| 9/9/2011 7:00:00 PM

Bonanza para las fuerzas militares, escases para la aviación

El Ejército experimentó una era dorada en la que duplicó su presupuesto hasta casi US$ 700.000 millones, mientras que las aerolíneas reportaron pérdidas históricas. Los contrastes producidos por los atentados del 11 de septiembre.

Las aerolíneas han perdido dinero en siete de los últimos 10 años, por lo que han añadido cuotas a servicios que antes eran gratuitos. El año pasado se recaudaron US$ 8.100 millones en cuotas, mucho más de los 2.500 millones cobrados antes de los atentados, ya efectuado el ajuste por la inflación.

Al menos 33 líneas aéreas han solicitado protección gubernamental por bancarrota, incluyendo a Delta, Northwest, United y US Airways. Algunas, entre ellas ATA y Aloha, de plano dejaron de volar. En el primer año después de los ataques de 2001, el tráfico descendió casi 8% y demoró tres años en regularizarse.

Por eso las aerolíneas atestan los aviones y recortan amenidades para poder sobrevivir. A pesar de las molestias, los cielos de Estados Unidos tienen mayor tráfico aéreo que nunca antes. Las aerolíneas transportaron a 720 millones de pasajeros el año pasado, un incremento en comparación con los 666 millones el año antes de los atentados.

Ahora los pasajeros deben quitarse los zapatos y entregar casi todos los líquidos en los puestos de seguridad. Los familiares y amigos ya no pueden despedir a los viajeros en la puerta de acceso.

Las aerolíneas han colocado más asientos como una medida para reducir costos. Hace una década, se ocupaban un promedio de 72% de los asientos por vuelo. En la actualidad son el 82%. Se han añadido más filas, lo cual restringe el espacio para estirar las piernas.
 
Las cuotas por equipaje enviado a la carga representaron US$ 3.400 millones del total del 2010. Sin ellas, las principales aerolíneas habrían perdido dinero el año pasado, en lugar de reportar US$ 2.600 millones en ganancias entre todas. Las tarifas de los boletos son 20% menores en la actualidad de lo que eran el 11 de septiembre del 2001. Las líneas aéreas operan con márgenes de ganancia minúsculos y menos empleados.

Para viajes cortos, los estadounidenses prefieran ir por tierra. Han surgido nuevas líneas de autobuses que unen ciudades, y la línea ferroviaria Amtrak traslada a 37% más pasajeros que hace una década.

La otra cara

El Ejército de Estados Unidos pasó de cerca de 480.000 miembros en 2001 a 572.000 en 2011, y la Infantería de Marina pasó de 172.000 a 200.000, aunque ambos están en condiciones de reducirse de nuevo en breve. La Fuerza Aérea y la Marina, por el contrario, se achicaron. La Fuerza Aérea perdió cerca de 20.000 puestos desde el año 2001 y la Marina perdió unos 50.000.

El mayor crecimiento en las fuerzas armadas ha sido en las unidades de elite, secretas, conocidas como fuerzas de operaciones especiales La Infantería de Marina, que nunca antes había acogido fuerzas de este tipo, ahora tiene 2.600 bajo el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos. Las otras unidades en el comando incluyen a los SEAL, los boinas verdes y las tropas de asalto del Ejército y los operadores especiales de la Fuerza Aérea.

En total, esas fuerzas de operaciones especiales aumentaron de 45.600 en 2001 a 61.000 hoy, según el Comando de Operaciones Especiales.

Estados Unidos gastó 1,3 billones de dólares en los 10 años posteriores a los ataques para perseguir a Al-Qaida y librar dos guerras. Eso excedía el gasto militar usual en más de cuatro billones de dólares.

El presupuesto de defensa creció de US$ 316.000 millones en el 2001 a 708.000 millones en el 2011. Decenas de instituciones federales, como el Departamento de Seguridad Nacional, gastaron el año pasado US$ 70.000 millones en esos programas, según la Oficina de Administración y Presupuesto. Esa suma supera los 37.000 millones del 2003, el primer año después de que se creó ese departamento.

Todo ese gasto se reflejó en el galopante desempeño de la industria militar, encabezada por los cinco principales contratistas de defensa: Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, General Dynamics y Raytheon. En el 2001, los ingresos de los contratistas militares establecidos en Estados Unidos totalizaron US$ 217.000, según datos compilados por la compañía de análisis informático Capital IQ. Para el 2010, los ingresos se habían elevado a 386.000 millones.

Ahora el gasto militar está llamado a disminuir, al igual que las utilidades de la industria. "Estamos a punto de iniciar el descenso de la montaña rusa", describió el analista David Berteau, experto en la industria militar en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

El Congreso aceptó el mes pasado reducir el gasto militar en US$ 350.000 millones en los próximos 10 años. El presupuesto de defensa será disminuido automáticamente en otros US$ 500.000 millones en ese período si los legisladores no llegan a un acuerdo para recortar el déficit, a más tardar en noviembre.

Los títulos bursátiles de la industria militar comienzan a perder valor; en los últimos meses han causado rezagos en el índice Standard & Poor's. Durante el anterior descenso en el gasto de defensa, que se extendió de 1985 a 1997, el rendimiento de las acciones del sector militar tuvo una reducción de 33% respecto a los índices generales del mercado, de acuerdo con una análisis de RBC Capital Markets.

Dinero.com y resumen de agencias

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