| 9/15/2009 12:00:00 AM

Chávez lleva su lucha de clases a los campos de golf

En el Caracas Country Club, el sonido de las pelotas de golf y el trinar de los pájaros contrasta con la caótica cacofonía de la vida urbana más allá de los límites arbolados del campo de golf, uno de los más viejos y exclusivos de Venezuela.

Pero la paz y tranquilidad de los golfistas están amenazadas desde que el presidente Hugo Chávez expresara abiertamente su inconformidad con ese deporte "burgués", que se expandió durante el siglo XX en la nación sudamericana al calor de la industria petrolera.

Su diatriba, y el consiguiente debate nacional sobre el golf, son síntomas de la polarización de la sociedad venezolana desde que Chávez llegó al poder hace 10 años prometiendo una revolución.

Chávez, quien obtiene su popularidad de la mayoría pobre en el país petrolero, ha estimulado el resentimiento de clases con una retórica que recuerda a la de su mentor cubano, Fidel Castro. En privado, sus oponentes también utilizan términos burlones y clasistas para el mandatario y sus seguidores.

Sobre el golf, Chávez declaró recientemente en la ciudad de Maracay: "Creo que eso es un deporte burgués y no se justifica que en medio de una ciudad hay un campo de golf haciendo falta tanto terreno para edificaciones para el pueblo".

"Mientras que tú ves allí un poco de ranchos (casas de ladrillo y zinc en las barriadas pobres), 30 hectáreas para que un grupito de burgueses y pequeños burgueses vayan a jugar golf (...) Son tan flojos que llevan un carrito", se burló.

Aunque es un declarado amante de los deportes, especialmente del béisbol, los comentarios de Chávez reabrieron -e instantáneamente politizaron- el declive de las instalaciones de golf en Venezuela.

Varios campos han cerrado en los últimos años y otros podrían llevar el mismo camino si las autoridades deciden poner en acción las palabras del que llaman "Comandante".

La Federación Venezolana de Golf dice que el país ha perdido siete campos en los últimos años, principalmente los gestionados por autoridades estatales, incluyendo la petrolera PDVSA, que han optado por poner sus fondos en otros proyectos o utilizar la tierra para otros propósitos.

Esto deja 23 campos en todo el país, muchos de los cuales fueron fundados por trabajadores de petroleras extranjeras.

Más radical que Castro
Aunque declinó entrar en una polémica pública con Chávez, el presidente de la Federación Venezolana de Golf, Julio Torres, subrayó que otras naciones socialistas, como China y Cuba, van en sentido opuesto al de Venezuela.

"Los golfistas venezolanos están sintiendo un poco de presión y descontento por los cierres", dijo a Reuters. "China, socio de Venezuela y país comunista, tiene más de 300 canchas, y otras 100 en construcción. Tienen unos 300.000 jugadores. Cuba está construyendo más canchas para turistas", agregó.

Dado que Castro fue fotografiado jugando golf con su compañero revolucionario argentino Ernesto "Che" Guevara en los primeros días de su mandato, Chávez parece haber llevado el tema un paso más allá que su mentor.

Negando que el golf sea un deporte exclusivo en Venezuela, Torres dijo que los clubes están haciendo esfuerzos para popularizarlo con algunos cursos abiertos al público y ofreciendo proyectos de entrenamiento de caridad.

En el Caracas Country Club, Alejandro Sequeira, estudiante de 21 años de administración, se quejó de que la etiqueta de "burgués" le impactó a él y a otros amigos que juegan golf.

"Yo soy un estudiante de clase media, normal, nada excepcional. El golf no es sólo de millonarios", dijo, dando el primer golpe en el cuidado césped del primer hoyo.

Chávez está "buscando una excusa para embromar (dar problemas) a la gente. Pero muchos de los que juegan son empresarios conectados al Gobierno. Así que se están echando tierra encima", opinó Sequeira.

Trabajadores de los campos, como el caddy de 80 años Carlos Mejía que ha transportado palos de golf durante medio siglo, están horrorizados ante la amenaza de que el deporte desaparezca del país.

Mejía dijo que él y muchos otros no tendrían otra forma de ganarse la vida y dudó si el suave suelo del campo caraqueño sostendría un edificio de gran magnitud.

Sin embargo, unas pocas cuadras más lejos, dos amigos desempleados que venden piezas eléctricas en medio de los atascos del tráfico muestran menos simpatía por el golf.

"Mira, esos ricos tuvieron el poder durante décadas y optaron por no ayudar a gente como yo", dijo Manuel Salerno, tomando un descanso en su intento por vender algunos enchufes. "No estoy de acuerdo con la retórica del odio, pero tengo que ser franco, no les tengo lástima. ¿Cómo podría?", acotó.

 

Reuters

 

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