| 1/29/2015 3:20:00 PM

Uber y su guerra antitaxis

Uber, la aplicación de vehículos compartidos con chófer, dirige con sorprendente éxito bajo el liderazgo de su provocador jefe, Travis Kalanick, una cruzada contra los taxis y los legisladores contrarios a este servicio.

El origen de este sencillo programa que permite compartir coches no nació en un garaje en California, como la mayoría de las startups, sino de un viaje a París una noche de invierno de 2008, cuando Kalanick y su socio Garret Camp fueron incapaces de conseguir un taxi. "Hay dos ciudades que son las peores del mundo para conseguir taxis: París y San Francisco", aseguró Kalanick en 2012 en Chicago, dos años después del lanzamiento de Uber.

"La idea de presionar un botón para conseguir un chófer es mágica", comentó en otro evento.

El concepto es simple: los chóferes de Uber están relacionados con los usuarios a través de una aplicación en sus teléfonos inteligentes, basada en calificaciones y comentarios. Además, cualquier usuario que necesite completar su salario puede convertirse en un chófer de Uber, por ejemplo, en sus ratos libres. Pero el sistema está siendo atacado en varias partes del mundo por los taxistas que ven en Uber la muerte programada del sector, así como por legisladores que multiplican decisiones judiciales para poner un límite a su expansión.

Huelgas y manifestaciones

Las huelgas y manifestaciones se están multiplicando en decenas de ciudades.

Francia endureció, bajo presión de los taxistas, una ley que prohíbe a los conductores no profesionales ejercer, pocos meses después del lanzamiento de UberPop. En Alemania, su utilización estaba bloqueada antes de que fuera finalmente autorizada, y en Nueva Delhi (India), el uso de Uber se prohibió después de que una cliente acusara a su conductor de violación. Por todas partes, los taxis "se sienten amenazados por nuestro servicio premium y nuestra capacidad de respuesta", comentó Kalanick a la AFP en 2013.

El éxito de Uber y los ingresos demostrados por sus conductores ha hecho palidecer a los taxistas convencionales. Según un estudio interno, el primero del género y puesto en línea por Uber el jueves, los chóferes ganan en promedio 6 dólares por hora más que sus competidores profesionales, en Estados Unidos.

En Washington, la diferencia es de 4,60 dólares y 10 en San Francisco, mientras que esta cifra sube a 15 dólares en Nueva York. "Me quedo muy sorprendido por el número de chóferes que ya tenían un empleo antes de comenzar (en Uber)", comentó Alan Krueger, economista de la Universidad de Princeton, quien participó en el estudio. "No están uniéndose a Uber por desesperación, sino porque les ofrece una oportunidad de aumentar sus ingresos y de mejorar sus condiciones de vida".

La empresa, que reivindicó en diciembre tener 162.037 conductores activos en suelo estadounidense, tiene presencia en más de 200 ciudades en todo el mundo y un valor de mercado de más de 40.000 millones de dólares. Pero estas buenas noticias para sus creadores no se reflejan en los debates, controversias e incluso procesos judiciales que ha suscitado Uber donde quiera que se instala.

En la mayoría de las ciudades, dice Travis Kalanick, "los taxis son protegidos por ley y los grupos de presión los cuidan de cualquier competencia". "Estamos dentro de una verdadera batalla política, el candidato es Uber y nuestro adversario es un estúpido llamado taxi".

El directivo, que ha sido calificado como el 8º ejecutivo más sexy por el sitio de internet Business Insider y que según la revista Forbes tiene una fortuna personal estimada en 3.000 millones de dólares, ha entrado en guerra contra todas las instituciones que intenten frenar el ascenso de Uber y no duda en reprender a sus adversarios en las redes sociales.  Para ganar la batalla, Kalanick ha contratado recientemente los servicios del maestro de comunicaciones David Plouffe, exdirector de campaña de Barack Obama en 2008.

Resta saber si Uber no quiere ir aún más rápido: al tiempo que disputa su lugar con los taxis, su jefe está pensando en proponer precios lo suficientemente bajos para poder reemplazar incluso los coches particulares.


Afp/D.com
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