| 9/28/1998 12:00:00 AM

Contra el terrorismo, entrenamiento

En la era del terrorismo internacional, los ejecutivos de las grandes empresas se preparan para enfrentar cualquier sorpresa.

John McCann, un consultor de Nueva York, entendió que se había metido al barrio equivocado en Dilley, Texas, cuando pasó frente al quinto montón de carros oxidados. Antes de que pudiera devolverse, un hombre con un rifle salió de repente de las ruinas de un Cadillac y le disparó directamente al panorámico. Las balas explotaron en globos de pintura rosada al chocar contra el vidrio.



Los asaltantes eran instructores de International Training Inc., ITI, y McCann estaba participando en un curso para aprender a enfrentar asesinos y terroristas. No parece el entrenamiento típico de un consultor internacional, pero este tipo de cursos se están volviendo comunes para los ejecutivos que viajan a lugares peligrosos.



"Hoy en día los ejecutivos que viajan a algunas partes de Latinoamérica y el Medio Oriente se están metiendo en verdaderos focos de terrorismo y violencia", dice Robert Lukens, director de operaciones en el centro de ITI en Dilley. Antes de retirarse de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Lukens se desempeñaba como oficial en la Oficina de Investigaciones Especiales. Ahora dirige un equipo de 10 formidables ex militares y ex oficiales de la fuerza pública, quienes les enseñan a los altos ejecutivos a reconocer el peligro, evitar convertirse en blanco de ataques y conducir y disparar para salir de situaciones de peligro.



Como parte del entrenamiento, a los estudiantes se les muestran fotografías que ilustran el asesinato terrorista del presidente del Deutsche Bank, Alfred Herrhausen en 1989, cuando un escudo de seguridad de 30 hombres falló a la hora de salvarlo. Nadie se preocupó por un grupo de obreros que trabajaron durante varios días muy cerca de la casa de Herrhausen, pero fueron ellos quienes construyeron la bomba a control remoto que lo mató.



Otra clase estudia las fotografías del camino que seguía en su automóvil el hijo adolescente de una adinerada familia de México para ir al colegio todas las mañanas. El muchacho no se dio cuenta de que en dos días consecutivos había un carro varado en una salida de la autopista y no cambió de ruta. Los secuestradores lo raptaron al tercer día (fue liberado tras el pago de un fuerte rescate). En otra sesión, Robert Lukens señala en una pantalla la foto de cuatro empleados de la Union Texas Petroleum Co. abaleados en Paquistán el año pasado. "Miren la foto", dice. "¿Estaban leyendo el periódico los guardias del asiento de atrás? Ellos deberían haber estado alerta sobre los carros sospechosos. No debieron utilizar la misma ruta todos los días".



La verdadera diversión comienza al día siguiente. Antes de salir a la pista de conducción, el grupo recibe lecciones de tácticas por parte de Thomas Harm, un ex policía de Texas. Los estudiantes, cada uno en un Pontiac Grand Prix dorado, alcanzan una velocidad de 150 kilómetros por hora, esquivando conos y saliéndose del camino para evitar ser acorralados. Después se pasan a carros más viejos, para aprender cómo estrellarse contra los ejes traseros de los vehículos, bloqueando el camino y sacándolos de la vía.



"Yo tomé un entrenamiento con un grupo de ejecutivos", dice Barry Huges, director ejecutivo en una firma de abogados de Houston. "Cuando empezamos a estrellar los carros, los curtidos ejecutivos parecíamos niños pequeños".



Como reportero pude probar el curso. Estaba terminando mi segundo día de clases en ITI cuando presenté el examen final: manejar en una pista donde sería atacado por mis profesores. Lukens me dejó en la mitad de la vía con un walkie-talkie y un Chevy Malibu modelo 1978. Cuando hicieron la señal, entré a la pista. De pronto vi un carro detrás de mí. Otro salió de los arbustos y me rebasó. El primer carro comenzó a pasarme por el lado. Podía sentir el sudor en mi frente mientras el carro de adelante se detenía. Yo todavía estaba pensando qué hacer cuando el instructor del carro a mi izquierda disparó tres balas de salva en mi ventana. Adiós, mundo cruel.



"Usted debió haber estrellado el carro que tenía al lado izquierdo para sacarlo de la vía", decía fuertemente la voz del instructor Tom Harm en mi radio. "Habría podido pasar con rapidez al lado del otro carro y seguir su marcha a toda velocidad".



Este tipo de entrenamiento fue diseñado originalmente para los empleados del gobierno de Estados Unidos. Desde 1989 en las instalaciones originales de ITI en una zona rural de Virginia, con su campo de tiro y su pista de manejo, han sido entrenados empleados federales que están a punto de ser enviados a lugares peligrosos. Las instalaciones de Texas, abiertas oficialmente en junio de este año, atienden más clientes del sector privado. Los ejecutivos de ITI dicen que se han ubicado en Dilley, entre otras razones, porque el pueblo es conveniente para atender sus numerosos clientes de América Latina, en su mayoría mexicanos.



La clientela del sector privado ya casi equivale a la mitad de las inscripciones anuales en ITI. Compañías multinacionales como General Motors, Allied Signal y Coca-Cola generalmente pagan US$2.500 para preparar a un ejecutivo en un curso de tres días.



Fundada por dos antiguos oficiales de investigaciones especiales de la Fuerza Aérea, Jerry Hoffman y Gerald Smith, la escuela creció lentamente con negocios gubernamentales hasta principios de los noventa, mientras el mundo se hacía cada vez más peligroso y los ejecutivos viajaban con mayor frecuencia.



Hoy en día ITI forma parte de un conglomerado en el negocio de la seguridad, con base en Ohio, de propiedad de Kroll-O'Gara (con ganancias de US$190 millones 1997). Kroll-O'Gara es dueña de Kroll Associates, un grupo corporativo de inteligencia, y de O'Gara-Hess & Eisenhardt Co., la cual construye limusinas blindadas y otros productos de seguridad.



En julio pasado un antiguo estudiante, John McCann, consultor de Nueva York, estuvo en Caracas. En su primer día allá, en un intento de robo cerca de su hotel, asesinos locales atacaron sorpresivamente con pistolas a un ejecutivo estadounidense e hirieron de muerte a su esposa.



Al siguiente día, en la calle, McCann escuchó tres disparos. "Yo estaba trabajando para un banco y fui a ver a su presidente," dice McCann. "Cuando estaba llegando, oí los disparos. Rápidamente salté otra vez dentro del taxi. ITI me enseñó a moverme con rapidez, a buscar cobertura en aquellas situaciones en las que el miedo te puede paralizar".
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