| 9/19/2016 12:51:00 PM

La paradoja de la productividad en detrimento de la calidad de vida

La trampa de que ‘ser más productivo es trabajar más’ resulta seductora. Hace fácil caer en ella… pero ser más productivo tiene poco que ver con las horas en la oficina, sino con la manera como se utilizan...

La calidad de vida es un término tan amplio como subjetivo, pero que está estrechamente vinculado con el bienestar humano. En su definición abarca elementos tangibles e intangibles relacionados con el bienestar físico, material, social, emocional, el desarrollo y la actividad desde estándares de igualdad, dignidad, acceso, seguridad, además de otros que al final permitan el crecimiento y la felicidad. Pero, ¿es posible llevarla al escenario empresarial sin afectar la competitividad?

En términos corporativos la calidad de vida es un concepto de doble vía, donde el beneficio, crecimiento y proyección del colaborador sencillamente se debe reflejar en su comportamiento de cara a la compañía, los resultados que obtiene y el tipo de relación que establece con la organización. Un empleado feliz, comprometido, que se proyecta internamente y no permanece buscando trabajo, es mucho más productivo que aquel que no está interesado en lo que hace, y avanza sin ver oportunidad ni proyección en su trabajo.

No obstante, ha sido un aspecto que para muchas compañías todavía queda en el papel, afectado por la creciente presión de aumentar la competitividad, reducir los costos y potencializar las ganancias, dando prioridad a la idea de que el empleado debe trabajar más horas, producir a doble marcha, ser un recurso que parezca dos y que pueda generar y generar, considerando que esto se traduce en ser más competitivos.

Este fenómeno ha generado una paradoja que es simplemente sorprendente: casos en los que una mejor calidad de vida en los empleados riñe de una u otra forma con el afán de competitividad de una empresa.

De acuerdo al estudio "Felicidad y trabajo", realizado por la consultora mexicana Crecimiento Sustentable, los trabajadores felices son 88 por ciento más productivos que aquellos con actitud negativa. Así mismo este estudio, que entrevistó más de 1.500 profesionales en México, evidenció que este tipo de empleados tienen hasta 33 por ciento más energía y dinamismo y, no menos importante, se presentan reducciones en riesgos de accidentes laborales de hasta 300%.

Aunque el estudio es de otro país, refleja una realidad que es bastante universal y que enmarca la contradicción del concepto todavía latente en la cabeza de cientos de directivos que solo presionan a su equipo para obtener más de ellos, sin importar si luego resultan agotados, desmotivados o terminan utilizando su tiempo en buscar otro trabajo.

De acuerdo con un estudio de Harvard Business School, 85% de las empresas pierden la motivación de sus empleados en los primeros seis meses, y datos de mercado muestran que las ganancias pueden bajar hasta 40% con la salida de ejecutivos claves que no pudieron ser retenidos, seguramente porque no encontraban en esa compañía el lugar para seguir creciendo y desarrollando sus habilidades.

Al final entonces, ¿qué es la competitividad? ¿Tener empleados felices, eficientes y enfocados o andar luchando contra la rotación, entrenando nuevos recursos, caminando entre el error y el acierto de traer capital humano desconocido de manera permanente, entre otros? Es muy simple y directo: A mejor calidad de vida, mayor productividad. No vale la pena darle muchos giros al tema.

Luego, la trampa de que ‘ser más productivo es trabajar más’ resulta seductora. Hace fácil caer en ella… pero ser más productivo tiene poco que ver con las horas en la oficina, sino con la manera como se utilizan, lo que un empleado puede hacer con ellas, la pasión, actitud y enfoque que le invierte, sin estar enfermo o desmotivado, sino proyectado, entusiasmado, dispuesto a crecer e innovar en la organización a la que pertenece.

Como lo muestran las dimensiones del concepto, esto no siempre es un tema de recursos, sino que recoge aspectos tangibles e intangibles que tienen que ver con alimentación, limpieza, salud, diversión, deporte, comprensión de los intereses y necesidades personales, proyección, entre otros aspectos que finalmente aporten a la felicidad de un empleado.

La decisión no es obligatoria, pero es un tema que vale la pena considerar dentro de las políticas organizacionales de todo tipo de empresas en todo tipo de industrias, pues hacerlo puede generar un cambio más profundo y duradero del que se genera con muchas otras decisiones estratégicas.

No lo dilate, considérelo y tome una decisión que lo beneficie como líder y que impacte sus equipos. No se arrepentirá, y podrá ver con claridad que es ciertamente una paradoja enfrentar la calidad de vida con la competitividad.

Por: Juan Camilo Chaves, Presidente Sodexo Colombia

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