| 5/7/2012 7:15:00 AM

Los desafíos del triunfo de Hollande para la crisis del euro

La elección del socialista François Hollande como presidente no sólo marca un nuevo camino para Francia. También es un nuevo desafío para la Eurozona, cuya dirección hasta el domingo fue liderada por el binomio de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy.

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BBC
A pesar de algunas diferencias iniciales, la canciller alemana y el mandatario francés dirigieron los intentos por solucionar la crisis de la Eurozona y fueron los adalides del pacto fiscal acordado en diciembre, que busca imponer la disciplina en los presupuestos de los países miembro.

Pero desde que comenzó la campaña francesa, Hollande se presentó como un candidato alternativo y advirtió que quiere renegociar el pacto.

Así, mientras el enfoque de "Merkozy" –como se conoce a la pareja Merkel Sarkozy- estuvo basado en la responsabilidad fiscal y la austeridad, Hollande quiere reorientar a Europa hacia un camino de crecimiento y empleo, como reiteró el domingo en su discurso de victoria.

Y aunque no cuenta con el apoyo inmediato de Alemania, el presidente electo no está solo al enarbolar una bandera distinta a la de Merkel y Sarkozy.

En varios países de la región –como España o Grecia- hay creciente disgusto general con la política de austeridad que, en su opinión, no está liberando a la eurozona del yugo sino todo lo contrario: la está estrangulando.

Dos miradas encontradas

Los comicios en Francia, entonces, fueron mucho más que la elección de un presidente, algo que el mismo Hollande reconoció en su discurso del domingo: "Europa nos está mirando".

Eso se debe, en opinión de Katrin Sold, especialista de la Sociedad Alemana para la Política Exterior, a que los comicios simbolizan "una elección sobre la dirección de la Eurozona y la aplicación de la estrategia alemana de la política del ahorro".

No en vano Merkel –en un hecho calificado como "sin precedentes" en la prensa alemana- se volcó para apoyar a Sarkozy en la campaña. Darle la mano a su homólogo equivalía a respaldar buena parte de sus propias políticas europeas, algo que no cayó bien en algunos sectores políticos de Alemania.

Y tampoco es de extrañar que Sarkozy haya enfatizado una y otra vez las bondades del modelo de desarrollo alemán. Tanto, que el semanario Der Spiegel resaltó que Sarkozy mencionó a Alemania 15 veces en una misma entrevista en televisión.

Pero con la elección de Hollande no sólo llegó a su fin el dúo, sino que también se abren preguntas sobre el rumbo de la Eurozona.

Puerta entreabierta

En cambio, contrario a lo que se puede pensar superficialmente, Hollande no necesariamente va a encontrar cerrada la puerta de Merkel. Por el momento, más bien, parece estar entreabierta.

Aunque presenta ideas distintas a las que defiende su antecesor, Hollande trabajó de la mano de Jacques Delors, uno de los arquitectos de la Unión Europea, por lo que algunos creen que él entiende el continente incluso mejor que Sarkozy.

"La situación será mucho menos dramática de lo que uno puede esperar", le dijo a BBC Mundo Ulrike Guérot, la representante de Alemania en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

"Merkel ya está dando señales de que puede trabajar bien con Hollande", agrega.

Durante la campaña, a medida que aumentaban las probabilidades de que ganara, el equipo de Merkel realizó los primeros acercamientos con Hollande y, tras el triunfo, ella llamó a Holande para felicitarlo e invitarlo a Berlín.

Y él resaltó el domingo la "responsabilidad común" que une a los dos países y dijo que hablará de sus planes europeos primero con Alemania.

Merkel ya aclaró que no renegociará el pacto fiscal. Pero, como le dijo Sold a BBC Mundo, "sí se puede encontrar un compromiso sobre un posible complemento al pacto" en los temas de crecimiento que pregona Hollande.

Por ello es poco probable, según los expertos consultados, que haya un quiebre abrupto entre los dos mandatarios.

"El punto definitivo es que veremos mucha más continuidad que cambio", le dijo a BBC Mundo Tanja Börzel, directora del Centro para la Integración Europea en la Universidad Libre de Berlín.

"Francia necesita a Alemania tanto como Alemania necesita a Francia", añade.

Eso lo saben Merkel y Hollande, dos políticos que tienen fama de ser pragmáticos, una característica que podría resultar necesaria si se tiene en cuenta que en juego está la recuperación de la moneda de 17 países que, pese a sus problemas particulares, están profundamente interconectados. Además, el tiempo y los mercados apremian.

En otras palabras, todas las naciones de la Eurozona están en el mismo barco, así los capitanes visibles sean Alemania y Francia.

En esa misma línea señaló recientemente el ministro de Relaciones Exteriores de España, José Manuel García-Margallo: "esto es como el Titanic: si hay un hundimiento, se hunden hasta los pasajeros de primera clase".

Dos poderes

El término "Merkozy", utilizado por los medios europeos, es un síntoma de la cercanía actual de Alemania y Francia, pero las razones de fondo que van más allá. Como dice Etienne Fran ç ois, del centro francés en la Universidad Libre de Berlín, la complementariedad de intereses "es más importante que las personas".

Alemania es un país influyente en Europa central y del este, mientras Francia lo es en los países del sur del continente. Si se ponen de acuerdo, pueden representar un papel en buena parte de los estados de la Unión Europea.

Son las dos economías más grandes de la Eurozona, y uno de los pilares fundamentales del sistema europeo es la aparente paridad financiera entre ambos, que quedó en entredicho cuando Standard & Poor's rebajó la calificación AAA de Francia.

La calificación crediticia del fondo de rescate europeo (European Financial Stability Facility) depende de los países que lo garantizan (y Francia es uno de los más importantes).

Por tanto, como consecuencia, este también perdió su calificación AAA de la misma agencia. Cuanto más alta sea la calificación, más fácil y barato resulta pedir dinero prestado.


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