| 7/1/2013 11:43:00 AM

El fin del idilio de España con Europa

Desde 2007, los índices de aprobación de la Unión Europea en España se han reducido casi a la mitad.

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BBC
En una playa de Andalucía, una pareja en apuros me explica por qué sus actitudes hacia el organismo internacional han cambiado tan dramáticamente en los últimos años.

En la playa de Torre del Mar (Málaga) hacen casi 30 grados centígrados y María Dolores y su esposo José muestran su incipiente enfado mientras sacan las tumbonas de plástico de una caseta.
José se tropieza con el cuenco de agua del perro y suelta una palabrota.

Está cansado y hace calor y hoy no quiere ser José, el de las tumbonas. Preferiría ser José, el funcionario, con la comodidad del aire acondicionado. Pero como su horario de trabajo y su salario se redujeron hace dos años tiene que dedicarse también a esto para llegar a fin de mes.

"¿Por qué no les quitan los trabajos a los de arriba en lugar de a los de abajo?", refunfuña mientras va sacando las tumbonas.

"Son siempre recortes, recortes y recortes. Sé que tenemos una gran deuda en España, pero la presión que tenemos para pagar eso tan rápido nos está destrozando", se lamenta.
María Dolores recoge el dinero que le da una turista que llega bronceada con un bikini, mientras le habla alto y despacio señalándole el sol y haciéndole signos para mostrarle que hace muchísimo calor y que tiene que tener cuidado para no quemarse.

"Esta es muy simpática", me dice. "Aunque sea alemana... No como la Merkel".

José resopla. Dice que tampoco le agrada la canciller alemana, Angela Merkel, ni de la Unión Europea que lidera.

Como el resto de la comunidad autónoma de Andalucía, Torre del Mar se benefició ampliamente de la entrada de España en la Unión Europea en 1986.

El largo camino pavimentado con palmeras, las ciclovías y los chiringuitos (los bares en la playa) se construyeron en buena parte gracias a los fondos de la Unión Europea. Y el dinero de la UE también está detrás de un sinfín de escuelas, carreteras y otros proyectos en la región.

En la época del surgimiento, cuando España era un país menos desarrollado y económicamente débil que salía del aislamiento del régimen de Francisco Franco, la Unión Europea era vista como benefactora y benévola.

Ahora, después de una larga crisis económica que ha dejado al 27% de la población desempleada, se la ve como un organismo matón y beligerante que está humillando a España con sus medidas de austeridad.

Un poco más abajo en la costa, en un parque cercano, un grupo de jubilados juega a la petanca -un juego de lanzamiento de bolas- a la sombra.

Las pesadas bolas plateadas reflejan el sol mientras ruedan por el suelo y se chocan entre sí.
Surge un murmullo de descontento cuando Antonio, un hombre grande y ruidoso, vuelve a ganar, escupe en su pañuelo y se limpia la cara enrojecida.

"Oh, deja un poco de gloria para los demás", le dice Miguel, un hombre canoso y vivaz de 70 años.
Ellos recuerdan cómo se vivía con Franco y consecuentemene los tiempos de esplendor que siguieron a la caída de su régimen y la transición. En la época del auge de la economía española, con los fondos estructurales de la Unión Europea y una década de bonanza del sector inmobiliario, todo marchaba viento en popa.

Los días en los que "todo era posible"

"En aquellos días, todo parecía posible", dice Miguel con un cierto tono de tristeza, "pero ahora, ¿dónde se ha ido el dinero?. El problema es que la Unión Europea ya no es un colectivo, sino que tiene reglas diferentes para cada país".

"Estamos en crisis", murmura Antonio mientras golpea las bolas entre sí, irritado. "Necesitamos ayuda pero la canciller Merkel lo único que hace es decirle a nuestro presidente (del gobierno, Mariano Rajoy) que debe cortar el déficit y nuestras pensiones".
Si pudiera, apunta, "recortaría a todos esos políticos de la UE a los que no elegimos".

Cuando dejo el parque, me doy cuenta de que el calor es cada vez más fuerte y eso parece haber tomado a los vecinos por sorpresa.

Muchos tienen las piernas quemadas por el sol y todos están sudorosos y algo malhumorados.

De vuelta a la playa, María Dolores corta un pedazo de jamón para dárselo a una pareja de perros flacos que merodean bajo la mesa de picnic.

Uno de ellos huele la carne y salta rápidamente hacia ella, lanzando arena a los pies de José. Suelta unas palabortas malhumorado y María Dolores hace un chasquido con la lengua en señal de reproche.

"Son los perros de nuestros hijos", explica. "Los dos se han ido a Inglaterra a trabajar. Ahora están de camareros".

"Cuando hablo con ellos por teléfono noto que están nostálgicos pero, claro, no pueden volver porque no hay nada para ellos en España".

"Esto es todo lo que me queda de mi familia", lamenta mientras acaricia al perro pacientemente.
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