| 10/1/1994 12:00:00 AM

La nueva ola

Latinoamérica continúa siendo uno de los mercados preferidos por los fondos extranjeros. Colombia y Chile se destacan.

A primera vista el cese a fuego decretado en Belfast por el IRA, las negociaciones de paz entre Israel y la OLP los acuerdos entre Afrikaners y la mayoría negra en Sudáfrica y la tremenda afluencia de capitales hacia América Latina no tienen relación aparente alguna. Los une, sin embargo, aquello que probablemente habrá de marcar el paso entre el sigla XX y el XXI.

La caída del Muro de Berlín y el consecuente colapso de la Unión Soviética, la insurgencia de las nuevas economías del sudeste asiático y la incuestionable hegemonía de los Estados Unidos y el capitalismo que éste representa, han abierto una nueva era en las relaciones internacionales y los mercados mundiales. El fin de los conflictos, los primeros pasos para regularizar economías otrora proteccionistas y deficitarias, y la internacionalización de capitales han dado paso a su vez a la demanda de recursos financieros, cuyo medio favorito en esta parte de los noventa son los mercados de capitales de naciones consideradas, en este campo, como "emergentes".

Latinoamérica no ha sido una excepción a esta corriente. Desde 1990 los mercados emergentes de esta parte de las Américas han estado entre los favoritos de los inversionistas internacionales. La ola de los mercados emergentes, término que hace referencia a países que experimentan o tienen el potencial de desarrollar crecimiento económico pero que aún mantienen algún tipo de riesgo político y/o económico y cuyas bolsas de valores ofrecen potencial financiero, se inició con la apertura de los mercados de valores en el sudeste asiático y Japón hacia mediados de los ochenta. El proceso llegó hasta América Latina con furor, luego de que un agresivo proceso de inversión hacia Europa del Este, prevista inicialmente como el área ideal de inversión después de la caída de] Muro, fracasara rotundamente por la falta de infraestructura, leyes y personal calificado en los ex países de la Cortina de Hierro, incluida la propia Unión Soviética. Los mercados emergentes más populares en el mundo son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Corea del Sur, Filipinas, Grecia, Indonesia, Malasia, México, Pakistán, Perú, Portugal, Tailandia, Taiwan, Turquía y Venezuela. Otros mercados emergentes incluyen a Hungría, Botswana, China, Ghana, India, Israel, Jordania, Kenya, Mauritania, Nigeria, Papúa (Nueva Guinea), Polonia, Rusia, Sudáfrica y Zimbabwe. Los mercados latinoamericanos representan un 30% del total de inversiones en mercados emergentes.

Los inversionistas europeos y norteamericanos, ahuyentados en Latinoamérica por una serie de gobiernos nacionalistas y asustados por la crisis de la deuda de 1982, voltearon los ojos hacia la región luego de los logros económicos obtenidos por Chile hacia 1985 y México hacia 1988.

El paso inicial y pieza clave de la recuperación de las economías chilena y mexicana fue la privatización que, junto a procesos de liberalización, redujo déficits fiscales y atrajo capitales extranjeros que se hicieron cargo de empresa; deficitarias y reanimaron bolsas de valores que no eran más que clubes de empresarios. Después de las primeras inversiones locales, en acciones comunes, se empezó a desarrollar uno de los mercados globales más grandes existentes: el de los American Depository Receipts (ADRs) en los Estados Unidos o Global Depository Receipts (GDRs) en Europa. Los ADRs representar 96% del mercado y los GDRs el restante 4%.

El boom de las bolsas vio sus mejores años entre 1990 y 1993, período en el que algunas de ellas tuvieron retornos globales superiores al 300% en términos reales. Sin embargo, 1994 ha sido un año incierto. Procesos electorales en casi todos los países de la región, con la consiguiente inestabilidad política que ha dado la impresión de amenazar la aparente estabilidad económica, y el errático aunque sostenido rumbo de las tasas de interés en los Estados Unidos, han hecho de 1994 un año de volatilidades inesperadas.

