| 11/6/2012 1:23:00 PM

Elecciones 2012: La campaña más cara de la historia

En tiempos de crisis económica, los ajustes se multiplican por todas partes. Excepto en lo que atañe a las elecciones presidenciales en EE.UU, que van camino de reventar el récord establecido hace cuatro años en cuanto a recaudación se refiere.

Si en 2008 la campaña demócrata empleó unos US$760 millones en hacerse con los poco más de 69 millones de votos que permitieron a Barack Obama doblegar a su adversario, John McCain, lo que representa algo más de 10 dólares por voto, en 2012 ambos partidos podrían rondar la cifra de US$1.000 millones invertidos en defensa de sus candidatos.

Unas cantidades astronómicas necesarias para pagar a los enormes equipos de campaña de ambos aspirantes, mantener oficinas en los distintos estados del país, realizar encuestas, comprar espacios en prensa, radio, televisión e internet para difundir sus mensajes y viajar por todo el territorio para pedir el voto a los electores. Alcanzar el Despacho Oval cuesta mucho dinero y para lograrlo, los candidatos no escatiman esfuerzos, convirtiendo la lucha por las contribuciones en un elemento central de sus actividades.

Desde 1976, los aspirantes a la Casa Blanca tienen a su disposición un sistema de financiación pública que les permite sufragar sus gastos de campaña a cambio de comprometerse a no superar un tope determinado. Pero ese mecanismo ha entrado en declive en beneficio de los fondos privados, lo que ha originado una continua escalada de la recaudación electoral.

No solo los candidatos saturan la líneas pidiendo donaciones, sino que los propios partidos, los comités de acción política (PAC) y otros grupos de presión demandan dinero para influir en la contienda. Desde 2010, un nuevo elemento se ha introducido en el juego. Se trata de los supercomités de acción política (súper PACs), organizaciones que pueden gastar fondos de forma ilimitada en apoyo de un candidato siempre y cuando no tengan ningún tipo de conexión con la campaña del mismo. Son estos súper PACs los que han revolucionado verdaderamente el partido.

Las bolsas de los candidatos
Hasta el mes de agosto, los republicanos habían logrado recaudar US$784 millones , por los 779 millones de dólares que habían conseguido amasar los demócratas.

 Dichas cifras incluyen los fondos a disposición de los respectivos comités nacionales -para gastar tanto en la campaña presidencial como en las contiendas para la Cámara de Representantes y el Senado- así como el dinero invertido por los súper PACs afines al candidato correspondiente.

A fecha de 31 de agosto, las donaciones en favor de Barack Obama ascendían a 432.197.459 dólares, de los cuales su campaña había invertido ya 345.723.446 dólares. Quedaban, por tanto, cerca de 89 millones de dólares en la caja. A lo largo de dicho mes, el presidente lograba recaudar US$84 millones, por los 67 millones que fueron a parar a las arcas de su rival, Mitt Romney, revertiendo así la tendencia negativa de los meses anteriores.

El republicano cerraba agosto con 279.343.000 dólares recaudados desde que se postulase para la Casa Blanca. De ellos, había invertido 228.921.635 dólares, quedándole poco más de 50 millones sin gastar.

En septiembre, espoleado por el buen resultado de la Convención Demócrata, Obama recaudaba 181 millones de dólares, procedentes de las donaciones efectuadas por 1,8 millones de personas. El 98% de las mismas eran de menos de 250 dólares, en consonancia con lo que ocurrió hace cuatro años,cuando Obama se benefició de una formidable maquinaria que se nutrió de pequeñas aportaciones individuales.

La campaña de Romney, por su parte, salió reforzada del buen desempeño del candidato en el primer debate también en el apartado monetario, recibiendo doce millones de dólares a través de internet en las 48 horas posteriores al cara a cara. De dichos donantes, un 60% aportaba dinero por primera vez. En el conjunto del mes, el republicano amasó un total de 170 millones de dólares.

Pero más allá de las cifras totales, la verdadera diferencia entre estas dos maquinarias recaudatorias perfectamente engrasadas se establece en la procedencia de los fondos. Mientras el 37,3% del dinero recaudado por la campaña de Obama hasta finales de agosto procedía de pequeñas contribuciones, en el caso de la de Romney el porcentaje bajaba hasta el 16,6%.

Entre las principales organizaciones que habían contribuido a la campaña de Obama figuraban la Universidad de California, Microsoft, Google y la Universidad de Harvard. Por su parte, Romney, se beneficia de la generosidad de Goldman Sachs, que ha entregado casi un millón de dólares a su campaña, Bank of America, JP Morgan Chase y Morgan Stanley.

Por sectores de actividad, Obama tiene su principal fuente de apoyo financiero en los abogados mientras que Romney se alimenta sobre todo de las empresas de finanzas y seguros.

La irrupción de los súper PACs
Más oscuras son las actividades de los súper PACs. Desdiciéndose de su anterior oposición a estos organismos a los que el Tribunal Supremo dio vía libre en 2010, Barack Obama bendice ahora la labor de «Priorities USA», controlado por dos exfuncionarios de la Casa Blanca, Bill Burton y Sean Sweeney, y que llevaba recaudados más de 35 millones de dólares a finales de agosto.

Entre sus principales donantes aparecen figuras como Jeffrey Katzenberg, director ejecutivo de DreamWorks Animation; el actor Morgan Freeman, que ha entregado un millón de dólares a la causa; o James H. Simons.

Mitt Romney, por su parte, tiene como principal respaldo a «Restore Our Future», que llevaba amasados más de 96 millones de dólares a finales de agosto, siendo sus más destacados contribuyentes Sheldon Adelson, el magnate que está detrás de Eurovegas, quien ha aportado cinco millones de dólares, idéntica cantidad a la entregada por su esposa; el constructor texano Bob Perry; o Robert Mercer, CEO de Renaissance Technologies, uno de los 'hedge funds' más grandes del mundo.

El exbogernador de Massachusetts cuenta también a su favor con la labor de «American Crossroads», una organización capitaneada por el antiguo gurú de George W. Bush, Karl Rove, que lleva invertidos más de 50 millones de dólares en campañas contra los demócratas.

Cifras mareantes de dinero circulan por la arena política estadounidense con la esperanza de que los dólares se traduzcan en votos el 6 de noviembre mientras arrecian las voces que claman por una redefinición de las normas que regulan la financiación de las campañas. Ni Obama ni Romney parecen demasiado incómodos con las actuales, que permitirán batir un nuevo récord de gasto... hasta que lleguen los próximos comicios presidenciales.
                                                               
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