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"Chávez vive, la lucha sigue" es ya una consigna del oficialismo.

| 4/5/2013 8:15:00 AM

Elecciones: la alargada sombra de Hugo Chávez

Las apariencias, en la Venezuela de hoy, son más que engañosas. El próximo 14 de abril tendrán lugar las primeras elecciones presidenciales sin Hugo Chávez en 14 años.

Pero a exactamente un mes de su muerte, el país sigue viviendo su ausencia como una herida en carne viva. Y la sombra que proyecta marca la contienda, hasta sacarla de los parámetros de una elección cualquiera.

Tras el luto, llegó la campaña electoral. En teoría, la disputa es el oficialista Nicolás Maduro y el opositor Henrique Capriles.

En la práctica, es posible que la foto y el nombre de Hugo Chávez no figuren en la boleta de votación. Pero pocos parecen dudar de que es él, y lo que todavía representa, lo que se juega una vez más en las urnas.

El oficialismo ha hecho un esfuerzo claro por convertir la contienda en un plebiscito sobre la gestión del difunto mandatario: "Chávez vive, la lucha sigue", es ya consigna.

Y, aunque lo intenta, la oposición parece no poder desmarcarse del mandatario fallecido. "Nicolás no es Chávez", repite Capriles.

Para los votantes, las opciones no son diferentes a las que estaba planteadas en cada elección disputada y ganada por el fallecido líder venezolano: para los oficialistas, el 14 de abril se decidirá la continuidad de la obra de Chávez. Para la oposición es la oportunidad de ponerle fin, y con ello, pasar la página de un régimen que no respetó a las minorías.

En otras palabras, lo que está en juego no es tanto la promesa de futuro de cada uno de los candidatos sino el balance de gestión chavista de los últimos 14 años.

Prueba de fidelidad

Maduro casi no habla de otra cosa, a Chávez lo menciona tanto que hasta una página en internet se dedicada a contabilizar cuántas lo hace. Una crítica ante la que el candidato no retrocede.

El candidato oficialista busca capitalizar la herencia electoral del mandatario, a quien hasta sus críticos le daban crédito como un "extraordinario candidato".

"Yo soy Chávez" es otra de las consignas oficialistas. Lo repiten todos, salvo Maduro, que sostiene que no es Chávez, pero sí "su hijo" o uno de sus "apóstoles".

Nadie duda de que el carisma y tirón del que por 14 años fuera presidente no tiene parangón. En eso coinciden con la oposición. Pero, a decir de Capriles, su contrincante "no le llega al tobillo a Chávez".

En cualquier caso, con lo que sí cuenta Maduro es con el endoso del difunto presidente. "En el escenario que obligaría a convocar, como manda la Constitución, elecciones presidenciales, ustedes elijan a nicolás Maduro presidente", dijo Chávez poco antes de someterse a su cuarta cirugía contra el cáncer, casi tres meses antes de fallecer.

Nadie duda de que se trata de un jugoso cheque que puede convertir a cualquiera en favorito a ocupar el palacio de Miraflores. Aunque, según analistas, uno que expira pronto.

Esto le da sentido a otra de las consignas centrales de la campaña oficialista: "Chávez, te lo juro, mi voto es pa' Maduro".

"Liderazgo prestado"

Para lograrlo, ha adoptado una actitud mucho más agresiva contra Maduro, al que acusan de unos desastrosos cien días de gestión, con devaluación incluida.

"Incluso las cosas que se han podido admitir como positivas de la gestión del presidente Chávez, pareciera que se están desmontando en apenas días", dijo el gobernador de Lara, Henri Falcón, en una conferencia de prensa con corresponsales internacionales. "Lo que vemos acá es un liderazgo prestado", agregó el también jefe de campaña de Capriles.

Los opositores, que también insisten en señalar a Maduro como marioneta de los cubanos hermanos Castro, tratan de convertir en un bumerán su estrategia de ampararse en Chávez al acusarlo de no haber hecho propuestas propias más allá del plan programático con que concurrió a los comicios el difunto mandatario.

Y sobre todo, buscan que los venezolanos lo vean como uno de aquellos a los que el propio Chávez reprochaba en público su falta de eficiencia o el retraso de algunas iniciativas.

Abstención

La gran esperanza de los opositores está en la posibilidad de que, si queda claro que Maduro no es Chávez, su votación se vea afectada por la abstención.

"Es un desconocido, lo que hay es la palabra del presidente. Dentro de la organización del partido de gobierno hay sectores chavistas duros pero también hay un chavismo blando que creía en su líder. Ya el líder no está y Nicolás no es Chávez", afirmó Falcón.

Por su parte, el opositor Carlos Ocáriz calcula que esa victoria pasa por conservar el 100% del voto opositor en octubre mientras el oficialismo puede llegar a perder un cuarto de los votos a manos de la abstención.

"De cada cuatro chavistas (que votaron en la elección) del 7 de octubre, uno no quiere votar por Maduro. Eso es un 25% de pérdida de voto duro", afirmó el también alcalde de Sucre (Caracas), al tiempo que se mostró convencido de que Capriles conservará los 6,5 millones de votos que obtuvo en la elección pasada.

Así, mientras algunos todavía lloran y otros celebran la ausencia del carismático líder venezolano, la campaña transcurre bajo su alargada sombra. Gane el gobierno o la oposición, el capítulo que está por abrirse viene marcado a fondo por su presencia, elevada, incuestionablemente, a la categoría de mito, pero con profundas consecuencias más allá de lo que, por ahora, es posible anticipar.

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