| 6/22/2015 5:00:00 AM

¿Qué enreda el futuro de Cuba?

Seis meses desde que el Presidente Obama anunciara una nueva política hacia Cuba, se han producido cambios normativos que incrementan las relaciones entre los dos países. ¿Cuáles son los retos?

Estos son los números y visiones de varios expertos reunidos por Brookings:

  • Después de 45 años de haberse iniciado un nuevo modelo de liberalización económica en el mundo, las diferencias entre los tamaños de la economía de Perú y Cuba dicen mucho. En 1970 eran economías de US$7.200 y US$5.900 millones respectivamente. Ahora Perú con un producto interno bruto (PIB) de US$202.000 millones es casi tres veces la economía de Cuba. La producción industrial de Cuba hoy es la mitad de aquella que tenía en el año de la caída del muro de Berlín, 1989.
  • El avance que tiene el incipiente nuevo proceso de relacionamiento con Estados Unidos ya genera impactos de corto plazo en una economía estancada. Se proyecta que Cuba crezca en 2015 3,5% y 5,3% en 2017. Sin embargo, hasta que no se elimine el embargo (dentro de cerca de 2 años) y no haya total normalización de las relaciones, el impacto sobre el desarrollo cubano es moderado. Un importante interrogante es cómo acelerar la normalización. ¿Cuba debe hacer primero las reformas que permiten acabar el embargo o será que tras el fin del embargo Cuba hace las reformas?
  • El proceso de apertura de Cuba debe hacerse lento y cuidadoso, con normas muy fuertes frente a la inversión de empresas extranjeras, pues de lo contrario supondría pasar de monopolios y oligopolios estatales a aquellos de origen privados y del exterior.
  • Esto choca con dos realidades de la Cuba actual. Por un lado, una economía del Estado, con la gran empresa manejada por el gobierno, la cual no tiene cómo generar pleno empleo, y por otro, una creciente base de personas rurales y urbanas trabajando de manera informal que llegan a representar el 40% del mercado laboral. En ambos casos los ingresos son bajos, la productividad es baja, no hay mayor ahorro y desde ambas formas de actividad se evaden impuestos o no se declaran todos los ingresos.
  • El bajo nivel de ingresos públicos genera fuertes problemas presupuestales. Primero, para atraer la industria hotelera del exterior se han otorgado grandes exenciones tributarias comprometiendo muchos años y segundo, el 50% del gasto público es en educación y salud, sectores que representan el 20% del PIB cubano y en los cuales la universalidad y gratuidad son sagrados para la población. Por lo tanto, el nivel de inversión productiva o formación bruta de capital es apenas la mitad del resto de América Latina.
  • Con una tasa del 10% del PIB, la inversión en Cuba no alcanza para remplazar el envejecido capital ni modernizar o sostener las viviendas. Cuba necesita cerca de US$8.000 millones anuales adicionales para construir y reparar más de 4 millones de edificaciones y un total de US$25.000 millones para invertir en infraestructura de autovías, puertos, aeropuertos y sistemas de transporte público. Por donde se le mira, incluso para Colombia, 6 veces el tamaño de Cuba, las cifras son muy desafiantes.
  • Cuba ha estado aislada frente al sistema financiero internacional, su calificación de riesgo soberano y su no membresía a ningún órgano multilateral dificultan la misma capacidad de buscar recursos de financiación internacional. Sin embargo, la normalización con Estados Unidos se convierte en un cambio de juego profundo.
  • La relajación normativa para el envío de remesas resulta fundamental. Con casi 20% de la población en el exterior, la posibilidad que las remesas se dupliquen y alcancen los US$ 2.400 millones por año es muy alta.
  • Pero entre otras cuestiones, Cuba tendrá que revisar su política cambiaria pues la paridad con el dólar resulta jugar en contra para los sectores de exportaciones. Al punto que la mitad de los ingresos por turismo se destinan a importaciones. El problema radica en que con la moneda artificialmente fuerte, los riesgos de una gran corrección para la inversión extranjera y en especial para la financiación externa, deterioran el atractivo que Cuba supone.
  • Por último, la rigidez laboral de una economía del Estado en la cual no se producen despidos, sin grandes diferenciaciones salariales, genera incentivos de baja productividad que pueden culturalmente resultar complejos de cambiar y adaptar a una economía con una mayor orientación privada y pro-mercado.
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