| 5/1/1994 12:00:00 AM

La historia no narrada de Pedro Tinoco

Pedro Tinoco fue el artífice del inmenso ,poderío del Banco Latino. Durante años formó un triunvirato inderrotable con Carlos Andrés Pérez y Gustavo Cisneros.

Gustavo Gómez López, el presidente del Banco Latino durante los últimos 14 meses antes del colapso de enero, se ha convertido en el blanco de una continua campaña describe a Gómez López como el principal arquitecto de las irregularidades y malos manejos que causaron el colapso del banco, en lo de los medios, dirigida por la Organización Diego Cisneros (ODC), el gran imperio encabezado por los hermanos Gustavo y Ricardo Cisneros. En los medios noticiosos en Venezuela, así como en muchas publicaciones internacionales, se que parece ser una estrategia deliberada para distraer la atención pública de otros individuos que jugaron papeles prominentes en la catástrofe financiera.

Gómez López ciertamente jugó un papel activo en la desaparición del Banco Latino. Trabajó en el banco 18 años, se casó con la hija de uno de sus principales accionistas y, de 1989 a 1993, fue una figura central en el torbellino que convirtió al Banco Latino en el segundo grupo financiero más grande de Venezuela. Sin embargo, las historias de los medios, que afirman que la responsabilidad de Gómez López es mayor que la de cualquier otro, simplemente no son ciertas.

El 8 de abril, Gómez López finalmente atacó a quien le había dado el sustento durante años. Muy apropiadamente, escogió como vehículo a "El Mundo", un diario de Caracas con una larga historia de periodismo de intrigas políticas. En una carta al editor de "El Mundo", Miguel Ángel Capriles, Gómez asestó cargos sensacionalistas contra el difunto Pedro Tinoco, así como contra Gustavo Cisneros, presidente y director ejecutivo de la Organización Diego Cisneros (ODC). Sin embargo, Gómez López contó sólo parte de la historia del' Banco Latino, entidad cuyo crecimiento y colapso estuvieron muy paralelos al ascenso y a la caída, de Carlos Andrés Pérez. Esta es la historia no narrada sobre Pedro Tinoco, Gustavo Cisneros y el Banco Latino.

Durante aproximadamente veinte años, entre 1973 y 1993, Pedro Tinoco fue el poder y la visión detrás del Banco Latino. En una sociedad de cómplices, donde la intriga política y la corrupción han sido toleradas por mucho tiempo por la mayoría de los venezolanos, Tinoco fue indiscutiblemente el gran maestro de las alianzas se cretas, las cuales penetraron todos los principales sectores del país, uniendo al establecimiento político, al sistema financiero, las ramas legislativa y judicial del gobierno, las industrias privadas y de propiedad del Estado, las fuerzas armadas, las autoridades policiales, los medios noticiosos y hasta la Presidencia de la República, en una enorme telaraña de complicidades superpuestas, que generaron inmensas fortunas para Tinoco, Cisneros y sus asociados.

En una nación rentista del petróleo, que algunos analistas han descrito como una rueda en la que todos los sectores giraban alrededor de un Estado altamente centralizado, Tinoco era el eje, recompensando a sus amigos, destruyendo a sus enemigos y, en general, manipulando la economía de Venezuela y sus instituciones políticas en beneficio de sus enormes ambiciones personales. Tinoco era un individuo notable, sumamente inteligente, despiadado y movido a lo largo de su vida por el estigma de la ilegitimidad.

En una sociedad hispana en la que los dos apellidos son pruebas de legitimidad, Tinoco, con orgullo y desafío se designaba sólo como "Pedro Tinoco, hijo", omitiendo el apellido de su madre, en un acto de rechazo que se prolongó toda su vida, en contra de la mujer que lo dio a luz en los primeros años de este siglo siendo soltera, cuando los hijos ilegítimos eran rechazados socialmente, a pesar de los abolengos de su progenitores.

