| 12/1/1997 12:00:00 AM

Brasil frenó el 'cariocazo'

El presidente Cardoso se la apuesta toda a un plan de ajuste para evitar la devaluación del real. Cuenta con un duro recorte fiscal y tasas del 40% para lograrlo.

A Brasil se le aguó la Navidad. Justo tres meses antes de que concluyera 1997 y después de tres años de crecimiento sostenido, la economía más grande de Latinoamérica ha tenido que batirse contra un despiadado ataque de los especuladores contra su moneda, el real. Lo que está en juego es la credibilidad de largo plazo ganada por el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso y la confianza de los inversionistas internacionales en las posibilidades de este país como polo de desarrollo de América Latina.



En defensa del real, el gobierno de Brasil gastó en pocos días más de US$8.500 millones de sus reservas, permitió que las tasas de interés aumentaran de 22% a 40% y aplicó un drástico paquete de ajuste fiscal, que va desde un aumento del 10% al impuesto de renta hasta el retiro de 33 mil trabajadores del sector público, con la consecuente protesta social y el desgaste político para Cardoso, quien aspira a la relección el próximo año.



Antes de la crisis se esperaba que Brasil creciera cerca del 3,8% en 1998. Ahora, algunos analistas institucionales han estimado el crecimiento para el próximo año en cero o incluso menos, aunque otros, como UBS Global Research, lo sitúan apenas un poco más abajo del 2%. Pero la cifra de crecimiento del año entrante es lo que menos importa en estos momentos. La pregunta de la hora es si el gobierno resistirá la presión o, en cambio, permitirá la devaluación de la moneda y el rompimiento de la paridad del real frente al dólar.



A la sombra de Menem



Los mercados internacionales tomarían la devaluación del real como una señal de que el gobierno de Cardoso no está a la altura del dueto Menem-Cavallo, que prefirió someter a la Argentina a una prolongada recesión en 1995 y a un ajuste draconiano con tal de defender la paridad del peso argentino frente al dólar.



Los observadores internacionales consideran que las buenas perspectivas de la economía argentina en la actualidad tienen origen la férrea voluntad que demostró el gobierno de ese país al manejar el impacto del "efecto Tequila" a partir de diciembre de 1994.



Esta presión de los mercados internacionales de capital es el factor esencial que definirá la política económica del Brasil en los próximos meses e interactuará con las posibilidades de hacer las correcciones en las variables fundamentales de la economía. Las balanzas comercial y en cuenta corriente, aunque altamente deficitarias, no han registrado un deterioro que justifique un ataque contra la moneda como el presentado en las últimas semanas. Lo fundamental es que los mercados internacionales de capital decidan si el Brasil de hoy se parece al México de mediados de 1994 o a la Argentina de mediados del 95. Y que el gobierno dé la clara señal con sus decisiones de política que será lo uno o lo otro. o algo distinto. Las posibilidades de largo plazo del país dependen del resultado de estas decisiones y de la evaluación que sobre ellas hagan los mercados internacionales.



Por ahora, el consenso generalizado entre los analistas es que Brasil hizo en las últimas semanas lo correcto e inevitable, a pesar del elevado costo en que incurrió al vender dólares por menos de su valor (debido al sobreprecio del real) en el momento crítico, con el fin de defender su moneda, y del golpe que supuso para los deudores locales la subida en las tasas de interés. Un analista lo puso muy claro: "Aun en el más extremo de los casos, una recesión con devaluación es peor que una sin ella".



Según Silvio Albuquerque, agregado comercial y económico de la embajada de Brasil en Colombia, "Brasil decidió poner un freno al ritmo de crecimiento de su economía con el fin de preservar un bien mayor: la estabilidad monetaria".



Lo cierto es que el gobierno de Brasil tiene el crédito de haber dado los primeros pasos en la estabilización de la moneda y de haber bajado la inflación del 2.500% en 1993 al 5% en este año. Con estos primeros pasos fue posible recuperar la confianza en el país. Y Brasil ha logrado obtener frutos de la firmeza de estos primeros pasos, la cual ha resistido el embate de la crisis con razonable éxito. Basta decir que desde octubre hasta ahora, el programa de privatizaciones brasileño ha registrado inversiones por US$3.000 millones.



La actual situación brasileña tiene un doble origen. La causa inmediata, por supuesto, es la caída de las bolsas asiáticas, que ha tenido un impacto notable en el resto de bolsas de valores del mundo. Pero ¿por qué Brasil ha sido más golpeado que los demás países emergentes?



Su desempeño económico parecía bastante aceptable a los ojos del observador corriente. Brasil estaba en mejor posición en octubre de 1997 que México en diciembre de 1994. Por un lado, los mexicanos atravesaban una crisis política de magnitud mayor, pues habían vivido la insurrección armada en Chiapas y habían soportado dos magnicidios políticos (el del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, y el del secretario de esa organización, Francisco Ruiz Massieu). Por el otro, Brasil no sufrió la considerable pérdida de reservas que sí tuvo que soportar México ni asumió la posición escapista frente al tema de la devaluación que sí tomó el presidente Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, Brasil no ha tenido el apoyo, con el que sí contó México cuando Estados Unidos le inyectó US$20.000 millones a su economía.



