| 11/17/1998 12:00:00 AM

"Hay demasiadas políticas monetarias"

Domingo Cavallo plantea mecanismos para sacar a la economía global de su crisis. Los países tendrán que olvidarse de la ilusión de una política monetaria independiente.

Por Nigel Holloway



Domingo Cavallo, editor y columnista de Forbes Global y Dinero, desarrolló el programa de conversión que rescató a Argentina de la hiperinflación en 1994. Cavallo ha lanzado su candidatura a las elecciones presidenciales del próximo año en Argentina, pero actualmente viaja por el globo hablando sobre el estado de la economía con ministros de finanzas, banqueros centrales e inversionistas. Forbes Global habló con Cavallo sobre qué tan enfermos están los mercados financieros realmente y qué medicina deberían tomar para recuperarse.



Cavallo: Lo que se necesita es una política monetaria para la economía global, para prevenir una recesión mundial. La economía global está siendo golpeada por una serie de crisis cambiarias que han generado crisis financieras que, a su vez, generan una restricción del crédito. Los países desarrollados experimentarán pronto esta restricción.



Cuando suceda, los bancos centrales deberían evitar una caída de la oferta de dinero como la que ocurrió en los años 30. Pero eso sólo lo pueden hacer los bancos centrales de Estados Unidos y Europa, particularmente el Bundesbank alemán. Deben implementar una política monetaria más expansionista. La Reserva Federal redujo la tasa de los fondos federales en un cuarto de punto el 29 de septiembre, pero esto no es suficiente.



Forbes Global: ¿En cuánto deberían caer las tasas de interés?



Al menos otro cuarto de punto y más todavía. Europa tendrá que acompañar a Estados Unidos en la reducción de tasas de interés. De otra manera, el dólar caería frente a las monedas europeas, lo que no es una buena idea.



¿Qué pasa con el Banco de Japón?



Las tasas de interés ya son bajas en Japón, pero los bancos japoneses son tan débiles que no están prestando dinero.



Cuando los teóricos dicen que un banco central debería actuar como prestamista de última instancia, asumen que esas instituciones pueden crear liquidez. Pero no se puede crear liquidez cuando no hay confianza en la moneda local. Los japoneses comunes y corrientes están más dispuestos a convertir sus yenes en dólares que a gastarlos en Japón.



En Indonesia, donde muchos bancos han quebrado, el país necesita liquidez, pero el banco central no puede suministrarla porque no hay confianza en la economía.



Jeffrey Sachs está equivocado cuando dice que las economías debilitadas, como Indonesia, deberían imprimir dinero para bajar las tasas de interés e impulsar así la actividad económica. El efecto deseado no se lograría porque estos bancos centrales no pueden crear liquidez real. La crisis se agravaría.



Pero Sachs y otros han venido diciéndoles a esos países que deberían conducir sus propias políticas monetarias y dejar flotar sus tasas de cambio. ¿Por qué esto no funciona?



Es una idea peligrosa, porque la mayoría de los países emergentes no pueden conducir sus propias políticas monetarias con éxito. La mayoría de las economías emergentes usan su política monetaria para financiar el déficit del sector público o lo financian atrayendo capital extranjero inducido por las altas tasas de interés. De cualquier forma, la cosa termina en una crisis financiera. El problema básico con el sistema financiero mundial es que hay demasiadas políticas monetarias.



¿Y qué sugiere usted?



La mayoría de los países deberían ver que hay que escoger: o se adopta una moneda regional, como hizo Europa, o se adopta una moneda extranjera, como hizo Argentina en 1994.



Miremos la segunda opción. Hay dos elementos esenciales allí. Uno es que el país fija la tasa de cambio a una moneda fuerte, como el dólar, y sólo puede emitir moneda local si ella está respaldada por reservas de la moneda extranjera. Además, se debe permitir que la moneda local compita libremente con la extranjera. Esto es fundamental, porque le da al público un mecanismo para disciplinar a las autoridades. Si la gente pierde confianza en la moneda local, puede usar la moneda extranjera para sus compras, para endeudarse y para ahorrar.



La libre conversión no solamente hace que el gobierno se mantenga honesto, sino que lleva a que una pérdida de confianza en la moneda local no desemboque en una restricción del crédito. La gente todavía puede endeudarse en los bancos en la divisa escogida. Los problemas económicos locales llevan a un cambio en la composición del portafolio, no a un estrangulamiento de la oferta de dinero.



Este arreglo no tiene que estar grabado en piedra. Si la economía local llegara a desempeñarse mejor y su productividad creciera más rápidamente que la economía de la divisa escogida, la moneda local se vería sometida a una presión hacia la revaluación. Cuando este momento llegue, en 10 ó 20 años, el país podría abolir la moneda extranjera y reasumir una política monetaria soberana.



Eso es lo que pasó en Alemania Occidental y Japón, una o dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Ambas monedas locales fueron fijadas contra el dólar en el sistema de Bretton Woods en 1944, pero eventualmente se permitió que flotaran hacia arriba.