La bienvenida que le dieron al año los rebeldes de Chiapas en México y el posterior asesinato de Donaldo Colosio, aunado a las previsiones antiinflacionarias de la Reserva Federal norteamericana ocasionaron una corrida de inversionistas que hicieron de un aparente bull (mercado comprador) un obvio bear (mercado vendedor). Asumiendo la teoría de que los "mercados emergentes" de Latinoamérica se habían con-` vertido en "mercados subemergentes", el golondrino dinero empezó a retornar a una aún escasa aunque firme y segura tasa de interés estadounidense del 7%, aunque las bolsas latinoamericanas rindieron el 38% en 1993.

Lo que había generado un renovado boom, el aumento de los fondos mutuos para mercados emergentes en Estados Unidos, de 22 en 1993 a 40 en lo que va de 1994, y cuyo capital ha pasado de US$22.000 millones a principios de 1993 a US$100.000 millones hacia mediados de este año, se convirtió en la pesadilla latinomericana: a mayor diversificación de inversionistas, es decir a mayor número de advenedizos comprando stocks, mayor volumen de inversión, pero, también, mayor volatilidad.

De cualquier modo, los mercados de América Latina siguen a la cabeza de sus contendores en Europa y Asia con un retorno compuesto aproximado de 19% en términos reales, en lo corrido del año hasta agosto, comparado con un 1% del compuesto asiático y un 10% negativo del compuesto europeo. He aquí un resumen de los acontecimientos más importantes en los mercados de la región en lo que va de este annus horribilis de 1994.



ARGENTINA



La Bolsa de Valores de Buenos Aires, una de las "tres grandes" de América Latina que incluyen a las de Brasil y México, con una capitalización de mercado cercana a los US$44,000 millones (18% del PIB) ha experimentado un ligero crecimiento de 4% en dólares (4% en pesos) entre el primer día y el 31 de agosto de este año.

La Bolsa de Buenos Aires, que tuvo el récord histórico de crecimiento en la región con 360% en 1991, sufrió declives severos en el primer trimestre del año y parte del segundo de los que le ha resultado difícil recuperarse. La naturaleza especulativa del mercado, dada la amplia libertad para invertir y la flexibilidad para repatriación de principal y utilidades, y su ligazón con los mercados norteamericanos, así como a los de Brasil y México, fueron los causantes de la caída, antes que condiciones macroeconómicas o políticas.

Argentina debe ver un robusto crecimiento de 7% en 1994 con una inflación de solamente 4% y el presidente Menem es aún el favorito para las elecciones de 1995. No todo es, sin embargo, positivo. Las consecuencias del plan de ajuste de 1991, el "Plan Cavallo", se expresan en niveles del desempleo del 11% y una balanza comercial negativa de aproximadamente US$3.000 millones en junio de este año. Las recientes huelgas en Buenos Aires, que reunieron a 60.000 trabajadores en la Plaza de Mayo, las protestas de las provincias por escasos presupuestos y el aparente proceso de agotamiento de la "convertibilidad" (1 peso = 1 dólar) jugaron su parte al sembrar desconfianza entre los inversionistas.



BRASIL



La Bolsa de Sao Paulo, la segunda más grande después de la de México con una capitalización de mercado de US$99.000 millones (23% del PIB), es considerada la más volátil del mundo. Con ganancias de 87% en dólares hacia fines de agosto (132% en reales), Sao Paulo ha visto declives de hasta 52% en el primer trimestre de este año. De cualquier modo,, Brasil promete ser el ganador en 1994 luego de haber cerrado en 1993 con pérdidas de 2% en dólares.

