| 11/6/2012 6:00:00 AM

¿Cómo se elige un presidente en Estados Unidos?

La lucha por obtener la presidencia de Estados Unidos por los próximos cuatro años entre Barack Obama y Mitt Romney aún es reñida. Las últimas encuestas muestran un empate. ¿Cómo se tomará la decisión final?.

Al primero de noviembre de este año la diferencia entre Barack Obama y Mitt Romney, según el portal Real Clear Politics que promedia todas las encuestas que salen en Estados Unidos sobre el tema, era prácticamente nada, pues el primero registraba una preferencia de 47,4% contra el segundo de 47,3%.

No obstante, hay que tener en cuenta que a diferencia de como sucede en Colombia, de llegar a presentarse un empate, en Estados Unidos no habría una segunda vuelta para escoger al que tomará las riendas de la mayor potencia del mundo en enero de 2013.

De esta manera, hay una gran expectativa sobre los resultados que se obtendrán hoy seis de noviembre.

El factor que definirá el nombre del nuevo presidente de Estados Unidos será el comportamiento de los votantes en los llamados swing states, es decir, los estados donde ningún partido ha tenido ventaja histórica y podrían inclinarse por cualquiera de los dos.

Según el sistema electoral de Estados Unidos, el presidente electo no es quien obtiene más votos, sino quien gana más puestos en el llamado colegio electoral. Cada estado contribuye con un número de votos para el colegio electoral, que depende del tamaño de su población.

Todos esos votos van, en cada estado, al candidato que gana. Por ese motivo, es vital para un candidato ganar en los estados más grandes. Entre los swing states que aportan más votos al colegio electoral están Ohio (con 18 votos), Florida (29), Pennsylvania (20), Michigan (16) y Virginia (13).

Algunos matemáticos se han lanzado a decir que la probabilidad de un empate no es despreciable y este escenario se daría si cada candidato alcanza la cifra de 269 colegios electorales. En caso de empate, la Constitución establece que la Cámara nombra al presidente y el Senado al vicepresidente y si las fuerzas legislativas se mantienen como hasta hoy –una apuesta mayoritaria–, el presidente sería Romney y el vicepresidente sería el actual, Joe Biden.

La elección más cara de la historia

Mientras la emoción persiste sobre quién será el próximo presidente de EE.UU., hay una cosa segura: ésta será la elección más cara de la historia, con un presupuesto total que lleva camino de superar los 2.000 millones de dólares.

Si bien las campañas de Barack Obama y Mitt Romney andarán cerca del récord conjunto de hace cuatro años, la gran diferencia está en la aparición en estos comicios de unas entidades -los llamados "superPAC"- que han generado un aluvión de millones tan exagerado que ya han surgido voces que piden una nueva reforma de la financiación electoral.

"El pueblo estadounidense está harto del sistema de financiación política y quiere una reforma total", reconoció a Efe Adam Skaggs, profesor de Leyes de la Universidad de Nueva York (NYU).

La enorme polarización de la política nacional en Estados Unidos en los últimos años ha ayudado a que el demócrata Obama, el republicano Romney y sus aliados respectivos estén amasando -y gastando- cantidades increíbles de dinero para intentar captar votos.

Según las cifras divulgadas en Washington por la Comisión Federal Electoral (FEC), la campaña de Obama había recaudado hasta el 17 de octubre 556 millones de dólares, mientras que la de Romney había obtenido 340 millones, lo que totaliza 896 millones de dólares.

A ese ritmo, y con más de dos semanas de obtención de fondos por delante hasta la votación del 6 de noviembre, las dos campañas llegarán a esa fecha habiendo superado la barrera de los 1.000 millones recaudados.

El récord absoluto está en los 1.113 millones de las elecciones de 2008 (en las que la campaña de Obama llegó a los 745 millones gracias a la extraordinaria popularidad del actual presidente en esa campaña).

Si bien este año las campañas oficiales no parece que vayan a superar esa cifra, entre los partidos políticos propiamente dichos, sindicatos, empresas y otras organizaciones (como los "superPACs"), han recaudado hasta ahora otros 1.003 millones de dólares, según las últimas cifras.

Si se suma el dinero destinado a las campañas para la renovación de la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, elecciones a gobernadores y el gastado por otros grupos independientes, el total de los próximos comicios podría rondar los 6.000 millones, según el "Center for Responsive Politics", una entidad independiente que estudia la financiación de la política en EE.UU.

Los "superPAC" son unas entidades surgidas tras una controvertida decisión que tomó en 2010 el Tribunal Supremo, en la que aprobó la creación de organizaciones que puedan captar cantidades de dinero ilimitadas de personas y empresas para canalizarlas a objetivos políticos.

Si bien los "superPAC" son en teoría independientes de las campañas de cada candidato, algunos de ellos son únicamente apéndices suyos, y los más próximos a Obama y Romney están dirigidos por personas ligadas a ellos, por lo que en la práctica son "brazos en la sombra" de las campañas, según afirma Skaggs.

A favor de Obama hay ocho "superPAC" y cinco en contra, mientras que Romney tiene once en su favor y siete que se movilizan contra él.

Las actuales normas establecen que una persona, empresa o entidad puede aportar un máximo de 2.500 dólares por candidato y elección, pero la sentencia de 2010 rompió definitivamente los esquemas al permitir las aportaciones ilimitadas para apoyar causas políticas no relacionadas directamente con las campañas.

Así, millonarios, grandes empresas, sindicatos y simples ciudadanos se han lanzado en los últimos años a una vorágine de gastos en defensa de sus puntos de vista, con lo que esperan ayudar a sus candidatos preferidos e influir en la adopción de medidas que les afectan o interesan.

Los dos grandes partidos, el Republicano y el Demócrata, han destinado hasta ahora 203 millones de dólares a la elección presidencial, mientras que empresas, sindicatos, individuos o entidades varias han gastado 310 millones.

Pero la palma se la llevan los "superPAC", con 490 millones de dólares, lo que lleva el total de dinero gastado hasta ahora por entidades externas a las campañas propiamente dichas a los citados 1.003 millones de dólares.

Skaggs lamenta que los "superPAC" hayan agravado el tradicional problema de que los grandes financieros de las campañas electorales tengan luego acceso a los políticos que apoyan para favorecer sus intereses.

"Se ha generado un vasto potencial para el escándalo y la corrupción", señala este profesor universitario, que considera que los excesos han generado no solo hartazgo en los ciudadanos, sino también la sensación en la clase política de que hace falta echar el freno.

Skaggs considera que existe "una creciente conciencia en que el actual sistema no funciona", por lo que "hay una posibilidad real" de cambio tras las elecciones.

Con EFE
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