| 6/23/2015 5:00:00 AM

Brasil, ¿hasta cuándo y cuánto?

No se trata de la otra Copa América pero si de la suerte de América Latina atada al país con la mayor población y con el mayor tamaño económico de la región. Para Colombia tiene importantes implicaciones.

Brasil es también el principal referente de los inversionistas internacionales y al mismo tiempo ha deslumbrado y decepcionado a la comunidad internacional en tan sólo 10 años.

En una reciente visita a Colombia de un grupo selecto de fondos de inversión internacionales, uno de los asistentes más experimentado del grupo, que tiene tomar la decisión de si sigue o se va del país, dijo con aprobación casi unánime de todos “por favor, que en Colombia dejen de compararse con Brasil que eso por sí solo ya genera mucho miedo”.

Los datos económicos de Brasil confirman una recesión económica acompañada de una indomable mayor inflación. Esto se había visto venir de tiempo atrás por pésimos manejos económicos en Venezuela y de cierta forma en Argentina, pero esta vez es Brasil. Por sus fuertes avances sociales, en medio de una aceptable ortodoxia económica bajo Lula, Brasil era ejemplo y motivo de toda admiración. Es más, tratando de medir el potencial de Colombia, la comunidad internacional de inversionistas y hombres de negocios en aquel entonces preguntaba con insistencia si Colombia era el siguiente caso de éxito similar a Brasil.

En menos de 10 años, Brasil pasó de ser casi un 22% de la economía de la región a representar la más grande economía con el 40%. Lo que ganaba Brasil lo perdía México, que en esos mismos años había dejado de ser la más grande para ser la segunda, con un 25%. Lo rotación de poder económico también despertó un profundo debate político y económico en Colombia: debía el país seguir el modelo de apertura de México o el modelo proteccionista de Brasil, sobre todo en lo relacionado a la política industrial.

El crecimiento económico de Brasil se ha desinflado velozmente desde 2013 y antes de terminar 2014 el país apuntaba a una recesión económica que se ha ido consolidando en 2015.

No obstante, los datos de abril, de ventas al por menor, conocidos la semana pasada (el peor desde agosto de 2003) y de pérdidas de empleo formal en mayo (el peor registro acumulado desde 1999), sugieren una mayor recesión. Esas no son buenas noticias en el vecindario pues para América Latina se prevé un crecimiento de apenas 0,3% este año. Una caída mayor de Brasil representaría poner la cifra de la región en negativo. Sin embargo, eso no es lo más malo que está pasando.

Lo más malo es que la inflación para estar controlada debería estar en 4,5% y se subió en los últimos años al casi 6% lo que llevó al Banco Central de Brasil a subir sus tasas de interés. A pesar de subirlas desde 7,25% hasta 13,75%, la inflación en el último reporte de junio se acerca al 9% y podría seguir aumentando. En medio de una más profunda recesión, según varios analistas internacionales, Brasil tendrá que continuar subiendo sus tasas de interés hasta casi 15%.

¿Por qué no han servido las tasas de interés para apaciguar y reducir la inflación?

Primero porque a través de los bancos públicos el gobierno decidió, en los últimos años, dar créditos con tasas de interés subsidiadas. Por lo mismo, el crédito en Brasil no se frenó y los bancos públicos ganaron un altísimo porcentaje del mercado pues las tasas de interés en cambio si frenaron el crédito otorgado por bancos privados.

Segundo porque tras años de utilizar subsidios para reducir los precios de los servicios públicos y algunos bienes básicos de la canasta familiar, el gobierno ha visto deteriorar sus cuentas y se ha visto obligado a reducir o eliminar los subsidios, generando un creciente descontento social y una inflación cercana a 15% en los bienes cuyos precios habían sido regulados por esa vía.

Tercero porque se ha formado un círculo vicioso, como las tasas de interés no contienen la inflación, la personas esperan mayores precios generando una inercia, protegiéndose contractualmente con una mayor incremento en los precios.

Cuarto porque a través de las políticas del gobierno se mantuvieron bajas las tasas de desempleo y ello contribuyó a un exceso de demanda.

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Dialogando con estos miembros de la comunidad inversionista internacional queda claro que si no se han ido de Brasil con tantos problemas, no ven por qué dejarían en este momento de invertir en Colombia. Sin embargo, Brasil nos enseña lo importante que es medir bien hasta dónde debe mantenerse una economía artificialmente a punta de intervención del gobierno. Llega el día en que resulta insostenible.

¿Hasta cuándo creerá la comunidad internacional en Brasil?
Mientras mantenga su calificación en grado de inversión, dijeron. Por eso al gobierno de Dilma ahora le toca apretarse duro el cinturón, en 2013 le bajaron un nivel su calificación quedando al borde de ser nuevamente un país de especulación. Si Brasil fracasa en conservar su calificación, ni nos preguntarán esta vez sí somos, después de Brasil, la siguiente historia de fracaso. Simplemente se irán.
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