El mercado paulista ha fluctuado durante este año al son de dos vaivenes: la aplicación del Plan Real, implantado desde el primero de julio para controlar la hiperinflación que plaga el país desde 1990, y las elecciones presidenciales de octubre. Diferentes expectativas en ambos campos, primero la apuesta de un fracaso del Real y el triunfo de "Lula" en las elecciones que generaron un mercado explosivamente vendedor, y últimamente la confianza del éxito del Real y la derrota de Lula a manos de Fernando Henrique Cardoso que han generado un mercado rabiosamente comprador, han ocasionado caídas y repuntes de hasta 10% al día que no inmutan a los brasileños y ahuyentan a los advenedizos. Bien dicen los inversionistas conocedores del Brasil: para invertir en Sao Paulo hay que tener estómago, el mercado es como una montaña rusa. Una economía que crece 5% con una inflación de 2.000%, como fue el caso brasileño en 1993, tiene que tener algo de samba, que, como es sabido, sólo bailan los brasileños.



COLOMBIA



El más nuevo de los emergentes latinoamericanos, con una capitalización de mercado de US$9.000 millones de dólares (20% del PIB), ha experimentado un crecimiento de 31% en dólares (34% en pesos) en los primeros ocho meses de 1994. Consideradas por los inversionistas extranjeros entre las "joyas" de la región, por su estabilidad en términos de utilidad por acción, las acciones de las bolsas de Bogotá y Medellín son apreciadas a su vez como tales: caras y escasas.

Los elementos que afectan a las bolsas colombianas no han sido, como en otros países de la región, fundamentalmente condiciones políticas o económicas que los inversionistas ya descuentan como positivas -de hecho las elecciones presidenciales perturbaron muy poco los índices de Bogotá y/o Medellín-, sino la ausencia de liquidez. El mercado colombiano cuenta con condiciones muy particulares con la mayor parte de las acciones en manos de grupos cuya mentalidad corporativa ha incidido en el enfoque financiero antes que en la transacción pública. Las esperanzas de los inversionistas institucionales, que en su mayoría desearían aumentar el peso relativo de mercados como los colombianos en sus portafolios, están centradas en dos nuevas iniciativas legales prometidas por el gobierno del presidente Gaviria y hoy mantenidas por el del presidente Samper: la implementación de la consolidación de estados financieros y la aplicación de normas de full disclosure para empresas públicas.

A pesar de su mayor ligazón con condiciones domésticas, la reciente corrección en los mercados colombianos tuvo mucho que ver con el aumento de los intereses en papeles de renta fija en el país. Colombia ha sido afectada también por los vaivenes de la Reserva Federal norteamericana.



CHILE



La Bolsa de Valores de Santiago es la más estable de América Latina, entre otras cosas porque cuenta con una capitalización de mercado que, aunque relativamente pequeña en sus US$45.000 millones, es, relativamente hablando, la más extendida del continente (113% del PIB). Con un crecimiento en dólares de 26% (23% en pesos) hasta agosto, Santiago espera ver renovado interés entre los inversionistas extranjeros, con la reducción de restricciones para la repatriación de capitales extranjeros, que son las más severas en Latinoamérica, y una serie de nuevos ADRs chilenos en el mercado norteamericano.

El mercado chileno, que es el más desarrollado en la región dado el extendido uso de fondos de pensiones que suman US$13.000 millones en ahorros, descuenta, como el caso de Colombia, variables económicas y políticas, pero está ligado, como en el caso argentino, a los movimientos de los mercados norteamericanos que tienden a afectarlo correlativamente. Si Chile firma una extensión para participar en NAFTA, tal relación podría profundizarse.



MÉXICO



El primero entre los emergentes latinoamericanos, con la capitalización de mercado más grande de la región en US$201.000 millones (60% del PIB), no ha visto en lo que va de 1994 un año positivo, con un declive de 5% en dólares (una ganancia de 4% en pesos) hacia fines de agosto.

El año negativo para México es el que ha afectado a toda la región con respecto a la impresión que aún prima, en una persistentemente distorsionada manera, de que todos los territorios al sur del Río Grande son más o menos la misma cosa. Baje esa premisa los problemas ya mencionados eclipsaron la dramática aprobación del NAFTA hacia fines de 1993 y causaron una caída del mercado de hasta 34% en dólares hacia julio. El triunfo del candidato del PRI, Ernesto Zedillo, en las elecciones presidenciales de agosto, ha revitalizado, sin embargo, al mercado mexicano, que probablemente habrá de terminar el año con un ligero pero respetable crecimiento, debido fundamentalmente al aumento en inversiones y exportaciones como consecuencia del NAFTA.