Todo está en el déficit fiscal



No obstante, tras los favorables resultados económicos se han venido acumulando en Brasil rezagos en la profundización de las reformas económicas. Brasil ha dado señas confusas sobre su compromiso con la liberalización comercial y financiera, que han sembrado dudas en los analistas e inversionistas internacionales. Pero el punto más vulnerable de la economía brasileña ha sido la persistente dificultad de arreglar las cuentas fiscales, pues el gobierno ha sido impotente ante el Congreso para sacar adelante las reformas a la seguridad social, al financiamiento territorial y al sistema de impuestos que romperían con la insostenible tendencia al alza del déficit fiscal.



El hueco fiscal implica, por la identidad macroeconómica básica, que existe también un déficit de ahorro externo, es decir, un déficit de la balanza en cuenta corriente. La necesidad de financiar ese déficit externo crea una fuerte presión hacia la devaluación. Sin embargo, la política oficial brasileña establece que el real mantendrá su paridad frente al dólar. La incompatibilidad entre el desequilibrio económico básico y la decisión política ha causado una sobrevaluación de la moneda.



La situación es inherentemente inestable, pues debe llegar un momento en que o bien se reduce el déficit fiscal o bien se devalúa el real. El escenario invita a los especuladores internacionales a hacer sus apuestas.



Esto explica por qué para el gobierno de Brasil es fundamental que su paquete de ajuste sea creíble. Las 52 medidas que se dieron a conocer el pasado 8 de noviembre buscan obtener una reducción de costos y un incremento de impuestos que representan una cifra superior a los US$19.000 millones.



El plan proyecta aumentar en los próximos dos años los impuestos de renta a diversos productos, que van desde los combustibles hasta la cerveza. El paquete incluirá un recorte del 15% en el gasto federal y la salida de 33.000 trabajadores del sector público. Hasta la tasa aeroportuaria brasileña, que es la más alta del mundo, sufrirá fuertes incrementos. También se acelerará el proceso de privatización de casi US$70.000 millones de activos estatales, que incluyen el sector telefónico y eléctrico.



El 'paquete' es doloroso y puede tener incidencia en las elecciones presidenciales de octubre del próximo año. Sin embargo, en medios empresariales ha sido bien recibido. Periódicos como la Gazeta Mercantil aseguraron "que se hizo lo que se tenía que hacer", añadiendo que "con el espíritu de la resignación de aceptar de los males el menor, las medidas fueron bien recibidas". Otros medios como el Jornal do Brasil añadieron una dosis de crítica a la situación asegurando "que todo lo que se hizo ahora hubiera podido hacerse mucho tiempo antes".



Lo que viene



El plan pasará a revisión del Congreso el próximo 15 de diciembre. Es previsible una fuerte discusión, dado el impacto que tendrá sobre el poder adquisitivo de los brasileños en 1998. En particular, se espera un duro debate en torno al incremento de 10% en el impuesto a la renta. Algunos observadores estiman que es posible que haya protestas y una reacción de la clase media brasileña, la más afectada por esta medida, aunque el gobierno dice que no habrá efectos negativos sobre la mayoría de la población, pues ese sector sólo representa el 18% de los habitantes del país. También se prevé una reacción de los miles de trabajadores que perderán sus empleos en los próximos meses. En general, son pocos quienes esperan la aprobación del paquete fiscal completo pero muchos creen que la aprobación del 80% del paquete sería suficiente.



La economía brasileña enfrenta grandes riesgos en 1998. Por una parte, si las tasas de interés permanecen elevadas ante la prolongación del ataque especulativo, podrían acelerar una recesión. Ante la vulnerabilidad del sector financiero heredado de la estabilización, el deterioro de la cartera podría conducir a una crisis del sistema financiero. Las altas tasas serán necesarias en la medida en que los mercados internacionales no se convenzan de que el ajuste es suficiente para garantizar la estabilidad del real.



La experiencia de Brasil demuestra, de nuevo, la fuerza de la nueva disciplina impuesta por los flujos internacionales de capital. Las reformas incompletas son muy riesgosas. La debilidad de los gobiernos para llevarlas a plenitud se paga caro. Las señales de duda se castigan fuertemente. Los inversionistas internacionales son menos sensibles a las declaraciones públicas que los observadores locales y frente a éstos nada diferente de unos fundamentales sólidos garantiza la estabilidad. Y quien no toma las decisiones por iniciativa propia, con firmeza y a tiempo puede verse obligado a hacer los ajustes impuestos por el financiamiento internacional. Este es el nuevo poder que determina los grandes movimientos económicos en nuestros países.
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