| 3/30/1998 12:00:00 AM

Ecuador en las difíciles

A paso lento y en medio de grandes dificultades, la reforma constitucional va dando nueva forma al vecino que tendremos en el siglo XXI.

Ecuador está viviendo un momento crucial en su historia. Durante la primera mitad de 1998 define una nueva Constitución y elige un nuevo presidente, lo cual pondrá punto final a la crisis iniciada el año anterior con destitución de El Loco Abdalá Bucaram. Lo que ocurra en los próximos dos meses determinará el curso que seguirá nuestro vecino en el nuevo milenio.



El proceso político no ha sido fácil. Además de los fuertes vaivenes que son tradicionales en este país, éste se ha visto rodeado de situaciones poco comunes. A principios de marzo de 1998 se llegó a rumorar un golpe de Estado. La evolución de la economía tampoco ha ayudado a tener una marcha tranquila, pues en menos de tres meses los ecuatorianos fueron golpeados por los devastadores efectos del fenómeno de "El Niño" primero y por la caída de los precios del petróleo después.



El tiempo apremia. La Asamblea finaliza el 30 de abril y el afán de sus 70 miembros es lograr que los temas fundamentales se discutan antes del 31 de marzo, fecha límite para la inscripción de los candidatos para las elecciones presidenciales del 31 de mayo. De otra forma, la campaña electoral podría generar serias interferencias con el debate constitucional.



Pero también hay factores claramente positivos. A pesar de las dificultades y vaivenes de la transición, la reforma a la Carta podría dar al Ecuador las bases para lograr un país más moderno en su economía, más abierto a la inversión extranjera y con un régimen presidencial más sólido.



Los temas fundamentales



En vista de que el proceso de aprobación final de la reforma constitucional se ha empantanado en las discusiones de las siete comisiones encargadas, el presidente de la Asamblea, Oswaldo Hurtado, propuso circunscribir la reforma a cuatro temas fundamentales: gobernabilidad y sistema político, descentralización, plurinacionalidad y sistema económico (ver recuadro). Pero son la parte política y la económica las que concentran los cambios más significativos.



En política, se destaca el fortalecimiento del régimen presidencial al quitarle al Congreso, entre otros, el poder de destituir ministros y de hacer reformas al presupuesto. El régimen presidencial aparece fortalecido, pues no hicieron carrera las propuestas de avanzar hacia un sistema semipresidencial o parlamentario.



En forma curiosa, se aprobaron dos sistemas electorales. Uno para las elecciones del 31 de mayo y otro para los comicios del 2002 en adelante. En las de mayo próximo, el ganador en primera vuelta tendrá que serlo por mayoría. En las del 2002, y también en las posteriores, si un candidato tiene el 40% del voto con una diferencia de 10 puntos sobre su inmediato seguidor, será el ganador sin necesidad de la segunda vuelta. Al parecer, la no aplicación de este sistema en mayo próximo tenía el propósito de quitarle ventaja al candidato Jaime Nebot, que usualmente ha ganado en primera vuelta y es derrotado en la segunda. Al final, Nebot decidió no participar en las elecciones presidenciales. Pero la reforma ya está aprobada.



En el campo económico, se discuten el fortalecimiento de la independencia del banco central, la definición y puesta en marcha de mecanismos que favorezcan la inversión extranjera y la ampliación de la cobertura de salud a otras entidades diferentes al Seguro Social. Específicamente en inversión extranjera, se está considerando una mayor apertura en sectores estratégicos como energía, minas e incluso petróleo.



De otro lado, a pesar de que las reformas que están en discusión tienen un contenido trascendental, la discusión en la Asamblea y en los medios de comunicación ha estado dominada por la "pequeña política". Tres bloques mayoritarios controlan la Asamblea. El conformado por el Frente Alfarista y el Partido Liberal, liderado por Juan Castañer; el Social Cristiano, de Marcelo Santos; y el del Centro-Izquierda ­integrado también por los indígenas­, de Julio César Trujillo.



La situación se puso especialmente tensa en marzo al presentarse una petición de suspensión de las elecciones presidenciales, con el argumento de que ellas no permitirían enfrentar adecuadamente el fenómeno de "El Niño". Dentro de la intensa controversia que siguió, se alcanzó a hablar de colocar a Hurtado en el Ejecutivo hasta el año 2002. En la pelea, los cuatro proponentes pertenecientes al bloque Social Cristiano fueron expulsados de la Asamblea, pero después perdonados y acogidos de nuevo.



Otro incidente fue la propuesta de crear un puesto vitalicio en el Congreso para los ex presidentes. La propuesta fue derrotada por abrumadora mayoría, con sólo dos votos a favor. Al final se supo que la idea provino del bloque Alfarista, del presidente Alarcón.



A un año de "El Loco"



Llama la atención que un año después de que la difícil situación económica y unas reformas impopulares causaron la caída de un presidente y la convocatoria de una Asamblea constitucional, el panorama económico del Ecuador sigue igual o peor que al principio.

La propuesta de la reforma a la Carta surgió a partir de la destitución de Bucaram en febrero de 1997. La legitimidad de esta iniciativa se sustentó en las multitudinarias protestas contra el plan de choque económico de El Loco Bucaram, llamado el paquetazo. Y la necesidad de un urgente reordenamiento político se evidenció con el hecho casi increíble de que Ecuador tuvo tres presidentes en un solo día: el mismo Bucaram, la vicepresidente Rosalía Arteaga y el presidente del Congreso, Fabián Alarcón.



Al final, Alarcón quedó como presidente. Pero las cosas han cambiado poco dentro de su mandato.



La incertidumbre política, la inacción en el campo económico para frenar el galopante deterioro de las finanzas públicas, con un déficit que se calcula para el final de este año en 4,5% del PIB ­cerca de US$1.000 millones­ y las catástrofes naturales ­que han dejado pérdidas por US$803 millones­ hacen que el panorama sea muy parecido al que se tenía antes de la salida de Bucaram.



En estos momentos, el gobierno se ve a gatas para buscar fondos que le permitan compensar las pérdidas generadas por la caída de los precios del petróleo. Mientras que el presupuesto público para el 98 contaba con un precio del petróleo de US$16 por barril, ahora éste apenas llega a casi US$13 el barril.



Un proyecto para aumentar el IVA al 14% y eliminar sus exenciones, lo que generaría US$480 millones, se encuentra represado en el Congreso. En un estado similar se encuentra un proyecto de recorte de US$280 millones en el gasto público. Como es normal, muchos parlamentarios se oponen a elevar impuestos, más aún en época de elecciones. Pero el presidente Alarcón no ha demostrado la decisión necesaria para sacar adelante estos proyectos. Si por algo se ha caracterizado su gobierno es por el hábito de diluir el tiempo haciendo cálculos políticos y evitar la toma de decisiones de fondo, lo que ha contribuido a la incertidumbre general.



Y la indecisión de Alarcón ha llevado a que en el Congreso se le considere un presidente débil. En su corto gobierno han hecho carrera los llamados "ministros fusibles", que parecen estar ahí para ser "quemados" por un Congreso que de tiempo atrás ha convertido la moción de censura en un deporte nacional. Sus blancos favoritos han sido los ministros de Energía y de Gobierno. En la actual administración, un ministro de Energía y uno de Gobierno ya han pasado por este colador.



Los próximos dos meses son para el Ecuador el equivalente a los últimos y agotadores 400 metros de una maratón de 10.000. Lo importante es que en este tramo definitivo no se les acabe el aire a los buenos corredores, para permitir que salgan adelante las reformas clave que permitirían modernizar las instituciones fundamentales en el país.
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