| 10/20/2011 10:20:00 AM

Gadafi, el extravagante coronel beduino

Durante su paso por el poder fue conocido por su extravagancia, que pasa por sus coloridos trajes brillantes o una guardia personal formada por una treintena de mujeres armadas y entrenadas para el combate, sin olvidar sus estancias en los campamentos beduinos de lujo que levantaba cuando iba de viaje al extranjero.

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BBC
Pero más allá de excentricidades, se le consideró un hábil político, que con sólo 27 años se convirtió en gobernante de facto tras un golpe de Estado incruento en 1969. Desde entonces gobernó hasta 2001 el país con mano dura y no dejó, por ley, ningún hueco a la oposición.

Tras décadas de paria, en 2003, Trípoli reconoció su responsabilidad en el atentado contra un avión de Pan Am sobre la localidad escocesa de Lockerbie. Eso allanó el camino para que la ONU levantase las sanciones impuestas sobre Libia. Su renuncia al desarrollo de armas de destrucción masiva fue clave para abrirle las puertas a Occidente.

Como explicó el experto de la BBC, Aidan Lewis, "ese movimiento se interpretó en la comunidad internacional como la transición de un paria a un aceptado, aunque impredecible líder". "Es único en su discurso, en su comportamiento, en sus prácticas y en su estrategia", explica el analista de Libia Saad Djebbar, que añade: "Pero es un político astuto, no se confundan en eso, es un sobreviviente político de primer orden".

Idiosincrasia
Muamar Gadafi nació en 1942 en el desierto, en una zona próxima a la localidad de Sirte. Durante su juventud era admirador del líder egipcio y nacionalista árabe Gamal Abdel Nasser, y con tan sólo 14 años ya participaba en las protestas contra Israel durante la crisis de Suez. Sus primeros planes para derrocar la monarquía surgieron durante su estancia en la universidad, donde a los 21 años se licenció en Derecho. Después, se marchó a Gran Bretaña donde recibió formación militar. Luego regresó a la ciudad de Bengasi para liderar el golpe de Estado que derrocó al rey Idris I el 1 de septiembre de 1969 cuando el joven beduino tenía apenas 27 años.

Esa ciudad, la segunda más importante del país, fue, cuatro décadas después, el centro neurálgico de la protesta antigubernamental que exigió su dimisión. Gadafi recogió su ideario político en el conocido como Libro Verde, publicado en 1970. En sus páginas trazó un sistema alternativo tanto al capitalismo como al socialismo, combinado con aspectos del Islam.

Unos años más tarde, en 1977, esa filosofía política se concretó en lo que llamó "Jamahiriya" o "estado de masas", que contempla que el poder sea ostentado por miles de "comités populares". Aunque oficialmente no ostentaba cargo público o título, desde 1979 hasta su derrocamiento se le denominó "Hermano Guía de la Gran Revolución".

Arraigadas raíces beduinas
El analista político estadounidense independiente Benjamin Barber, que se ha reunido con Gadafi en varias ocasiones le dijo a a la BBC que el líder libio "se ve en gran medida como un intelectual".  Según Barber, "es de temperamento filosófico y reflexivo, lo que es sorprendente en un autócrata". "Le veo más como un hombre de alguna tribu bereber, un hombre que viene de una cultura del desierto y en muchos aspectos un líder moderno muy atípico", explicó.

Acostumbraba por ejemplo a recibir a jefes de Estado y de Gobierno en una tienda de campaña beduina.

En la década de los ochenta alojó en el país campos de entrenamiento de grupos rebeldes de todo el África occidental, entre ellos, tuaregs de la comunidad bereber. Y más recientemente hizo de mediador con los tuaregs insurgentes de Níger y Mali.

Rechazo internacional
Libia se ganó el rechazo de la comunidad internacional por su respaldo a grupos militantes como el Ejército Republicano Irlandés y la Organización para la Liberación de Palestina. Ante el desprecio de sus esfuerzos por unir al mundo árabe, en la década de los noventa volvió su mirada hacia África y propuso unos "Estados Unidos" en el continente. Y fue entonces cuando empezó a vestir ropa de colores brillantes característica de África.

Con la llegada del nuevo milenio, y con un país ahogado por las sanciones, comenzó el viraje para salir del ostracismo.

El reconocimiento en 2003 de su responsabilidad en el ataque de Lockerbie culminaría cinco años más tarde con un acuerdo de compensación que incluía éste y otros atentados y que permitió la normalización de las relaciones con Washington. Cuando en 2008 celebró sus 39 años en el poder dijo, Gadafi dijo: "No habrá más guerras, ni ataques ni actos de terrorismo".

Control absoluto
El líder libio llevaba décadas presentándose ante la nación como mucho más que un político, como una suerte de guía espiritual que supervisaba lo que, según él, era un tipo de democracia directa. En la práctica, los críticos aseguran que todo este tiempo concentró en sus manos el control absoluto y autoritario del país. Dicen que la disidencia fue aplastada sin piedad y que los medios de comunicación estuvieron bajo un férreo control gubernamental.

El derrocado gobierno de Gadafi afrontó acusaciones de graves violaciones de los derechos humanos. En Libia, una ley prohibía toda actividad que defendiese una política distinta a la revolución del coronel.

Miles de personas fueron encarceladas y condenadas a pena de muerte por violar esa norma, según Human Rights Watch, que también reporta desapariciones y torturas. Poco antes de que empezaran las protestas y los rebeldes se alzaran en armas, con el apoyo de Occidente, se pensaba que Gadafi trataba de preparar el terreno para su sucesión. Las especulaciones apuntaban a su hijo Saif al-Islam Gadafi.
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