| 1/1/1993 12:00:00 AM

El poder de un país árabe

Un paisa mandó dos camiones cargados con ropa de cama y almohadas a Venezuela, los primeros días de enero cíe este año. A pesar de que los presidentes habían anunciado con bombos y platillos la zona de libre comercio, los camiones fueron parados en la aduana venezolana, exigiendo el pago del arancel correspondiente. El paisa alegó que ya no había que pagar aranceles, pero los aforadores venezolanos adujeron que no habían recibido la Gaceta oficial con el decreto. El paisa pagó el arancel, sabiendo que en Colombia ya no se estaban cobrando tarifas a las importaciones venezolanas, y que en una o dos semanas podría entrar la mercancía sin pagar derechos de aduana. "Yo lo que quiero es llegar primero. No me importa si ahora me cuesta un poquito más. Pero el que pisa primero, pisa dos veces".

Esta anécdota refleja bien lo que ha sido la apertura con Venezuela para los empresarios colombianos. Lo que está pasando con el vecino país bien se puede comparar con la colonización antioqueña en su época. Como dijo un industrial

necesitábamos que los Presidentes dejaran de hablar del golfo, para que descubriéramos a Venezuela ".

La apertura con Venezuela tuvo muchos opositores, pero rápidamente se vio la bondad de la medida. Un ejemplo clásico es el de los abonos. La industria de abonos colombiana es estatal: Monómeros Colombo Venezolanos pertenece al IFI y Ecopetrol en su parte colombiana y Abocol está en manos del Estado después de la desaparición del Grupo Grancolombiano. Cuando se negoció el arancel externo común, los gobiernos de ambos países acordaron dejar en 5% el nivel para la urea, que produce Venezuela, y el amoniaco, que produce Colombia en Amocar, filial de Abocol. Los abonos quedarían en niveles de 5% los simples y 10% los compuestos (fósforo, nitrógeno y potasio) en Colombia y 5% en Venezuela.

¡Quién dijo miedo! El gerente de Abocol llegó hasta el presidente de la República, a decir que los funcionarios de los ministerios de Desarrollo y Comercio Exterior "se iban a tirarla industria nacional-. La razón era que los abonos simples tenían el mismo arancel de las materias primas `o sea que todo el mundo va a importar abonos", y Venezuela podía importar abonos compuestos a una tasa del 5%, "así que nadie va a comprar abonos colombianos". Un mando medio de la misma empresa les dijo a los burócratas de turno: "ustedes le están haciendo el juego a Venezuela, lo que ellos quieren es que Amocar se quiebre y comprarla bien barato ". Después de semejante Apocalipsis, nos encontramos que a marzo de este año Colombia le había vendido a Venezuela US$ 3.5 millones en abonos compuestos, hechos con urea venezolana y amoniaco colombiano, cuando en todo el año pasado las ventas fueron de US$ 1,5 millones.

Las economías colombiana y venezolana se complementan en muchos aspectos. La industria venezolana se caracteriza por ser una industria pesada. Los principales renglones son el siderúrgico y el petroquímico. Paralela al sector siderúrgico se ha desarrollado una industria metalmecánica y automotriz. Con la petroquímica se ha desarrollado el sector de derivados como plásticos y fibras textiles.

En general, la industria colombiana es mucho más competitiva que la venezolana. Las exportaciones colombianas a Venezuela el año pasado fueron cercanas a US$ 430 millones. Este año se espera exportar mas de US$ 1.000 millones y es muy posible que se cumpla esa meta. La balanza comercial es positiva para Colombia, a pesar de que se importa gasolina de Venezuela. Las importaciones provenientes de Venezuela fueron en 1991 de US$ 351 millones. Como se ve en el cuadro, Colombia exporta todo tipo de productos a Venezuela, mientras que en el otro sentido no hay un solo bien de consumo final dentro de los 10 mayores rubros.

Venezuela todavía no ha devaluado para alcanzar una paridad real competitiva. Los cantos de sirena que anunciaban un desastre comercial, con un bolívar devaluado y un peso revaluado demostraron estar totalmente equivocados. En Colombia se ha frenado la tendencia a la reevaluación. La combinación de estas dos fuerzas se traduce en que los productos colombianos seguirán siendo competitivos en el vecino país por mucho tiempo.

En lo que sí le lleva Venezuela una gran ventaja a Colombia es en el sector financiero. La madurez del mercado venezolano en la Bolsa y en la profundización de operaciones del sector financiero es producto de una economía abierta en el aspecto cambiario por mucho tiempo. Venezuela está mucho mas insertada en el mercado internacional que Colombia, que sufrió los rigores del control cambiario durante mas de 24 años.

Ya hay proyectos de integrar las bolsas de Caracas con las de Bogotá y Medellín. Van a ofrecerse papeles venezolanos en el mercado colombiano, en especial los bonos cero cupón, denominados en dólares. Ya hay un puesto de bolsa en Bogotá con capital venezolano y finalmente se levantaron las restricciones a la entrada de bancos colombianos en Venezuela.

La práctica ha demostrado que Colombia y Venezuela estaban listas para integrarse. Solo faltaba un empujoncito, con el que se ha generado un efecto dominó, que no tiene marcha atrás, y con el cual el paisa que llegó de primero con los camiones a la frontera no está solo. Como dijo un corredor de bolsa colombiano que está haciendo negocios en Venezuela ";Que rico vivir en esta época!"
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