| 9/21/2012 6:00:00 PM

"Ecce Homo" de España sigue dando de qué hablar

La imagen aparece en camisetas, celulares, tazas de café y etiquetas de vino. Una jubilada de 80 años que hace semanas estaba compungida por el escándalo mundial desatado por su fallida restauración, ahora que se le pague por su obra.

La pintura en una iglesia del pueblo de Borja fue por décadas una obra casi desconocida, creada por un artista español prácticamente sin fama. Después de que Cecilia Giménez la desfiguró, la obra ha encontrado nuevos seguidores como un icono internacional que se usa para vender productos de todo tipo.

Los abogados de Giménez comenzaron a investigar si esta notoriedad podría servir para obtener alguna ganancia, aunque con el propósito de ayudar a la beneficencia.

El fresco muestra a cristo con una corona de espinas antes de la crucifixión, un pasaje conocido como "Ecce Homo" (¡He aquí el hombre!, las palabras pronunciadas por Poncio Pilato al presentar a Jesús ante la multitud que pedía su muerte). Permaneció casi en el anonimato en la Iglesia de la Misericordia desde que fue pintado en 1930, hasta que Giménez, quien por años fue devota de la imagen, decidió que era hora de rescatarla de los daños causados por la humedad en la iglesia,

La historia de la restauración le dio la vuelta al mundo y el solemne Ecce Homo fue apodado como "Ecce Mono", en una burla a los rasgos simiescos que le pintó Giménez.

Pero entonces algo todavía menos esperado ocurrió.

La ciudad se convirtió en un destino turístico a donde llega gente que quiere ver la obra. El frenesí ha sido tan grande que la fundación Sancti Spiritus, propietaria de la iglesia y santuario, recientemente comenzó a cobrar la entrada, un euro por visitante. En internet, la gente rápidamente ha creado sus versiones, aparentemente infinitas del "Ecce Mono" y las ha incorporado en toda una serie de productos que se promueven en línea.

Los abogados de Giménez dicen que su representada no tiene interés en interferir en lo que está cobrando la fundación por ver el fresco, pero están investigando la posible violación a los derechos de autor de lo que ella creó. Si tiene derechos, dijo el abogado Antonio Val Carreras Rivera, Giménez podría pedir que se le pague por usar la imagen para vender productos, aunque aclaró que lo que gane sería destinado a la caridad.

La "pintora" está interesada en apoyar a grupos que ayudan a personas con distrofia muscular congénita porque tiene un hijo con esa enfermedad.

La fundación Sancti Spiritus está en medio de su propia batalla legal sobre lo que debería hacer con el fresco. No sabe si debe restaurarlo para que regrese a su estado original o si deja la obra de Giménez en la pared de la iglesia. Todavía está por verse si, como dicen los expertos, se puede recuperar el original.

Giménez está agradecida por los mensajes de apoyo que ha recibido de todo el mundo, dijeron sus abogados en un comunicado. Y se arrepiente y condena que las marcas comerciales estén explotando financieramente una situación que surgió como un acto de buena fe y que debería quedar por encima de los intereses de lucro, agregaron en su comunicado.

Sancti Spiritus quiere buscar una segunda opinión de expertos en arte sobre lo que se puede hacer con la pintura antes de consultar con abogados, dijo el presidente de la fundación, Francisco Miguel Arilla, quien es también alcalde de Borja, una población con unos 5.000 habitantes.

Aunque Giménez podría seguir siendo la propietaria de lo que pintó sobre el fresco, la fundación no está segura de quién es el dueño del original, ya que podría ser la fundación o los 16 nietos del pintor Elías García Martínez. Y los herederos de Martínez viven por toda España, agregó Arilla, quien consideró que el proceso para resolver la situación de la pintura será largo.

Mientras tanto, Borja está tratando de lidiar con su nueva fama. Aunque el pueblo es conocido por su vino, es la primera vez que atrae un gran número de turistas.

Cerca de 1.000 personas pagaron por ver la pintura el fin de semana pasado y el número de visitantes promedio fue de 100 esta semana. El cambio también ha generado la necesidad de tener trabajadores adicionales en el santuario para controlar a la gente, agregó Arilla.                                                                
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