| 12/13/2015 12:05:00 AM

El milagro económico alemán tiene una cara cambiante

Durante décadas, la imagen de la familia alemana arquetípica en la imaginación popular fue la de un ahorrativo estoicismo. Es un estereotipo que fue activamente alentado por Angela Merkel, quien a menudo rindió homenaje a la proverbial schwäbische Hausfrau, el ama de casa suaba.

Puede que esto esté cambiando. El milagro económico alemán de posguerra –el Wirtschaftswunder–, impulsado en gran parte por el hecho de que el salario de los trabajadores no se mantenía a la altura del aumento de la productividad, está ahora experimentando un dramático cambio.

Como el desempleo en el país se encuentra en mínimos sin precedente y los salarios finalmente están subiendo, los analistas prevén que el motor de la mayor economía europea se desplazará de las exportaciones al gasto del consumidor.

Como dijo el miércoles Hans-Werner Sinn, presidente del instituto alemán Ifo: "El consumo privado seguirá siendo el pilar de la reactivación [en 2016] porque la perspectiva de ingresos de las familias continúa siendo buena sobre la base de un mercado laboral en plena mejoría".

Pero no todos están convencidos de que esto represente un cambio estructural respecto de las políticas mercantilistas del pasado reciente.

Regulación y reunificación

Aunque a Alemania en los últimos años se la consideró una economía poderosa, con un sólido crecimiento del PIB aun cuando la zona del euro enfrentaba dificultades para recuperarse de la crisis financiera, a fines de la década de 1990 y comienzos de la de 2000 al país solía llamárselo "el enfermo de Europa". El crecimiento promedió 1,2% entre 1998 y 2005, mientras el desempleo trepaba a dos dígitos.

En segundo plano se insinuaban cambios significativos. En Alemania Occidental, en la década de 1980, una combinación de sindicatos fuertes y una rigurosa reglamentación del mercado laboral contribuyó a mantener altos los acuerdos salariales negociados, aunque el desempleo rondaba el 8%. Eso de hecho hizo que la industria de Alemania Occidental se volviera menos competitiva conforme los costos laborales superaban el crecimiento de la productividad y las reglamentaciones mantenían a los potenciales trabajadores fuera de la oferta laboral.

Todo eso empezó a cambiar en los años 1990 con la caída de la Unión Soviética y la reunificación con Alemania Oriental.

Si bien esto condujo a un período de doloroso ajuste, también fue el comienzo de una recuperación de la competitividad que adquiriría impulso a lo largo de las dos décadas siguientes.

Un modelo cambiante

Como ocurre con la mayoría de las reformas estructurales, transcurrió un tiempo antes de que el impacto del nuevo modelo alemán se hiciera palpable. Solo después de la contracción del crédito y la crisis de la zona del euro que le siguió, las mejoras de la competitividad alemana, que se venían acumulando desde hacía una década, permitieron al país destacarse entre sus pares impulsado por las exportaciones.

Si bien el desempleo de la zona del euro supera el 10% en los ocho años transcurridos desde el comienzo de la crisis, el desempleo alemán cayó a 4,5%, muestran los datos del gobierno.

En consecuencia, los salarios reales están creciendo al ritmo más rápido en más de veinte años, y el banco central de Alemania ha informado un “vivaz” gasto de consumo, alentando esperanzas de que la mayor economía de Europa pueda convertirse en una importante fuente de demanda para los miembros más débiles de la zona euro.

Si el consumidor alemán puede seguir siendo un motor clave del crecimiento regional es algo que depende de que el aumento de la demanda de los consumidores lleve a las empresas a expandir la inversión. Este no es un desafío menor.

En los años posteriores a la crisis, las compañías alemanas siguieron incrementando sus ahorros netos a pesar del aumento de los costos salariales y el alza de los pagos de dividendos, lo que socavaba sus ganancias, recortando aún más las inversiones.

Si este comportamiento de aversión al riesgo se prolonga y el estado alemán persiste en su política de vivir dentro de sus posibilidades e incluso la profundiza, el incipiente auge consumidor y el sueño de un reequilibrio sustentable en la zona del euro podrían no sobrevivir al invierno boreal.

(Bloomberg)
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