| 6/13/2011 9:30:00 AM

FMI: ¿mejor en manos de una mujer?

La ministra de Finanzas de Francia, Christine Lagarde, es una de los dos candidatos declarados que compiten para asumir el liderazgo del Fondo Monetario Internacional. El otro candidato es un hombre.

Lucy Kellaway, del diario inglés Financial Times, se pregunta si el género de Lagarde le da una ventaja... y si debería dársela. Cuando Christine Lagarde lanzó su candidatura a la jefatura del FMI, declaró que su rol se beneficiaría de toda su "experiencia como abogada, ministra, gerente y mujer".

Las primeras tres facetas de la experiencia de Lagarde son formidables, pero ¿a qué se refería con la cuarta?

La diferencia más obvia entre las experiencias que puede tener un hombre de las que puede tener una mujer es que éstas pueden engendrar hijos. Y, en dos ocasiones, Lagarde ha pasado la mayor parte de un año con un bulto creciéndole en el abdomen, y luego soportó el complicado asunto de expulsarlo.

Para la mayoría de las mujeres se trata de algo muy importante, pero no es muy obvio cómo tal experiencia lo califica a uno para tomar las riendas del FMI.

Sin embargo, cuando los hijos crecen, una madre puede encontrarse con situaciones como que el dinero que le entregó a uno de sus hijos fue malgastado en golosinas en vez de en cuestiones necesarias, tal y como había prometido.

Se enfrenta entonces a la espinosa decisión de si ayudarlo a salir del problema o no, prestándole más dinero, y debe decidir qué condiciones imponer al hacerlo.

Y esa sí que es una experiencia relevante para quien encabece la institución, pues la única diferencia sería el tamaño del problema, ya que en lugar de hijos tendría que lidiar con países, los que requerirán mayores sumas de dinero.

Arriesgándose
Fuera de eso, me es difícil entender cómo la experiencia de Lagarde como mujer podría ayudarla. Lo que no significa que no podría beneficiarse de su género. Una mujer a la cabeza del FMI se vería bien en estos momentos, particularmente dadas las circunstancias poco galantes que motivaron la renuncia de su predecesor. Y más allá de consideraciones de relaciones públicas, también se podría argumentar que a su favor juegan las características femeninas de su personalidad, más que su experiencia como mujer.

Se supone que las mujeres son menos arriesgadas, de manera que son líderes más seguros. Y si fue el supuesto apetito salvaje de Dominique Strauss-Kahn lo que lo destruyó, una mujer podría parecer una mejor opción.

No obstante, no hay ninguna evidencia que demuestre que las mujeres en altos cargos tomen menos riesgos que los hombres. De hecho, un estudio reciente hecho con una amplia muestra de escandinavas directoras de compañías mostró que las mujeres que llegan a la cima no son para nada tímidas frente a los riesgos. Por el contrario: están más dispuestas a arriesgarse que sus colegas hombres.

En equipo
Hay otra investigación hecha en Estados Unidos que podía ayudarle a Lagarde si es que quiere aprovechar sus credenciales como mujer.

Indica que cuando se trata de trabajar en equipo, entre más mujeres hay, mejor el desempeño.

A mí ese dato no me convence del todo, en parte porque no se me ocurre ninguna razón que explique ese resultado. Además, si el estudio hubiera demostrado lo contrario -que las mujeres reducían el coeficiente de inteligencia en los grupos- habría sido imposible, en esta era de lo políticamente correcto, encontrar a alguien que estuviera dispuesto a publicarlo.

Lo que me lleva a pensar que quizás la experiencia de Lagarde como mujer es algo especial después de todo.

Es tal el deseo del público de ver a una mujer tener éxito, que a una mujer poderosa con talento, contactos y ambición probablemente le ha costado menos trabajo escalar que a sus homólogos hombres, y podría -justificadamente- esperar seguir siendo exitosa.

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