Su padre, Pedro Rafael Tinoco Smith, fue abogado de la Standard Oil en Venezuela durante los años veinte y treinta, ministro del Interior del brutal dictador Juan Vicente Gómez de 1931 a 1935, y el segundo esposo de Josefina Revenga Sosa, la viuda del hijo de Gómez y miembro de las más altas esferas de la sociedad caraqueña, en la que el puro linaje y el dinero fruto de viejas propiedades han sido guardados celosamente desde la fundación de Caracas en el siglo XVI.

La madre de Tinoco era una humilde operadora de telégrafo de Maracay, que sufrió el dolor de que le arrancaran a sus hijos cuando el dictador Gómez ordenó a Tinoco Smith que se casara con la viuda de su hijo. Pedro Tinoco, hijo, adoraba a su padre y nunca le perdonó a su madre el amor que lo trajo a este mundo.

Durante décadas, Pedro Tinoco hijo fue el hombre clave en Venezuela para los Rockefeller de la Standard Oil y del Chase Manhattan. A principios de los años setenta, fue persuadido de que ingresara al Banco Latino, en ese entonces un pequeño banco de propiedad de inversionistas italianos y venezolanos llamado Banco Sudameris. En ese entonces, Tinoco era el genio financiero del Banco Mercantil, de propiedad del Grupo Vollmer y del Chase Manhattan, entre otros inversionistas. La ambición de Tinoco era llegar a ser presidente del Banco Mercantil, pero fue vetado por Gustavo Vollmer. Cuando Siro Febres Cordero le ofreció a Tinoco la presidencia del Banco Sudameris, Tinoco aceptó con la condición de que Febres Cordero apoyara todas sus decisiones en la junta directiva, durante un período no inferior a cinco años. Febres Cordero presentó la garantía por escrito y además se hizo accionista.

El Banco Latino se creó poco tiempo después, cuando los accionistas venezolanos compraron a los italianos. Fue también durante este

período que Tinoco vinculó su fortuna económica a la fortuna política de Carlos Andrés Pérez, quien fue elegido presidente de Venezuela por primera vez en 1973. Pérez y Tinoco se conocían desde principios de los años sesenta, cuando, como ministro del gobierno de Betancourt, el futuro presidente libró una sangrienta batalla contra la guerrilla.

En 1968, Tinoco hizo una campaña desafortunada para la Presidencia de Venezuela y fue fuertemente derrotado por Rafael Caldera. Desde entonces, Tinoco nunca volvió a participar activamente en política y adoptó más bien el papel de eminencia gris detrás de Pérez, mientras que al otro lado de Pérez estaba Gustavo Cisneros de la ODC, en ese entonces un pequeño grupo cuya principal propiedad era Venevisión (Canal 4), uno de los dos canales privados de televisión de Venezuela. Con la ayuda de Tinoco, de Venevisión y de su asesor de imagen, Diego Arria, Pérez libró una exitosa campaña en los medios que lo lanzó a la Presidencia de Venezuela con la consigna "Ese hombre sí camina". En una de esas jugadas fortuitas del destino, el primer gobierno de Pérez tuvo la buena suerte del conflicto árabe - israelí, que causó el embargo del petróleo árabe. Se cuadruplicaron los precios del petróleo y empezó la época conocida como "Venezuela Saudita". La fiesta se prolongó por 20 años, generando inmensas fortunas para Tinoco, Cisneros y Pérez, entre muchos otros.

También fue a comienzos de los setenta cuando Tinoco sirvió como agente en la venta de la cadena de supermercados CADA, y de otros bienes de propiedad de los Rockefeller en Venezuela, a la Organización Diego Cisneros, lo que proporcionó a los hermanos Gustavo y Ricardo Cisneros el flujo de caja con el cual construyeron toda su fortuna, calculada ahora en más de US$2.000 millones. La alianza Tinoco - Cisneros habría de durar hasta la muerte de Tinoco a principios de 1993.

Tinoco, Cisneros y Pérez se convirtieron en un triunvirato todopoderoso en el cual Tinoco era el primero entre iguales, el puente entre la Venezuela económica y la política, la mente visionaria que siempre estaba a años luz de sus contemporáneos. "Cuando los otros estaban mirando hacia el futuro y viendo sólo el horizonte", comentó un miembro de la familia Febres Cordero a este columnista, "Pedro Tinoco ya había ido más allá del horizonte y había recorrido medio mundo".

