| 8/20/2015 4:30:00 PM

El rescate de Grecia, la historia sin fin

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, anunció su dimisión y propuso la celebración de elecciones anticipadas "lo más pronto posible".

 "Mi mandato del 25 de enero ha vencido. Ahora el pueblo debe pronunciarse. Ustedes con su voto decidirán si negociamos bien o no", dijo el líder del izquierdista Syriza en un mensaje televisado en la televisión pública griega.

El primer ministro señaló que es el turno del pueblo griego de decidir mediante el voto "quién debe conducir a Grecia al camino difícil pero con esperanza que se abre", además de qué fuerza política "negociará mejor la reducción de la deuda".

"Pido un mandato fuerte para un Gobierno estable, junto con la sociedad que quiere reformas progresistas", señaló, y se comprometió a que, en el marco del programa de rescate, habrá "medidas equivalentes" para reducir las consecuencias de la recesión a la que conducirán los ajustes previstos en el plan.

"No conseguimos el acuerdo que queríamos, pero dada la situación, conseguimos lo mejor posible", aseveró Tsipras.

¿Ahora qué?

Aunque el tercer rescate para Grecia fue aprobado con amplia mayoría en el Bundestag, es poco probable que sus miembros se sientan satisfechos. Los diputados alemanes saben que este no será el último auxilio para Atenas.

En la película Groundhog day de Harold Ramis –conocida en Hispanoamérica como Atrapado en el tiempo, Hechizo del tiempo o El día de la marmota–, el tiempo se detiene de una manera muy peculiar para el protagonista. Un arrogante meteorólogo interpretado por Bill Murray despierta cada día, se percata de que es el 2 de febrero y vive las mismas experiencias, una y otra vez, sin esperanzas de poder salir de esa demencial rutina. La historia del rescate económico de Grecia se asemeja a la de Groundhog day en más de un sentido.

El tercer auxilio financiero para Atenas, aprobado con amplia mayoría en el Bundestag, no brinda esperanzas de poner fin a la crisis sin fin del país sureuropeo. Esta medida sólo permitirá que las cosas sigan como están, eso es seguro. Puede que las ayudas le den impulso a algunos cambios menores; después de todo, la reforma del Estado heleno estará bajo la lupa. Pero los problemas fundamentales no serán solucionados a punta de créditos. Y es que 54.000 millones de los 86.000 millones de euros en cuestión serán orientados inmediatamente hacia el pago de los compromisos griegos. Atenas se endeuda de nuevo para poder pagar sus deudas previas. Y esas deudas nuevas deben cancelarse en algún momento. Pero, ¿con qué dinero?

Dinero ganado, dinero perdido

Otros 25.000 millones de euros irán a parar a las manos de la banca local para evitar su quiebra. Otra vez. Algunos millones fluyen hacia las arcas del Estado griego, pero esos recursos ya han sido gastados de antemano. En Atenas abundan las cuentas pendientes. De ahí que el dinero desaparezca tan pronto llega a territorio heleno. ¿Y después?

La condición puesta por los acreedores europeos para dar luz verde al paquete de ayudas es la reestructuración del Estado, la economía y la sociedad griegas. La meta es que se erija una administración efectiva, se eliminen los privilegios tributarios, se luche contra las distintas formas de corrupción prevalentes y se asegure un mínimo de seguridad social para la población. Eso suena razonable. Pero, ¿alcanzan los recursos económicos asignados para convertir a este Estado disfuncional en uno eficaz o hacen falta más? ¿Y qué tan rápidamente puede tener lugar esta transformación? Seguramente no de la noche para la mañana.

Grecia está demasiado endeudada


¿Qué va a pasar? La respuesta es evidente: el tercer rescate económico de Grecia será seguido por un cuarto auxilio, y un quinto, y así sucesivamente. Eso es lo que pasará si se siguen aplicando las medidas implementadas hasta ahora. Lo cual nos lleva de nuevo a la película Groundhog day. Al final, el arrogante meteorólogo interpretado por Bill Murray halla la forma de salir de su demencial rutina: cambiando de actitud. Eso es algo que deben hacer también tanto los griegos como sus acreedores. En ese sentido, lo primero que deben hacer es reconocer que nunca verán su dinero de nuevo si persisten en intercambiar deudas viejas por deudas nuevas.

Ellos tienen que aceptar esa situación y asumir las consecuencias. Ni el estiramiento de los plazos de pago previstos ni la suspensión temporal del cancelamiento de las deudas servirán de algo. Esos son trucos de ilusionista que sólo buscan persuadir al Fondo Monetario Internacional (FMI) de involucrarse nuevamente en los rescates económicos para Grecia. El FMI, por su parte, ya ha hecho suficiente presión para que se condone por lo menos parte de la deuda griega, pero los europeos siguen negándose a hacerlo, alegando razones jurídicas.

Se necesitan inversiones


Se ha dicho hasta el cansancio que las soluciones se consiguen cuando hay voluntad para ello. En este caso, tener voluntad para resolver la cuestión helena pasa por dejar de usar los créditos millonarios para pagar deudas y utilizarlos para invertir en Grecia. Esa estrategia ameritaría un plan para estabilizar la economía progresivamente e implicaría también allanar el camino para que Grecia tenga acceso a un programa de inversión europeo, financiado con recursos regulares de la UE. De aquí al año 2020, 36.000 millones de euros podrían estar al alcance de Grecia, si el país se compromete a participar en ese programa con dinero de su propio bolsillo. ¿Por qué no tomar la decisión y permitir que Grecia disfrute de los beneficios de ese plan de inversión sin hacer aportes de capital propios?

En el Bundestag abundan los parlamentarios que favorecen esa estrategia desde hace mucho tiempo, pero que no logran imponerse porque no constituyen una mayoría. Ellos volvieron a votar contra el paquete de ayudas para Grecia este 19 de agosto porque este sólo perpetúa el actual círculo vicioso. Quizás tengan éxito tras el doloroso fracaso del cuarto y el quinto y el sexto rescate europeo.

(DW)
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