| 2/26/1999 12:00:00 AM

La mejor esperanza para Brasil

Brasil sólo tiene dos opciones: o una caja de convertibilidad como la de Argentina o la libre flotación de su moneda, pero esto último no es políticamente viable.

La mejor solución para la crisis económica de Brasil es un plan de convertibilidad como el sistema de intermediación cambiaria y financiera de Argentina, que no hace distinción entre el dólar y la moneda doméstica. La gente podría comprar y vender, ahorrar e invertir con cualquiera de las dos monedas. Brasil podría implementar una caja de convertibilidad para el real y comenzar a operar un sistema financiero bimonetario en sólo unos pocos días. Sería muy fácil hacer el cambio.



Una vez que la moneda fuera convertible, el presupuesto podría equilibrarse ya que las leyes de ajuste fiscal ya aprobadas por el Congreso definen el objetivo de un superávit primario del 2,5% del PIB. Con convertibilidad, el costo de la deuda pública caería de más de 8% del PIB a alrededor del 4%. Este corte en el gasto se podría lograr mediante un cambio en el financiamiento del sector público de reales (ahora a una tasa de interés del 40% anual) a dólares (de 10% a 12%). Con este drástico recorte, el déficit fiscal total descendería a un nivel manejable de 1,5% del PIB y podría caer más aún después de un plan masivo de privatizaciones. Además, la experiencia de Argentina, y asimismo de Brasil con el Plan Real, demuestra que la reducción de expectativas inflacionarias y la estabilización de la moneda llevan de inmediato a la recuperación de la actividad económica y de la recaudación impositiva.



Como expliqué en mi columna anterior, la única alternativa viable a una caja de convertibilidad para terminar con la actual crisis brasileña es un sistema de flotación totalmente libre, con un aumento de la oferta monetaria entre 10 y 15%. Pero, lamentablemente, no es políticamente posible. Cada vez que subieran las tasas de interés, los inversores privados en Brasil se asustarían por el empeoramiento de la situación fiscal y los políticos comenzarían a presionar al Banco Central para aflojar la política monetaria. En cuanto el Banco Central cediera, el real se depreciaría, con lo cual el riesgo de inflación aumentaría. En síntesis, este sistema sería un fracaso ya que todos sabrían que un sistema de flotación limpio, junto con una política monetaria estricta, no gozaría de ninguna credibilidad en Brasil.



De hecho, Brasil está mejor posicionado hoy para beneficiarse de un plan de convertibilidad que Argentina en 1991, cuando lanzó su propio plan. Brasil tiene las suficientes reservas para respaldar toda su base monetaria a un tipo de cambio de alrededor de 1,5 reales por dólar (la tasa de cambio estable a 1,75 el 2 de febrero). Su sistema financiero es solvente y más desarrollado que el de Argentina a comienzos de 1991. El uso generalizado de información y nuevas tecnologías por parte de los bancos podría facilitar el uso inmediato de ambas monedas. Otra ventaja de Brasil frente a Argentina en el 91 es la importante cantidad de ahorros en el sistema bancario. La convertibilidad prevendría que estos ahorros huyeran del país. Brasil debería evitar el error cometido por Argentina en 1990 cuando reestructuró forzosamente la deuda pública doméstica. Eso destruiría su riqueza financiera. (Si el plan de convertibilidad se hubiese aplicado en Argentina un año antes, los ahorradores argentinos no habrían sufrido tanto en 1990). Bajo la convertibilidad, Brasil podría conservar esos activos permitiéndoles una dolarización voluntaria.



Análogamente, los costos sociales en términos de alto desempleo y cierres de empresas ocurriría sólo si hay más demoras en adoptar una solución tan simple y clara. El actual sistema de flotación sucia del real es un camino rápido a la estanflación en Brasil y traerá severas consecuencias para la economía global.



La convertibilidad también brindaría un posible camino de salida a la camisa de fuerza de la convertibilidad misma, tan criticada por sus detractores. Unos pocos meses después de la implementación de la convertibilidad en Brasil, Argentina y Brasil podrían acordar una unión monetaria con una moneda común convertible fijada al dólar y con ambos países manteniendo sus sistemas de intermediación financiera bimonetaria. Si Brasil pudiera aumentar su productividad anual un 4% por 5 a 10 años (como ocurrió en Argentina desde el lanzamiento de su plan de estabilidad), la moneda común tendería a apreciarse contra el dólar. Cuando eso ocurra, la moneda común del Mercosur podría comenzar a flotar y se podría conducir una política monetaria soberana por medio de un banco central, como lo hace hoy el afamado Banco Central Europeo, tan en boga.



Brasil quizás se resista a una caja de convertibilidad por un tiempo. Pero dados los altos costos del camino elegido hasta ahora y las enormes ventajas de escoger un esquema como el que he propuesto, creo que hay más de un 50% de probabilidad de que finalmente se implemente y que Brasil se recupere de la crisis en unos pocos meses.
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