| 9/11/2011 3:00:00 PM

11S en el mundo

El presidente de Estados Unidos Barack Obama deja un ramo de flores en el Pentágono, uno de los lugares que vivió los ataques terroristas del 11S hace 10 años.

Una década después del 11/sep, el día que tanto cambió para tanta gente, los líderes y ciudadanos mundiales reflexionaron el domingo sobre los ataques terroristas en Estados Unidos que causaron casi 3.000 muertos procedentes de 50 países.

Un estadounidense residente en París llora lo que perdió, en Bruselas tocan a silencio y en la base de Bagram, estadounidenses y afganos se cuadran ante una reliquia del Centro de Comercio Mundial, mientras una jubilada israelí recuerda a su hija: "Mi mundo quedó destruido. Para mi, cada día en un 11 de septiembre".

Como recuerdo del peligro que entraña el integrismo islamita, un atacante talibán suicida mató a dos civiles e hirió a 77 soldados estadounidenses en un puesto de avanzada de la OTAN en el este de Afganistán. Y en la frontera norteña de Kenia con Somalia, hombres armados mataron a un ciudadano británico y secuestraron a su esposa en una playa turística.

Millones de personas de todo el mundo se unieron a los sentimientos de horror, tristeza y estupefacción de todo el mundo al volver a contemplar las imágenes televisadas o las narraciones radiales de los ataques perpetrados hace 10 años, o se enteraron de un amigo o familiar que murió en ellos.

Las ceremonias del día, en algunos lugares, fueron interrumpidas por protestas reducidas y la reaparición de las viejas teorías conspirativas según las cuales el gobierno estadounidense tramó los ataques.

"En este día Kirguizistán, como el resto del mundo, comparte el dolor de Estados Unidos", dijo la presidenta Roza Otunbayeva en una ceremonia efectuada en una base aérea estadounidense en ese país del Asia central, usada para abastecer las operaciones militares en la vecina Afganistán. "Esta tragedia consolidó la humanidad y la aunó en la lucha contra el enemigo común del terrorismo".

Unos 500 soldados se congregaron en la base aérea de Bagram, cerca de la capital afgana, Kabul, para asistir a una ceremonia frente a una reliquia procedente del Centro de Comercio Mundial, brevemente interrumpida por un caza de combate que pasó a vuelo rasante.

En Bruselas, en la sede de la OTAN un soldado francés tocó a silencio con la trompeta y las banderas de los 28 países de la alianza fueron bajadas a media asta en homenaje a las víctimas. Unos 130.000 soldados de la OTAN — dos tercios de ellos estadounidenses — están destacados ahora en Afganistán, una guerra que ha costado 1.700 muertos.

Para algunas personas, el dolor nunca cesa. En Malasia, Pathmawathy Navaratnam se levantó el domingo en su casa suburbana de Kuala Lumpur e hizo lo mismo que ha hecho en la última década: dar los "buenos días" a su hijo Vijayashanker Paramsothy.

El analista financiero de 23 años murió en el ataque de Nueva York.

"Es mi tesoro. Vivió su vida con plena intensidad, pero0 no puedo aceptar que no se encuentra ya aquí", dijo Navaratnam. "Yo sigo viva, pero por centro estoy muerta".

En Manila, decenas de antiguos residentes de viviendas precarias ofrecieron plegarias, rosas y globos en honor de otra víctima, la ciudadana estadounidense Marie Rose Abad. El barrio fue otrora sombrío y ruinoso, apestando a basura. Empero, en el 2004, el esposo de Abad, el filipino-estadounidense Rudy, construyó 50 viviendas de vivos colores, cumpliendo el deseo de su difunta esposa de ayudar a los empobrecidos filipinos. Desde entonces la aldea lleva su nombre.

El ex primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, detractor vitriólico de Occidente, escribió en su blog que los musulmanes árabes son incapaces de "planear y ejecutar" dichos ataques. Agregó que "no es impensable" que el ex presidente George W. Bush hubiese mentido sobre quién fue responsable del 9/11.

Según el ex funcionario, las torres del Centro de Comercio Mundial "se desplomaron convenientemente sobre ellas mismas", en algo más parecido a una "demolición planeada de los edificios" que su colapso.

En Pakistán, los partidarios de un partido político islamita realizaron protestas antiestadounidense con motivo del aniversario, portando carteles con las teorías conspiradoras. Esas algaradas, de unos 100 concurrentes, tuvieron lugar en la capital, Islamabad, y en la ciudad de Multán.

Empero, esos acontecimientos y comentarios apenas atrajeron la atención en un día dedicado al luto y el dolor que traen los recuerdos.

En Japón, muchas familias se congregaron en Tokio para rendir tributo a los 23 empleados del Fuji Bank que no lograron escapar de su oficina en el Centro Mundial de Comercio. Una docena de las víctimas eran japonesas.

Uno a uno, los familiares depositaron flores ante una urna de cristal que contenía una pequeña sección de acero recuperada de la zona cero. Se inclinaron respetuosamente y algunos tomaron fotos mientras otros guardaron silencio. No hubo lágrima, solamente pensamientos recónditos.

En Londres tuvo lugar una ceremonia en Grosvenor Chapel. Courtney Cowart, que casi fue sepultada viva al desplomarse la torre norte del Centro Mundial de Comercio, describió el miedo que pasó cinco días después cuando regresó al lugar para participar en un servicio religioso.

"Al entrar en el corazón de la oscuridad quedé aterrada. Estábamos empequeñecidos por la inmensidad de los escombros que nos rodeaban. Era un paisaje desprovisto de todo color", contó la víctima.

Empero, unas pocas decenas de manifestantes se congregaron ante la embajada estadounidense y quemaron una reproducción de la banderas de las barras y estrellas durante el minuto de silencio realizado con motivo del aniversario. Cerca, y reducido grupo de musulmanes realizó una contramanifestación.

En Italia, el papa Benedicto XVI ofició una misa al aire libre en Ancona, donde pidió al mundo que resista "la tentación hacia el odio" y en lugar de ello trabaje en pos de la solidaridad, justicia y paz.

 AP

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