| 6/24/2015 5:00:00 AM

¿Aspirar a la presidencia sobre la base de una fortuna es extravagancia o imagen de éxito?

Hasta donde los norteamericanos validan que quienes han construido una importante fortuna han sido personas muy exitosas y muy inteligentes, y que el problema de la gran mayoría de la población es que han sido lo opuesto.

Otro de los temas que se espera haga parte central de la campaña presidencial de los Estados Unidos para definir el sucesor de Barack Obama es la desigualdad. Esto ambientado no solo por un profundo debate académico, sino también por las cifras que sugieren varios retrocesos en la distribución del ingreso y del papel que ha jugado en ello el sistema tributario americano y las políticas públicas, sobre todo aquellas sociales que se han implementado en los últimos 30 años. Las diferencias entre quienes tienen y quienes no, son en términos absolutos y relativos las mayores desde 1920.

Esto, sin embargo, no ha impedido que Donald Trump, al anunciar su decisión de aspirar a la presidencia, haya centrado su participación sobre su condición de billonario. Puntualmente, ha salido anunciando que su fortuna se acerca a los US$9.000 millones. Más singular es que según medios serios como Forbes, la real fortuna es menos de la mitad de lo que ha divulgado al anunciar su aspiración. Forbes señala que desde 1982 hace un muy próximo seguimiento a la fortuna del billonario y que en varias ocasiones ese seguimiento se ha realizado haciendo un trabajo conjunto, es decir con la activa participación del mismo Trump.

¿Tiene sentido la estrategia de Trump?

Sin duda la orientación de su postulación como exitoso billonario pretende que sea considerado un exitoso hombre de negocios y que por lo mismo sería un exitoso candidato a la presidencia. Su estrategia tanto en negocios como en política es unificar la imagen de quien sabe tomar decisiones difíciles, complejas y quien es capaz de hacer las tareas casi imposibles.

Tras escribir su autobiografía sobre el “Arte de Negociar” Trump apela a su marca personal para validar su capacidad y sus virtudes como posible presidente de los Estados Unidos. Y su marca personal está ligada a lugares emblemáticos como la Trump Tower en Nueva York.

No deja de ser ambicioso que él mismo centra su marca personal en un valor que rondaría los US$3.300 millones. Para Forbes, la marca Trump no supera los US$125 millones y por lo mismo no encuentra mayor valor económico en que promueva su nombre como propietario de Miss Universo y Miss USA.

Luego está el otro ingrediente de esta peculiar historia. La más probable candidata del partido demócrata, Hillary Clinton, tendría una fortuna propia cercana a los US$15,4 millones. Dicho monto es alto para el americano común pero bajo frente a Trump. En la historia de Estados Unidos muy pocos estarían en un nivel comparable a US$4.000 millones aunque sí hay varios casos de aspirantes que superarían la riqueza de Clinton.

En ese sentido, está por verse si la estrategia de Donald Trump en lugar de radicalizar el debate de la desigualdad, modifica la percepción del americano común hacia el 1% más rico. Puede que los electores crean que de la mano de su éxito, ellos también lo serán. Existe el riesgo que los norteamericanos vean su marca personal como un culto a la personalidad de un arrogante.
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