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Fotografía de archivo facilitada por la NASA tomada el 20 de julio de 1969 que muestra al astronauta estadounidense, Neil Armstrong, tras su paseo lunar dentro del módulo lunar del Apolo XI en la superficie de la luna. EFE

| 8/25/2012 5:30:00 PM

Adiós a Neil Armstrong, el hombre que nos representó en la Luna

El astronauta más famoso de la historia, el primero en poner pie en un cuerpo celeste fuera de la Tierra, no disfrutaba su fama y prefería su privacidad. Siempre será recordado por ese gran salto que dio para la humanidad.

En 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en pisar la Luna y posiblemente el hombre más famoso del universo.

Al preguntársele cómo se sintió ese día, respondió "muy, muy pequeño".

Más adelante cuestionó el valor de su legado, al ser testigo de cómo la sed por la exploración espacial se vio cada vez más enredada en la política y las batallas por fondos, que él llamó " charlatanería y otras tonterías adjuntas".

Neil Alden Armstrong nació en Ohio el 5 de agosto de 1930. Su padre trabajaba para el gobierno estatal y la familia tenía que mudarse constantemente, conforme iba cambiando de puesto.

Armstrong hizo su primer vuelo a los seis años con su padre y desde entonces desarrolló una pasión por la aeronáutica que lo acompañó toda su vida. Su héroe era Charles Lindbergh, y a los 16 años ya podía volar, incluso antes de conducir un auto.

Ya era un héroe condecorado por volar aviones de la Marina en la Guerra de Corea, cuando Armstrong se convirtió en piloto de prueba para el Comité Consejero Nacional para la Aeronáutica, antecesor de la NASA.

"Un pequeño paso para un hombre…"

Armstrong formó parte de un grupo de elite seleccionado para empujar a la tecnología contra las limitaciones de la naturaleza.

En 1962, John F. Kennedy prometió poner un hombre en la Luna para fines de la década.

Mientras los rusos ya estaban enviando hombres al espacio, los estadounidenses estaban decididos a cumplir con este compromiso, así que había abundante dinero y apoyo para el programa Apollo de la NASA.

Durante una previa misión Gemini 8, Armstrong había logrado corregir la rotación de una cápsula espacial y salvar su vida y la de su copiloto. Se destacaba por su timidez, que lo hacía casi taciturno, pero su habilidad para volar lo hizo el comandante natural de Apollo 11.

Para 1969, el equipo estaba listo para cumplir la promesa de Kennedy. En una nave especial que tenía sistemas de control con menos de una milésima del poder de computación de una moderna laptop, Armstrong y sus colegas Buzz Aldrin y Michael Collins partieron hacia la Luna.

La gente en todo el mundo compró televisores por primera vez para ser testigos de su esfuerzo, y más de 500 millones de personas vieron cada momento del alunizaje de Apollo 11 el 20 de julio.

Privado

Después de maniobrar para evitar rocas grandes, a Armstrong sólo le quedaba combustible para 20 segundos cuando finalmente colocó el módulo sobre la luna con seguridad entre las piedras. Desde dentro de la cápsula, reportó a una emocionada Misión de Control en Houston "Ha llegado el águila".

Y mientras desembarcaba de su nido lunar, he pronunció su frase cuidadosamente preparada, que lo que estaba haciendo era "un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad". Quiso decir "un hombre" pero, dadas las circunstancias, la casi todos le perdonaron el error.

En cambio, observaron sobrecogidos cuando, con Aldrin a su lado, Armstrong plantó una bandera estadounidense en el Mar de la Tranquilidad y hasta jugó un poco de golf.

De regreso en la Tierra, la tripulación fue objeto de adulación y honor global, y los tres fueron festejados como estrellas de cine a donde iban. Pero después de la primera ronda de publicidad, Armstrong se negó a sacar provecho de su singular celebridad.

El hombre venerado como un héroe por el pueblo estadounidense y condecorado con la Medalla Presidencial de la Libertad por su trabajo, rechazó el protagonismo y la fortuna potencial que venía con él.

En lugar de eso, vivió recluido en su casa de campo de Ohio, enseñando ingeniería en la Universidad de Cincinnati y más tarde se dedicó a los negocios.

Inspiración

Se negó a conceder entrevistas o firmar autógrafos y decepcionó a muchos admiradores con sus pedidos de privacidad. Sólo daba discursos ocasionales y su salida a la escena pública más sorprendente llegó en la forma de una serie de comerciales de Chrysler.

Una vez explicó: "No quiero ser un monumento vivo", y mientras sus compañeros astronautas recorrían una senda precaria a través de la fama después de la Luna -Buzz Aldrin sufrió de alcoholismo y una depresión nerviosa- Armstrong se mantuvo feliz "disfrutando en la oscuridad".

Sólo a regañadientes se unió a sus compañeros para celebrar el aniversario del alunizaje. En 1999, 30 años después, recibió junto a Aldrin y Collins la medalla Langley para la Aviación de manos del entonces vicepresidente Al Gore.

Caracterizado por una humildad personal por la cual rara vez mencionaba sus propios viajes espaciales, Armstrong fue capaz de todos modos de inspirar a un grupo de estudiantes que conoció aquel día. Les dijo: "Ustedes tendrán oportunidades que pueden imaginar".

Nadie ha vuelto a caminar en la Luna desde 1972 y, para mucha gente de hoy en día, la idea de regresar ha sido superada por la perspectiva de las misiones a Marte y más allá.

Pero los millones de personas en todo el mundo que estuvieron pegados a sus asientos frente al televisor en julio de 1969, vieron sus sueños más fantásticos hacerse realidad. Para ellos, el hombre tímido de Ohio abrió una frontera fresca y nadie olvidará los impresionantes logros de Neil Armstrong.

Armstrong murió a la edad de 82 años, por complicaciones derivadas de una cirugía al corazón.
                                                                                                                  

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