local de hacer algo, basada en la improvisación.

"La FIFA tal vez no fue lo suficientemente explícita sobre lo que se necesitaba hacer y cuándo, pero tampoco han sido muy enérgica en intentar manipular la composición de los comités organizadores locales", agregó. 

Gaffney comentó que la FIFA parecía desorientada. "La complejidad de la estructura gubernamental brasileña aplicada para el torneo ha hecho que ni siquiera la FIFA tenga idea de dónde exigir respuestas", afirmó.

Frente a un escenario semejante, lo único que puede hacer la FIFA es cruzar los dedos y hablar de confianza mutua.

"No hay problemas", dijo el jueves el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, tras otra reunión para aflojar tensiones, esta vez con la presidenta brasileña, Dilma Rousseff. 

"Al final, todo estará listo, en todos lados en Brasil", agregó Blatter.

REUTERS
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