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A los inversores les preocupa el aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno de EE.UU.

| 6/13/2013 11:00:00 AM

¿Está por acabarse el dinero barato?

La semana pasada fueron los bonos de EE.UU. Ahora son las monedas de las economías emergentes, sus acciones y sus bonos, las que no están teniendo una buena semana.

Un índice clave de las acciones en los mercados emergentes ha caído un 10% desde que alcanzó su tope en mayo. Y la bolsa de Brasil se desplomó en más del 20%.

Los movimientos del dinero se reflejan claramente en las monedas. La rupia india cayó a un mínimo récord a principios de semana. Las monedas de Brasil y Sudáfrica alcanzaron sus mínimos en cuatro años y se encuentran en el nivel en que estuvieron durante la crisis financiera global. La moneda de Indonesia tocó su nivel más bajo en tres años.

Los inversores liquidaron una cantidad récord de bonos globales la semana pasada, dos tercios de los cuales eran estadounidenses. También vendieron algunos de mercados emergentes.

¿Cuál es la conexión? Un nerviosismo ante el posible fin del dinero barato.

El impacto se puede sentir claramente en las economías emergentes, las cuales han experimentado una semana volátil, al ver dinero saliendo de sus fronteras.

Esto, luego de que durante los últimos años estuviesen recibiendo efectivo barato que buscaba mayor rentabilidad.

El dinero también ha ido a acciones y materias primas en economías desarrolladas, que también han experimentado disminuciones de sus picos.

La era del dinero barato no iba a durar para siempre. Y podría no estar por terminar demasiado pronto.

Pero, cuán bien o cuán mal termine, dependerá de la forma como los principales bancos centrales emprendan su "salida" de las políticas monetarias ultraflexibles.

Manejando US$ 12 billones


Los inversores han descrito las salidas de capital de las economías emergentes de esta semana como "violentas".

De hecho, el banco central de Indonesia tuvo que intervenir para tratar de estabilizar ese flujo de dinero en efectivo.

Esto tiende a encender las alarmas. Cuando se han producido esas entradas y salidas de dinero,algunas economías se han desestabilizado.

Recordemos la crisis financiera asiática de 1998, cuando hubo un cambio de los flujos de capital a corto plazo en Tailandia –conocidos como "capitales golondrina"–, que produjo un efecto dominó en toda la región y en todo el mundo emergente.

El dinero salió no sólo de Asia, sino también de Rusia, Turquía y América Latina, a pesar de que no eran mercados que tuvieran vínculos estrechos.

Esta vez, con el extraordinario monto de dinero barato acumulado desde la crisis financiera mundial, la Gran Recesión podría terminar siendo el "Gran Retorno" de capitales.

Desde la crisis, los bancos centrales han inyectado de US$12 billones en efectivo, l equivalente a una sexta parte del Producto Interno Bruto del mundo.

La pregunta clave es si estos países están mejor preparados esta vez para hacer frente a la salida de ese dinero de sus fronteras.

Algunos lo están, al haber acumulado reservas en moneda extranjera que pueden ser utilizadas para fortalecer el valor de sus monedas, si es necesario.

Además, la regulación financiera ha mejorado, una lección aprendida de la crisis asiática.

Señales preocupantes


A los inversores les preocupa el aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno de EE.UU.
No hay indicios de que la Reserva Federal tenga previsto elevar las tasas de interés en el corto plazo, y el Banco de Japón continúa tratando de reactivar su economía.

El Banco Central Europeo acaba de reducir las tasas a un nivel récord y varios miembros del Banco de Inglaterra han estado votando por lograr mayores inyecciones de capital.

Pero, hay una preocupación creciente (como se ha visto en esos mercados) de que la era del dinero barato podría empezar a declinar en EE.UU. a medida que mejore su economía. Y los bancos centrales podría estar contemplandos sus llamadas "estrategias de salida".

"Salida" es la marcha atrás que darían los bancos centrales en sus manejos monetarios descargando billones de dólares de activos (bonos del gobierno y otros) de sus balances que adquirieron con el fin de inyectar dinero en efectivo en la economía.

Además, las tasas de interés subirían del 0% -o de niveles muy bajos- en las principales economías desarrolladas.

Algo que preocupa a los inversores es el aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno de EE.UU., la tasa de interés que paga Washington para pedir prestado, la cual ha sido baja, en parte, porque la Reserva Federal es un gran comprador en el mercado.

De hecho, ese fue el propósito de la Reserva al bajar las tasas de interés para estimular la economía.

Sin embargo, el rendimiento de los 10 años de bonos del gobierno de EE.UU. -el indicador del costo del crédito- se ha elevado a casi 2,3%, tras estar por debajo de 2% hace sólo un par de semanas.

Todavía está muy lejos que sea caro pedir prestado. Sin embargo, esto refleja una expectativa ante el posible aumento de las tasas de interés en el futuro. En otras palabras, algunos apuestan por el fin de la era actual con tasas de casi 0%.

El récord de liquidación bonos visto la semana pasada muestra que lo último que algunos quieren es mantener esos instrumentos.

Cómo luce la salida

Para "salir", un banco central elevará las tasas de interés y venderá sus activos (bonos del gobierno y otros) para reabsorber el dinero que había inyectado en la economía. Por ejemplo, la Reserva Fededal podría decidir primero aumentar las tasas y luego vender gradualmente los bonos del gobierno que posee.

Pero, una vez que la Reserva comience a vender bonos, se incrementará la oferta y empujará el precio hacia abajo. Por lo que los bonos restantes en su y los que posee el sector privado podrían valer menos. Quizá por eso algunos inversores no quieren mantener esos bonos.

Por supuesto, los bancos centrales no quieren perturbar demasiado al mercado, por lo que es probable que actúen a un ritmo moderado en su "estrategia de salida".

Sin embargo, están quienes se preocupen por cómo los bancos centrales pueden sacar US$12 billones de la economía mundial de forma suave.

A cinco años de la crisis financiera mundial, quizás no sorprenda que los inversores piensen que los bancos centrales podrían contemplar la manera de "salir" de las muy flexibles políticas monetarias.

Pero, echando un vistazo alrededor de la todavía débil economía mundial y las elevadas tasas de desempleo en las principales economías, lo último que necesitamos son unos mercados trastornados o, peor aún, un "gran retorno" en los flujos de capital que nos conduzca a otra crisis.

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