¿Qué pasa con la otra alternativa, el arreglo monetario regional?



La Unión Monetaria Europea se hizo realidad porque los once países miembros concluyeron que el viejo sistema, en el cual cada uno manejaba su política monetaria, no les servía. Mire a Italia y España. Siempre que había una crisis externa, ellos permitían que sus monedas se depreciaran. Ahora están en la Unión Monetaria Europea y están dispuestos a abandonar la flexibilidad para obtener menores tasas de interés y una reducción en sus primas de riesgo.



¿Cuántas monedas regionales espera que surjan?



Es imposible saberlo, porque no pueden ser impuestas por un gobierno mundial. Tienen que suceder naturalmente. Es posible visualizar unas economías emergentes estableciendo sistemas de paridad fija y, luego, uniendo estos arreglos en un sistema regional que se encargaría de conducir la política monetaria.



Si la paridad fija es tan buena idea, ¿por qué sólo unas cuantas economías la han adoptado?



La mayoría de los países todavía tienen la ilusión de que pueden manejar sus propias políticas monetarias. Creen que pueden utilizarlas para suavizar el ciclo de los negocios, pero eso es un error. La política fiscal es la que se debería usar para ese propósito, mientras que temas como el alto desempleo requieren medidas estructurales que hagan funcionar mejor el mercado laboral. Las tasas de interés más bajas no ayudan.



¿Latinoamérica podría ser una de las regiones que establezca una moneda común?



Tal vez dentro de 15 ó 20 años. Si la mayoría de los países en la región adoptan paridades fijas, podrían moverse hacia una misma paridad regional. Y si estas economías tuvieran un desempeño superior al de Estados Unidos, se podría formar un banco central regional que flotaría una moneda latinoamericana frente al dólar.



Alternativamente, Estados Unidos podría aceptar establecer una Reserva Federal para el hemisferio occidental, expandiendo al Fed actual para darles, digamos, un asiento a Canadá y uno o dos a Latinoamérica. Pero eso no parece viable ahora, teniendo en cuenta que el Congreso de Estados Unidos ni siquiera está dispuesto a admitir a Chile en el NAFTA.



¿Qué pasa con Japón, el primero en la lista de villanos de estos tiempos?



No es cierto que Japón haya fracasado en su demostración de cualidades de liderazgo. El año pasado Japón trató de crear un fondo de estabilización en Asia y estaba dispuesto a invertir. Pero Estados Unidos dijo que quería seguir siendo el líder. Esto está muy bien, pero si se quiere ser el líder de la economía mundial hay que estar dispuesto a invertir plata en ese propósito. No hay almuerzo gratis.



Estados Unidos debería estimular a Japón para que tomara el liderazgo en Asia. Si Japón desempeñara ese papel, el yen podría ser utilizado como una moneda de reserva. Esto ayudaría a la región, pues si el Banco de Japón imprimiera yenes para que los tuvieran sus vecinos, las monedas asiáticas se estabilizarían frente al yen, y esto conduciría a una expansión del comercio en la región. Las autoridades japonesas, obviamente, tendrían que manejar la política monetaria teniento a toda la región en mente.



¿Puede imaginarse el renminbi chino como la moneda de la región?



Primero tendría que convertirse en una moneda tan buena como el dólar de Hong Kong. Después tendría que probar ser una moneda más fuerte que el dólar estadounidense.



¿Japón y China podrían compartir una moneda común?



Hace cuarenta años era difícil imaginar a Francia y Alemania utilizando una moneda común. Cualquier cosa es posible.



Hacia el futuro, ¿cuál sería un número óptimo de monedas en el mundo?



Entre tres y seis, que se transen libremente entre ellas. Pero tomará muchos años.



¿Y entonces qué?



Habría una moneda única en el mundo dentro de dos o cuatro décadas. Sería como regresar al patrón oro del siglo XIX, pero con dinero de papel en lugar de oro.



¿El Fondo Monetario Internacional se convertiría en el banco central global?



No, porque no es una agencia ejecutiva. Las decisiones finales están siempre en manos de Estados Unidos o Alemania. El FMI es más una agencia coordinadora y podría continuar monitoreando las economías trabajando para el banco central global. Podría evaluar si el programa económico de un país se merece un crédito del resto del mundo, un papel similar al que está cumpliendo en el programa de ayuda financiera a Brasil.



A principios de octubre, los mercados crediticios del mundo estaban afectados por un flujo en masa de inversionistas que "huían hacia la calidad". ¿Cómo se puede evitar una crisis financiera?



Yo propongo el establecimiento de un mecanismo formal para coordinar la política monetaria, no el arreglo ad hoc que mucha gente considera. Pero lo que tiene que pasar ahora mismo es que Alan Greenspan de la Reserva Federal y Hans Tietmayer del Bundesbank asuman la responsabilidad conjunta de liderar al mundo fuera de este trance, coordinando recortes en sus tasas de interés.
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