| 9/6/2015 5:00:00 AM

Colombianos idean tecnologías para el posconflicto en materia de desminado y reintegración social

El fin del conflicto armado en Colombia representa una gran oportunidad para los emprendedores de todo el país, que desde ya ingenian soluciones tecnológicas para cambiar la realidad de las víctimas, fomentar la reintegración social de los excombatientes y garantizar la paz en las comunidades.

PeaceStartup, una maratón de 54 horas en la que los emprendedores de distintas regiones del país diseñan proyectos de tecnología para la construcción de paz, se ha convertido en una de las plataformas más importantes en este campo.

La iniciativa liderada por la organización colombiana Value4Chain y la española Business & Human Rights, promueve el desarrollo de negocios digitales que resuelvan los retos que tiene el país en materia de paz. Para ello, los conectan con organizaciones privadas, universidades y expertos en innovación que los orientan en la búsqueda de respuestas a esos interrogantes.

Al final, las mejores propuestas reciben el apoyo de la organización, que a su vez se encarga de fortalecer el modelo de negocio y  llevar el producto al mercado, según explicó en una entrevista concedida a Dinero el director ejecutivo de Value4Chain y cofundador de PeaceStartup, Juan Andrés Cano, quien adelantó que la próxima versión de ese evento se realizará en Villavicencio (Meta) del 6 al 8 de noviembre próximo.

El ejecutivo resaltó que gracias a esta convocatoria, que ha recibido el apoyo de organizaciones como Telefónica, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia (PNUD), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), PeaceNexus y la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB), han surgido empresas jóvenes con gran proyección.

Entre ellas destacan: Obras de paz, una propuesta para formar y emplear a los reinsertados del conflicto armado en el sector construcción; Agrored, una comunidad digital para compartir conocimientos relacionados con el sector agrícola y  Peacefunding, la plataforma que le ayuda a las víctimas a financiar sus proyectos.  

Uno de los casos más sobresalientes en la historia de PeaceStartup es el de Drominando, una ‘startup’ que propone la utilización de drones o vehículos aéreos no tripulados  para la detección y posterior desactivación de minas antipersona en Colombia.

Este innovador proyecto surgió por iniciativa de seis jóvenes emprendedores que se conocieron en la más reciente versión de PeaceStartup, la cual se celebró en Bogotá con la participación de 70 desarrolladores tecnológicos. 

Drominando, según Juan Andrés Cano, “es el ejemplo ideal de PeaceStartup, pues es la unión de diferentes sinergias que no se habrían encontrado si no se facilita un espacio de intercambio e innovación”. 

“En el equipo hay expertos que llevan más de 20 años en el tema de desminado y que descubrieron que la tecnología podría acelerar el proceso de desactivación de esos explosivos”, precisó el directivo.

Luego de su participación en el evento, en el que fueron galardonados con tres premios, la empresa formalizó una relación de trabajo con la Corporación Colombianos Desminando (CCD).  Esta entidad les ha permitido conectarse con “los aliados tecnológicos necesarios para probar, desarrollar y aplicar la tecnología”, afirmó en una conversación con este medio uno de los cofundadores de Drominando, Juan Carlos Tovar.

Y agregó que actualmente la compañía se financia con recursos propios pues están concretando una alianza con “una organización importante”, cuyo nombre no reveló por cuestiones de confidencialidad, para poder ejecutar el proyecto a gran escala.

Precisamente, el tema de los costos es uno de los desafíos que tendrá que sortear este equipo de emprendedores, ya que un sensor de minas antipersona puede llegar a costar unos US$400.000, mientras que el precio de un dron “va desde los US$1.000 hasta el medio millón”. Por ahora trabajan con el equipo que les facilitan los socios de PeaceStartup.

Efectividad de los sensores en el rastreo de minas

Uno de los desafíos más grandes que tiene el equipo es determinar la efectividad que tienen los sensores para rastrear los improvisados explosivos que fabricó la guerrilla de las FARC y otros grupos armados en distintas zonas del país durante décadas. 

Tovar aseguró que varios de estos artefactos son difíciles de rastrear porque muchos de ellos no son metálicos, sino que están elaborados con botellas plásticas y otros materiales que pasan desapercibidos por el radar.

Cifras del Departamento de Defensa de Estados Unidos apoyan la viabilidad del proyecto de investigación colombiano, pues mientras un dron identifica 124 minas (entre  131) en aproximadamente seis minutos, una persona logra rastrear solo 98 en casi media hora.

Igualmente, en un área minada de 50 metros un avión no tripulado tiene una probabilidad de detección de 94,66%, frente al 75% de efectividad de una persona con un detector de métales en tierra. 

Estas cifras resultan esperanzadoras en Colombia, un país que registró entre 1990 y el 2015 (con corte al 31 de agosto) un total de 11.202 víctimas por minas antipersona (MAP), municiones sin explotar (Muse) y artefactos explosivos improvisados (AEI). El 38% de ellos (4.283) son civiles y el 62 % (6.919) miembros de la fuerza pública.

Así lo revela un reciente informe de la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, en el que además se expone que en los últimos quince años el 80 % de las personas afectadas resultó herida y el 20 % murió en el lugar del accidente.

“Los cinco departamentos con mayor número de víctimas entre 1990 y agosto de 2015 son Antioquia 2.489 (22 %), Meta 1.133 (10 %), Caquetá 924 (8 %), Nariño 803 (7 %) y Norte de Santander 788 (7 %)”, precisa el documento oficial. 

Los múltiples usos de los drones

La utilización de los drones en Colombia se ha convertido en una oportunidad para impulsar el desarrollo de los distintos sectores productivos. Desde la industria petrolera, la agricultura y hasta las constructoras, han identificado muchas oportunidades que existen en el uso de este tipo de herramientas.

Sin embargo, estas soluciones tecnológicas son utilizadas para la construcción de paz, como lo hace Drominando, pero también con fines destructivos. Tal es el caso del ejército pakistaní, que puso a prueba en septiembre pasado los primeros aviones de fabricación propia con fines bélicos.

El ataque, en el que fallecieron tres miembros de un grupo insurgente, marca un hito para ese país del sur de Asia, que ha fortalecido su arsenal armamentista con este tipo de tecnologías. 

Estados Unidos es otra de las naciones que recurre al uso de drones para realizar sus operaciones militares en el mundo. De acuerdo a la organización New America Foundation, los ataques con aviones no tripulados estadounidenses han provocado entre 2.000 y 3.500 muertes en Pakistán desde el 2004. 

Las arremetidas han sido cuestionadas duramente por el Gobierno islámico de Mamnoon Hussain, quien considera que esa es una violación de la soberanía de su país. Esta situación resulta paradójica si se tiene en cuenta que el líder pakistaní está utilizando las mismas herramientas para combatir el denominado “terrorismo insurgente”.


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