PERÚ



L a nueva vedette de los emergentes latinoamericanos, con la menor capitalización de mercado en la región de US$45.000 millones (12% del PIB), ha crecido 21% en dólares (26% en nuevos soles) hasta agosto. Hasta hace poco un paria entre los mercados financieros mundiales, el país del "chinito" Fujimori ha demostrado una capacidad impresionante de recuperación con un crecimiento de 7% en 1993 y uno estimado de 9% en 1994, comparado a sucesivos años de declive. Más impresionante aún ha sido el declive en los niveles de inflación, de 7.458% en 1990 a menos de 20% en las proyecciones para 1994.

Tal performance económica y la popularidad mantenida por Fujimori, han contribuido a mantener la demanda de acciones peruanas en la Bolsa de Valores de Lima, que alcanzó el récord de crecimiento en 1993 con 90% en ganancias en dólares. Niveles récord en la primera mitad del año, que prometían otro aluvión de ganancias insospechadas en la Bolsa de Lima fueron, sin embargo, corregidos por las mismas razones de las otras bolsas latinoamericanas: la ausencia de inversionistas extranjeros. Las elecciones presidenciales de abril del próximo año, en las que se enfrentarán el presidente Fujimori y el ex secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, no debería afectar seriamente al mercado dado que ambos candidatos favorecen tendencias económicas liberales.



VENEZUELA



Otrora Blancanieves, la Bolsa de Valores de Caracas es actualmente la cenicienta de los mercados latinoamericanos. Habiendo visto reducida su capitalización de mercado dramáticamente de casi US$50.000 millones en 1990 a US$8.000 (16% del PIB) en agosto, la bolsa caraqueña ha experimentado, luego de dos años consecutivos de pérdidas, una caída de 48% en dólares (16% en bolívares) en los primeros ocho meses del año. Los responsables de la debacle venezolana son, obviamente, los propios venezolanos que no han podido obtener stabilidad política ni económica desde el "caracazo" de 1989 y los intentos de golpe de 1992. Y como suele suceder en los casos de desastre colectivo, a los palos de la crisis generada por el gobierno de Carlos Andrés Pérez le han seguido las piedras del extremismo populista del presidente Caldera, que ha dejado al país y a los inversionistas extranjeros sin dólares desde fines de junio.

Las perspectivas económicas venezolanas -déficit fiscal de 17%, crecimiento negativo de 3% e inflación de 85% en 1994-, aunadas al colapso del sistema financiero y la total devaluación del bolívar contribuirán a mantener un mercado vendedor cuyos volúmenes han demostrado ser raquíticos desde que los fondos extranjeros tuvieron que contemplar cómo los precios caían lenta pero seguramente. Los volúmenes diarios de la moderna Bolsa de Caracas no han pasado del millón de dólares desde junio, cuando solían llegar a un promedio de US$20 millones en años anteriores.



A MANERA DE EPÍLOGO



Con la excepción de Chile, y en cierta medida Colombia, la volatilidad de las bolsas latinoamericanas tenderá a acompañar a los países de la región hasta que éstos no alcancen cierta estabilidad política y económica que, siendo sólida y duradera, garantice de alguna manera la permanencia de tendencias centristas y no la imprevisible fluctuación de movimientos pendulares que vayan de derecha a izquierda sembrando toda clase de incertidumbres. El éxito del futuro económico latinoamericano, y el bienestar de sus habitantes, dependen del paso de la estabilización económica a la reestructuración del Estado y a la etapa de producción, la que a su vez depende en buena medida del desarrollo de los mercados de capitales, para que los recientes booms en los mercados de valores no se desvanezcan como espuma, sino que de ola pasen a marea y de marea a corriente.
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