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| 6/26/2012 8:00:00 AM

La receta para salvar a la eurozona

Solventar la crisis de la eurozona podría ser fácil, el problema es que requeriría sacrificios políticos que no todos están dispuestos a aceptar. ¿Cuál es esa medicina difícil de tragar?

Europa "tiene una semana para salvar el euro". Las palabras del primer ministro italiano Mario Monti resuenan cada vez con más fuerza en los círculos del poder político y económico del viejo continente.

Especialmente cuando la Unión Europea se prepara para una nueva cumbre para tratar el tema de la crisis que tendrá lugar entre el miércoles y el jueves de esta semana.

Pero los preparativos de ese encuentro no detienen los acontecimientos: este martes se conoció el monto que Chipre necesitará para su rescate, el quinto de la eurozona, unos US$12.000 millones de dólares.

Un día antes, España formalizó la solicitud de ayuda financiera a Bruselas. Y la agencia de calificación Moody's rebajó la nota a 28 bancos españoles, que quedaron al nivel de bono basura.


Ante el deterioro de la situación, las voces que piden una acción urgente se multiplican.

El presidente francés François Hollande, pidió un "pacto de crecimiento", el exprimer ministro británico Tony Blair urgió por un "gran pacto", los mercados piden un "gran bazooka" y por su parte, en Alemania, se habla de federalismo.

Sin embargo, pese a la complejidad del contexto, la solución a la crisis de la eurozona es sorprendentemente sencilla. ¿Cómo?

Fácil. Tan sólo pregúntese cómo los mismos problemas se resolvieron en otras áreas de moneda única como Estados Unidos.

El problema real de Europa es que las soluciones distan de ser aceptables políticamente.


Así que esto es lo que la eurozona necesitaría hacer, si quiere salir del agujero en el que se encuentra:

Unión Bancaria

Todos los préstamos basura de los bancos de la eurozona necesitan ser limpiados con la inyección de capital que absorva las pérdidas de los bancos, con las consiguientes pérdidas para la eurozona en su totalidad (porque muchos gobiernos nacionales probablemente no podrán permitírselo). En el caso de los bancos españoles, el rescate recae en el gobierno, que responde de todas las pérdidas.

Los depósitos de todos los bancos de la eurozona necesitan ser garantizados en euros en la totalidad de la unión, para así terminar con el pánico de inversores que tratan de mover sus capitales del sur de Europa (para evitar el riesgo de que se cambie la moneda) a Alemania y cada vez más a Suiza y Dinamarca.

Todos los bancos europeos necesitan regirse por un régimen de regulaciones y supervisión comunes. Los bancos con problemas deben tener igual acceso a los fondos de rescate y deben ser disueltos por una misma autoridad cuando vayan a la quiebra.

El punto más conflictivo es el de los eurobonos. Una gran cantidad de la deuda de la eurozona debe ser amalgamada, con gobiernos que apoyen las finanzas de los otros, para así reforzar el compromiso de los gobiernos que están en el euro.

El centro de estudios Bruegel presentó una propuesta para igualar las deudas en un bloque que supondría el 60% del PIB de la eurozona, lo que generaría fuertes incentivos para que los gobiernos sean prudentes en el futuro.

Una versión más ligera propuesta en Alemania englobaría las deudas en exceso del 60% del PIB como medida temporal para facilitar el préstamo de dinero a los gobiernos del sur.

Un presupuesto federal al estilo estadounidense podría ser necesario para cubrir los costos de la recesión, para que los gobiernos no arriesguen entrar en bancarrota cuando sus economías tengan problemas. Por ejemplo, el costo de un nivel mínimo de seguridad social (en especial las ayudas al desempleo) podría compartirse en toda la eurozona, pagándose de un impuesto común.

Unión Fiscal


El BCE tendría que replantear sus objetivos para combatir el desempleo y al mismo tiempo defender la estabilidad de precios, tal y como hace la Reserva Federal de Estados Unidos y como propuso el presidente francés.

La eurozona podría tener que pagar inversiones en infraestructura a gran escala, especialmente en el sur de Europa, tal y como Alemania occidental invirtió en Alemania oriental tras la reunificación de 1990. Las propuestas sobre la mesa incluyen el aumento de la capacidad de préstamo del Banco Europeo de Inversión y crear un "proyecto de bonos" común para financiar construcciones.

Todos los europeos, especialmente los del sur, tendrán que implementar reformas estructurales que aumentarían el crecimiento a largo plazo y fortalecerían las finanzas nacionales, incluyendo el eliminar restricciones de competencia en el mercado, aumentar la edad de jubilación, despedir a funcionarios y facilitar la contratación y despido de trabajadores.

Equilibrio

El Banco Central Europeo y el gobierno alemán tendrán que estimular la inflación en Alemania durante varios años para así eliminar la actual ventaja financiera del país sobre los países del sur de Europa, algo que ya está empezando a suceder.

Del mismo modo que Washington ayudó a estados con problemas de Estados Unidos, los gobiernos del sur de Europa necesitarán que el resto de la eurozona les dé dinero (dar no prestar) a través de transferencias fiscales directas, para que así puedan afrontar la recomposición de sus economías hasta que recuperen competitividad. Estas transferencias podrían terminar tomando forma de rescates que nunca serán pagados.

Las reformas estructurales, particularmente las reformas del mercado laboral, también juegan un papel crucial a la hora de equilibrar y asegurar que los salarios en el sur de Europa no aumentan tan rápidamente, tal como hicieron en la pasada década.

Unión política


Para que una unión bancaria, fiscal y monetaria funcione, los gobiernos de la eurozona necesitarán delegar poder a una autoridad central (la Comisión Europea) que pueda pagar y supervisar todo lo explicado aquí arriba. Por su parte los gobiernos deberán aceptar que en un futuro deberán mantener su gasto limitado a sus posibilidades.

Como muchas de estas reformas requieren que Alemania comparta su riqueza con el resto de Europa (y que todas las naciones europeas entreguen poder a Bruselas), Berlín insiste en el principio de "no hay impuestos sin representación", en otras palabras, un giro hacia el completo federalismo, con el gasto y las regulaciones controladas directamente por la presidencia electa de la Comisión Europea.
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