Revista Dinero

Presidente Hugo Chávez.

| 3/6/2013 2:19:00 PM

Chávez y el niño que vendía “arañas”

“Chicos, ¿ustedes quieren arañas?”, les preguntó el presidente Hugo Chávez a los dos reporteros que aquella tarde del 29 de mayo de 1999 lo entrevistaban en una suite del hotel Santa Clara, en Cartagena.

Los periodistas se miraron desconcertados y en un primer momento asociaron la pregunta con una frase que el mandatario les había disparado, mitad en serio y mitad en broma, al saludarlos: “me imagino que vienen cargados de ponzoña”.

Pero no. Chávez se paró junto a la ventana de su suite, abierta de par en par, y señaló con su índice a un niño vendedor callejero que llevaba en sus manos una caja de cartón llena de cocadas. “Cuando chamo, yo vendía esos dulces en Los Rastrojos, mi pueblo, allá en Barinas. Se llaman arañas y los preparaba mi abuela Rosa Inés”, explicó Chávez.

La charla se fue por el atajo de las evocaciones. El presidente venezolano se olvidó por un momento de su oferta coyuntural de ir a visitar a ‘Tirofijo’ en su campamento para desempantanar los diálogos de paz entre las Farc y el entonces presidente Andrés Pastrana. También dejó de lado las explicaciones sobre su primer proyector releccionista y se entregó a una evocación de su infancia, cuando la venta de aquellas golosinas hechas de papaya le ayudaba a paliar el hambre.

El periodista Víctor Vargas, a la sazón editor internacional del periódico El Tiempo, uno de los dos entrevistadores, le explicó a su vez de que estaban hechas las variaciones colombianas de las “arañas”: “Presidente, aquí son un manjar hecho a partir del coco –le explicó- pero también les sirven a varias familias para sobrevivir”.

Chávez le ordenó a su jefe de seguridad alcanzar al vendedor y comprarle la caja completa de “arañas”. La escena que se divisó desde la ventana de su suite lo movió a hilaridad. El vendedor vio venir hacia él a un grupo de escoltas, les entregó la caja y levantó sus frágiles brazos. Uno de ellos lo tranquilizó acariciándole la cabeza y le entregó unos billetes para comprarle la mercancía.

Mientras engullía el manjar del que le habló Vargas, Chávez dijo que haber sabido interpretar las necesidades de las familias como la de aquel vendedor ambulante le garantizaba el respaldo de 80 de cada 100 venezolanos. Y sin rodeos confirmó lo que los periodistas le estaban preguntando: la reforma constitucional en ciernes en aquel momento en su país tenía el almíbar del poder: muy seguramente le garantizaría su relección.

*Por Jorge González, periodista Revista Dinero
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