| 5/1/1993 12:00:00 AM

El Zafarrancho del banano

Más que la cerveza, las salchichas o los Mercedes Benz, los alemanes aman el banano. Un tercio de las importaciones de la fruta a la CEE van para ese país.

La conocida pasión alemana por los bananos ha dado origen a una batalla que amenaza convertirse en guerra. Los alemanes, quienes son los campeones mundiales en el consumo de bananos (17,5 kilos per capita por año) pelean contra los franceses, los ingleses, los portugueses, los españoles y los griegos, por la millonaria fruta arqueada. Escenario: la Comunidad Económica Europea, la Corte Internacional Europea, el GATT, muchas ex colonias y varios países latinoamericanos, entre los que figura Colombia. Todo por las restricciones impuestas por la CEE.

Los primeros combates verbales se dirimieron a gritos. Helmut Kohl ordenó buscar cualquier pretexto, estudiar cualquier maniobra, para detener el complot. El recién nombrado ministro de Alimentación, Jochen Borchert, amenazó con un pleito ante la Corte Internacional Europea. Los belgas se unieron, al igual que las grandes compañías norteamericanas, Chiquita Brands International, Delmonte, y Dole, las que dominan el mercado alemán y temen por sus jugosas ganancias. Los productores latinoamericanos se sumaron con su protesta ante el GATT.

Entre tanto el ex ministro de Agricultura francés, Jean Pierre Solsson no podía ocultar su felicidad por el triunfo: "Hemos ganado la batalla". Con el respaldo de españoles, italianos, portugueses, ingleses, griegos y daneses logró impulsar el pacto bananero que dejó tres grandes perdedores: el consumidor alemán, las multinacionales norteamericanas, y los más eficientes productores, que son los latinoamericanos. La disputa en torno a la fruta amarilla ya no es sólo entre franceses y alemanes; lo es igualmente entre la Comunidad Económica Europea y los Estados Unidos.

La gota que rebosó la copa fue la asignación y adjudicación de cuotas y cupos de importación de banano a la CEE, mecanismo que utilizan hasta los más fervientes creyentes en el comercio internacional. En este caso la base para las asignaciones fue la demanda europea de banano latinoamericano en 1990, que estaba fijada en 3,7 millones de toneladas. Según las nuevas pautas, los exportadores de banano latinoamericano tendrán una cuota de 2 millones de toneladas, o sea, 400.000 menos que las importadas en 1992 por la zona europea de banano latinoamericano (Alemania, Bélgica, Dinamarca, Holanda y Luxemburgo). Para la mencionada cantidad, a partir de julio, habrá unos aranceles del 20%. Cada banano extra tendrá una sobretasa del 150%, quedando el arancel en 170%.

La demanda europea deberá ser copada con las 854.000 toneladas de bananos de la comunidad (islas Canarias y posesiones de ultramar) y 852.000 toneladas de los llamados bananos ACP (Africa, Caribe y Pacífico). El resultado no sorprende a los entendidos, puesto que Francia defiende los intereses de Martinica, Guadalupe y Camerún; Inglaterra los de Jamaica; Portugal los de Madeira; España los de las islas Canarias; y Grecia los de Creta. Francia, una vez más, vuelve a imponer su supremacía agraria. En el mercado libre, el banano latinoamericano tendría todas las de ganar frente a los costosos bananos de la Comunidad y de la ACP.

Parecía evidente, de tiempo atrás, que los alemanes tendrían que

perder sus bien amados privilegios bananeros. Ni aún el "protocolo bananero" de 1957 de Konrad Adenauer hubiera podido oponérsele a la propia dinámica del mercado interno. En aquella oportunidad el canciller alemán logró asentar, en acta secreta de un convenio de la antigua Comunidad, la importación de bananos libre de impuestos exclusivamente para Alemania. Los actuales negociadores alemanes se esforzaron en vano por vender la idea de unificar impuestos entre el 20% y el 25% para todos los bananos, tanto los latinoamericanos como los ACP.

Poca esperanza tienen los alemanes de volver a adquirir Ia fruta tan preciada a tan bajos precios. Sin embargo, gracias a que la xenofobia alemana no se dirige contra la fruta extranjera, podemos augurar que pagarán más sin que ocurra desastre alguno.

También puede suceder que después de todo el pataleo haya un compromiso. La presión es muy fuerte para subir la cuota sin sobretasa de los países latinoamericanos en 400.000 toneladas, para que quede al mismo nivel de sus exportaciones de 1992. También los latinoamericanos están luchando por reducir el arancel del 170% para las exportaciones adicionales. Si se lograra bajarlo a 60%, algunos exportadores empezarían a respirar nuevamente.
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