| 2/2/2014 12:00:00 AM

Escándalos e inequidad marcan elecciones en Costa Rica

El candidato oficialista a la presidencia de Costa Rica busca vencer en las urnas a un rival de izquierda que se ha visto impulsado por el descontento de los votantes de la segunda economía de Centroamérica.

El ex alcalde de San José, Johnny Araya, quien encabezaba las encuestas previas con una campaña centrada en promesas de reducir la pobreza, ha buscado distanciarse del Gobierno de la presidenta Laura Chinchilla, plagado de escándalos.

También ha intentado calificar de radicales a sus adversarios, y el domingo insistió en que su partido, Liberación Nacional, es la opción "más segura" para la nación cafetera.

"El partido (...) es la opción más segura, más responsable", dijo al pasar por un centro electoral. "Lo mejor que le puede pasar a Costa Rica es que nosotros ganemos las elecciones".

La molestia de los votantes con la corrupción ha impulsado la candidatura del joven parlamentario de izquierda José María Villalta, quien también ha prometido atacar la inequidad.

Frente a la escuela donde Villalta tenía previsto votar, partidarios vestidos de amarillo gritaban "Villalta, amigo, el pueblo está contigo", así como "se acabó la corrupción".

Si ninguno de los 13 candidatos presidenciales logra un porcentaje de más del 40 por ciento de los sufragios, como se espera, los comicios irían a una segunda vuelta en abril, por segunda vez en la historia del país.

El eventual triunfador tendrá que enfrentar una creciente deuda pública que supera la mitad del Producto Interno Bruto (PIB). Altos salarios en el sector público y el gasto obligatorio en educación son una carga pesada en un país con baja recaudación tributaria.

Moody's Investor Service, que mantiene a Costa Rica un grado por encima del grado especulativo, cambió a negativa su perspectiva para la calificación de la deuda soberana del país en septiembre, en medio de preocupaciones fiscales.

Impuestos en ambas agendas
Villalta ha dicho que buscaría enfrentar ese problema atacando la ineficiencia, la evasión fiscal y aligerando la carga de la clase media.

"Que queremos es una reforma progresiva con mayor justicia tributaria donde los que más tengan paguen más", afirmó.

Villalta, un abogado de 36 años, se formó en la política organizando protestas contra un tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos.

Es el único miembro de su partido Frente Amplio en la Asamblea, pero durante su paso por el Congreso propuso más de 100 proyectos de ley, incluyendo uno que quitaría a los funcionarios de alto nivel inmunidad contra medidas judiciales.

Esa propuesta le ganó popularidad luego de que Chinchilla generó indignación al aceptar vuelos en un avión privado, pese a leyes que prohíben a funcionarios aceptar obsequios costosos.

Araya, de 56 años, también ha prometido enfrentar el déficit limitando bonos al sector público, aplicando un impuesto a las ganancias de capital y otro al valor agregado.

El candidato del Partido Liberación Nacional ha ganado elogios por sus proyectos públicos de arte durante sus 22 años en la alcaldía de la capital.

Pero errores públicos, como subestimar el precio de la leche durante una entrevista, lo han hecho parecer fuera de contacto con los votantes, mientras pesa sobre su cabeza una investigación sobre supuesto abuso de autoridad y peculado.

Sin embargo, para algunos votantes de centro, Araya es preferible a Villalta, cuyos críticos buscan comparar con el fallecido presidente socialista de Venezuela, Hugo Chávez.

"Yo no soy liberacionista pero ya más o menos sabemos a lo que vamos", dijo Rafael Vargas, un taxista de Alajuela, la segunda mayor ciudad del país. "En cambio con Villalta no tenemos ninguna seguridad de lo que nos espera. Nos puede esperar otra Venezuela".


Reuters.
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