| 8/6/2014 6:00:00 AM

El Zar de las Donuts

Llegó al negocio gracias a una necesidad de la hermana. Miguel Merino es quien ha llevado las donuts de la multinacional Dunkin Donuts a nueve ciudades del país luego de haber vendido jabones, fresas y construir más de 1.500 casas en Ibagué.

Miguel Merino, es el presidente de Donucol S.A, empresa más conocida como Dunkin Donuts y Baskin Robbins, la compañía que trajo en 1983 por un golpe de suerte y necesidad familiar. Se define como un soñador que piensa en cómo aportarle al país desde su empresa.

Es arquitecto de la universidad de los Andes, fue Ministro de Desarrollo Económico, Embajador en las Naciones Unidas, Cónsul en Boston, Gobernador del Departamento del Tolima, y desempeñó otras actividades en el sector privado.

A su mando tiene 1.250 empleados en el País, distribuidos en 157 puntos de Venta de Dunkin Donuts y 29 almacenes de Baskin Robbins. Su preocupación en el trabajo: la gente. “Me divierto con las donuts; busco que la gente esté feliz y desde nuestro trabajo podamos aportarle al país”, dijo Merino.

Estando en la Universidad MIT de Boston desarrollando sus estudios de posgrado, después de haber sido ministro y haber ocupado otros cargos públicos, recibió una llamada de su hermana quien le confesaba que quería encontrar una labor productiva ya que sus hijos se habían ido a la universidad. Le contó que había comprado una máquina de hacer donuts que producía bolas de harina de muchas formas y sabores, ninguna que resultara agradable.

Merino decidió conocer a profundidad la receta de una empresa que en Boston se posiciona fuertemente y por un golpe de suerte al visitarlos, conoció a los directivos de la compañía quienes pensaban expandir su negocio a los mercados internacionales de cara a la alta competencia que tenían con las panaderías de los supermercados. Merino regresó a Colombia y en alianza con el padre de su amigo Jorge Rothlisberger trajeron el negocio. Es así como en 1983 se abre la primera tienda Dunkin Donuts en Bogotá.

El cuñado de Merino se puso al frente de la administración de la empresa aunque prefirió dedicarse a la fabricación de materias primas para hacer las donuts, idea que hoy agradece la empresa porque la dona más vendida es la de arequipe, un invento colombiano.

Asegura que les debe a sus padres la base de una formación de una familia unida y responsable, que hoy replica en su compañía siendo formador de equipos. Sus padres sembraron en él la admiración del emprendimiento y la capacidad de negocios de Estados Unidos, un país que frecuentó de niño y adolescente.

En su juventud se dedicó en sus ratos libres a vender los jabones de la compañía que su tío producía, de tienda en tienda golpeaba puertas y aprovechaba con sus amigos para hacer rutas turísticas a los extranjeros que llegaban al hotel Tequendama por su fluidez con el inglés.

Estando en la universidad, empezó a venderle tiquetes de viajes a su familia a través de una agencia de viajes del padre de un compañero de clases, al mismo tiempo que vendía por la avenida Jiménez fresas de las cosechas de su familia. Al terminar la universidad se casó y se radicó en Ibagué por una empresa que lo contrató para liquidarla. Allí, de la mano con esa compañía liquidada, propuso construir diez casas que resultaron siendo 1.500 y varios centros comerciales.

Años más tarde, de la mano con Alberto Santofimio, inició su vida política desde la administración de su campaña presidencial en el Tolima, “desde entonces me llevó a que fuera al concejo como representación del sector privado, luego a la gobernación, después como senador, resulté ministro del presidente Barco quien me nombró embajador plenipotenciario de las Naciones Unidas y cónsul en Boston por asignación del presidente Turbay”, narró Merino.

“Nunca quise ser un profesional encasillado en sus asuntos, quería llegar a la vida pública para conocer el país, la industria y el comercio y así conocer a Colombia desde adentro”, dijo.

El decálogo de Merino para ser exitoso se resume así: a nivel personal ser un soñador, estar informado, tener pasión por lo que se hace, ser honesto y pensar en el país. En el ámbito empresarial: destacarse por su producto, tener calidad, posicionar la marca, tener un respaldo económico y su gente.

“Lo puede tener todo pero si no tiene gente, fracasa. Hay que ver lo obvio, hay que apoyar a los empleados, hay que influenciarlos, hay que descubrir en ellos sus pasiones. Ellos son el equipo del éxito”, aseguró Merino.
Dunkin Donuts en Colombia es una compañía familiar en donde la mayoría de sus empleados logran cumplir más de 20 años o se proyectan a nuevos negocios porque fueron vinculados en su primera oportunidad laboral.

Merino aseguró que la empresa atraviesa por fuertes ajustes que les dejó el cambio de política empresarial del gobierno pasado, el cierre de sus tiendas en El Dorado, el aumento en el IVA y la competencia que ha llegado al mercado colombiano. Sin embargo, es optimista.

Durante el 2014 sólo han alcanzado un crecimiento superior al 1% frente al 2013, pero esperan alcanzar el 3% al finalizar el año. Merino señaló que en este momento su empresa es cautelosa con la toma de decisiones pero están contentos con la situación actual que les impone nuevos retos.

“Hay que temerle a la incompetencia y no a la competencia. Estamos optimistas porque en el país hay mucho por hacer, sólo se necesita de las ganas”, puntualizó Merino.

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