Durante los años ochenta, entre la primera y la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, Tinoco fue el arquitecto que transformó a Pérez de un pomposo orador de consignas populistas, que defendía esquemas sin esperanza como el Nuevo Orden Económico, a un defensor del mercado libre, que trató de reformar y liberalizar la economía venezolana a partir de 1989. Pérez nunca creyó firmemente en el mercado libre, pero era un político pragmático, con una habilidad exquisita para escoger el momento oportuno, que sabía cuándo era el momento de cambiar de sombrero.

Bajo la tutela de Tinoco, Pérez aprendió el lenguaje de los mercados libres y de la reforma económica. Durante la década de los ochenta, Tinoco también fue el creador de una estrategia ambiciosa y de largo

alcance, que propendía establecer una dinastía política, la cual aseguraría la continuidad de las políticas que Venezuela necesitaba para transformarse de un país que miraba hacia adentro y bastante protegido, en una sociedad con mirada hacia afuera, capaz de competir con éxito en el mundo desarrollado. No había altruismo en esta estrategia, sino más bien una tenaz determinación de convertir al Banco Latino en el grupo financiero y económico dominante en Venezuela, en menos de cinco años.

El Banco Latino estaba casi en bancarrota cuando Pérez llegó a la Presidencia de Venezuela por segunda vez en diciembre de 1989. Como otras entidades financieras, el banco se había debilitado con la devaluación del bolívar en 1983. La fortuna del Banco Latino virtualmente cambió de la noche a la mañana, después del nombramiento de Tinoco como presidente del Banco Central de Venezuela, a principios de 1989. El Banco Central controlaba más del 95% de la moneda extranjera en Venezuela, la que consistía en dólares generados por el monopolio estatal Petróleos de Venezuela, y Tinoco se las arregló para que el Banco Latino recibiera una buena tajada de este dinero, como depósitos del sector público.

Los conflictos de intereses nunca fueron problema para Tinoco. En los últimos meses de 1989, por ejemplo, Tinoco convocó a sus oficinas en el Banco Central a los presidentes de los seis bancos más grandes de Venezuela, y solicitó de cada entidad una "contribución" de 2 millones de bolívares, para ayudar a pagar la deuda de la campaña presidencial por 12 millones de bolívares, que el presidente Pérez no podía cubrir porque los líderes de AD, quienes controlaban los fondos de la campaña, no liberaban el dinero como represalia por las políticas de mercado libre que habían destruido la popularidad del partido. Cinco de los bancos aportaron el dinero. El único que se negó a contribuir con un solo centavo al presidente Pérez fue el Banco de Venezuela, cuyo presidente en ese entonces era Carlos Bernárdez Losada. Bernárdez le dijo que . no a Tinoco porque el Banco de Venezuela tenía desde hacía mucho tiempo la política de no hacer contribuciones a figuras políticas. Unos cuatro meses después de la negativa de Bernárdez, se inició una amarga guerra para controlar el Banco de Venezuela.

Este intento de apoderarse del banco estaba encabezado por

Orlando Castro, presidente de Latinoamericana de Seguros. Castro insistió en que la guerra empezó por casualidad. En un almuerzo con el corredor de bolsa que había trabajado anteriormente en Europa para el Grupo del Banco Consolidado de propiedad de José Alvarez Stelling, el corredor le ofreció al genio financiero de Castro, Juan Escotet, un paquete de acciones del Banco de Venezuela; las acciones pertenecían al grupo Mendoza.

