| 5/29/2013 10:00:00 AM

Lo que se regala no se pide

Empresarios que en 2000 le regalaron al rey Juan Carlos un yate valorado en 21 millones de euros piden que les sea devuelto, después que el monarca renunciara a él en el actual contexto de crisis.

La Fundación de Turismo y Cultura de las Islas Baleares envió a principios de semana una carta a Patrimonio Nacional, la entidad pública española que gestiona los bienes del Estado utilizados por la Casa Real, pidiendo recuperar la lujosa embarcación.

El yate "Fortuna", de 41,5 metros de esloras, fue comprado gracias a una millonaria colecta de estos empresarios baleares, con el objetivo de garantizarse la presencia de la familia real en ese archipiélago mediterráneo como atractivo turístico. "La decisión de donar la embarcación era 'para el uso y disfrute del rey y de los miembros de la real familia', es decir, una donación modal o finalista", alegó la Fundación en su misiva.

Dado que esta finalidad ya no se cumplirá, "el Patronato de la Fundación (...) ha tomado, por unanimidad, el acuerdo de solicitar la devolución del yate", agregó.

El "Fortuna" se utilizaría así para "seguir desarrollando nuestras actividades de ámbito social y cultural y de promoción turística de las islas", declaró la presidenta de la fundación, Carmen Matutes, a la radio Onda Cero. "El rey ha tomado la decisión de pedir a Patrimonio Nacional que proceda a la desafectación del bien", había anunciado la Casa Real hace dos semanas.

Con una salud debilitada, el monarca utilizaba poco el yate, cuyo elevado coste de mantenimiento contrasta con las políticas de austeridad aplicadas por el gobierno español en su lucha contra el déficit.

Patrimonio Nacional, que según una portavoz está estudiando la petición de los empresarios baleares, debía ceder el buque al gobierno español para que decidiese si lo conserva o lo pone a la venta.

Juan Carlos I, de 75 años, vio su popularidad caer en picado en los últimos meses debido a varios escándalos, incluido un presunto caso de corrupción contra su yerno Iñaki Urdangarin.

En este contexto, la casa real española emprendió una ofensiva de comunicación destinada a mejorar la imagen de la monarquía, que por primera vez hizo públicas sus cuentas y ahora se dispone a entrar en una ley de transparencia que prepara el gobierno.


Afp/D.com
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