Eugenio Mendoza quería vender las acciones porque el grupo fundado por su difunto padre se encontraba en serias dificultades y Mendoza necesitaba el dinero para salvar a Preotinal, la más grande empresa avícola y de alimentos en grano de Venezuela. El Banco de Venezuela tenía acciones en una de las empresas del Grupo Mendoza (la fábrica de cemento Vencemos). Existía un pacto de caballeros mediante el cual el Banco de Venezuela y el Grupo Mendoza acordaron en años pasados intercambiar acciones, pero Mendoza necesitaba dinero, y cuando Bernárdez rechazó la solicitud de Mendoza, Mendoza vendió las acciones a Castro. Así comenzó la guerra más larga y más amarga por apoderarse del sistema financiero de Venezuela, la cual finalmente terminó tres años después, cuando Álvarez Stelling se convirtió en el socio mayoritario del Banco de Venezuela.

Desde sus oficinas en el Banco Central, Tinoco hacía todo lo que estaba en su enorme poder para asegurarse de que Alvarez Stelling fuese el triunfador. Continuamente presionaba a la Comisión Nacional de Valores y a la Superintendencia Bancaria para que expidieran resoluciones, una tras otra, contra el Banco de Venezuela. Tinoco demoró por tres años la reforma financiera, que debería haberse hecho años atrás, con lo que propició la crisis financiera que actualmente sacude a Venezuela; y cuando Castro adquirió más del 20% de las acciones del Banco de Venezuela y parecía estar muy próximo a convertirse en el dueño de la segunda institución financiera más antigua de Venezuela, cuya historia estaba ligada a la historia del país y ala historia de sus élites de pura sangre, fue Tinoco quien le dijo a Castro que éste debería vender las acciones porque Venezuela nunca permitiría que un inmigrante cubano fuera el dueño del Banco de Venezuela.

Castro posteriormente le contó a este columnista que Tinoco le dio la siguiente alternativa: como José Alvarez Stelling, o venderlas a un grupo comercial acreditado que necesitara de un banco para continuar su crecimiento y diversificación, tal como Gustavo Cisneros y la ODC. Castro dijo que optaría por venderlas a Alvarez Stelling porque Castro estaba muy necesitado de dinero en ese momento y la ODC tenía fama de nunca pagar sus deudas a tiempo. "Los Cisneros tienen fama de mala paga", explicó Castro.

Entre tanto, en el Banco Central Tinoco supervisó una estrategia para adquirir el control de numerosas empresas de los medios, desde estaciones de radio hasta canales de televisión, periódicos, tales corno Televen (canal 10), Reporte y otros. ¿Cómo lo hizo? Tinoco prometía ayudar a los dueños de los medios del país (endeudados en dólares y con el bolívar devaluándose en forma exagerada), pero exigía que las empresas presentaran perfiles financieros completos para determinar cuánta ayuda podrían realmente necesitar. El único grupo que se negó a hacer esto fue el Grupo 1BC Radio Caracas (canal 2, El Diario de Caracas), de propiedad del grupo Phelps-Bottome-Granier.

Entre tanto, después de que Tinoco fue nombrado presidente del Banco Central de Venezuela, el Banco Latino se embarcó en una estrategia masiva de crecimiento y diversificación, que lo convirtió en el segundo banco más grande de Venezuela en menos de cinco años, al mismo tiempo que hizo inversiones en finca raíz, industria, comercio y mercado especulativo de capitales. El Banco Latino adquirió, entre otros, acciones para controlar al Banco de Maracaibo, ávidamente compró el Banco Barinas y varias otras entidades pequeñas. El Grupo Latino también tuvo el negocio de minas de oro en las selvas no vigiladas de la región de Guayana en Venezuela y, además, trató de poner en marcha una fundición de aluminio en sociedad con la Corporación Venezolana de Guayana. La ODC era socia de todas estas empresas e iba creando una nueva división de industria pesada y minería para desarrollar los nuevos negocios en minería de oro y aluminio.

El plan más grandioso de todos, no obstante, fue la estrategia de Tinoco para crear una dinastía política que estaría controlada por Tinoco, el Banco Latino y la ODC. Esta estrategia hubiera podido tener éxito, pero se le complicó por dos razones imprevistas. La primera, el pueblo venezolano, que se rebeló contra la actitud mercantilista de un pequeño grupo de banqueros, quienes al parecer consideraban a Venezuela como su hacienda privada. El pueblo venezolano se rebeló en febrero de 1989 cuando hubo disturbios y saqueos durante una larga semana de orgía que dejó más de 300 muertos y miles de heridos y, de nuevo, en febrero y noviembre de 1992 en dos fallidos golpes de Estado, los cuales finalmente llevaron a la destitución de Pérez en 1993, bajo cargos de corrupción. La segunda razón fue el destino, en forma de un cáncer terminal que progresivamente debilitó a Tinoco y finalmente lo mató a principios de 1993.

La estrategia política de Tinoco supuestamente funcionaría así: después de una segunda presidencia de Pérez, Tinoco, el Banco Latino y la ODC combinarían sus vastos recursos políticos, financieros y en medios de comunicación en las elecciones de 1993 para colocar a Eduardo Fernández, pariente de Tinoco, en la Presidencia de Venezuela. De esta manera, el poder sería transferido de Acción Democrática a Copei, manteniendo una tradición democrática de 35 años en la transferencia del poder entre los dos partidos políticos predominantes en Venezuela, a la vez que se garantizaba que Tinoco, el Banco Latino y la ODC mantendrían un firme control político y económico. Después del gobierno de Fernández en el período 1994-1998, Tinoco, el Banco Latino y la ODC se las arreglarían para que, o bien Carmelo Lauria de AD u Oswaldo Alvarez Paz de Copei sucediera a Fernández en la Presidencia. De todas maneras, la dinastía de 15-20 años de duración quedaría garantizada.

A principios de 1989, Tinoco tomó bajo su protección a Fernández y empezó un proceso de conversión política similar al que se había logrado con Pérez en los años ochenta. Sin embargo, Fernández fue eliminado de la contienda presidencial después del fallido golpe del 4 de febrero de 1992: el pueblo venezolano rechazó el apoyo de Fernández al gobierno de Pérez y respondió con entusiasmo al populismo antirreformista de Rafael Caldera.

Tinoco ya estaba gravemente enfermo en 1992 y se estaba retirando del escenario a medida que su energía vital iba disminuyendo. Finalmente murió a principios de 1993, pero la estrategia que él había iniciado fue continuada por el Banco Latino y la ODC. Para entonces Gustavo Gómez López era el presidente del Banco Latino y sus consejeros más cercanos eran Gustavo y Ricardo Cisneros. Así, el Grupo Latino y la ODC pasaron su apoyo a Carmelo Lauria en AD y fortalecieron los puentes que Tinoco había previamente empezado a construir con Alvarez Paz de Copei. A principios de 1993, no obstante, cuando Lauria fue fuertemente derrotado por Claudio Fermín en las primarias presidenciales de AD, Tinoco y el Banco Latino inmediatamente se pasaron a apoyar a Oswaldo Alvarez Paz, quien derrotó a Fernández en la primaria interna de Copei. Alvarez Paz hubiese podido llegar a la Presidencia, pero el pueblo venezolano rechazó su campaña por un mercado libre, cuando se dio cuenta de que los dineros del Latino y la ODC estaban visiblemente apoyando la campaña de Copei.

El banco ya estaba en serios problemas a comienzos de 1993, pero su poder era tan grande que sobrevivió casi un año más, hasta que finalmente se desplomó en enero de 1994. Todavía están por escribirse los capítulos finales de esta triste pero histórica saga.

Como lo demuestra la carta del 8 de abril de Gómez López, el antiguamente poderoso triunvirato de Tinoco, Venezuela que ha sido juzgado y destituido por corrupción. En 1988, Pérez le dijo a este columnista que "la mayoría de los hombres nacen para vivir en la historia, pero muy pocos nacen para hacer historia. Me considero uno de los pocos hombres que harán historia". Y así fue.

Entre tanto, el sistema financiero de Venezuela puede tomar años en recuperarse, los arquitectos de esta enorme estrategia política tal vez no sean sancionados por sus abusos, y el país que vio nacer al Libertador Simón Bolívar está luchando por llenar un enorme vacío político, que puede descarrilar al país hacia el abismo.
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