| 9/3/2012 6:00:00 AM

Monedas por millones

El negocio de las máquinas dispensadoras que funcionan con monedas y billetes de baja denominación, está creciendo al punto que ya hay unas 10.000 máquinas, operadas por unas 50 compañías.

De hecho, las dispensadoras del país ya facturan unos $90.000 millones anuales y venden más tintos que las tiendas de Juan Valdéz.

Las empresas, y en particular las que tienen más de 100 empleados, fueron el primer puerto de estas máquinas en el país. Lo que se vende es la promesa de que los trabajadores van a gastar menos tiempo comprando en la máquina que saliendo a la tienda, a cambio de no pagar arriendo. Las empresas también aceptan esta tecnología para controlar sus gastos de cafetería, pues subsidian la mayoría de tintos que son servidos con las máquinas para que los trabajadores no paguen por ellos.

Las máquinas dispensadoras se han venido expandiendo a sitios con alto tráfico de personas y hoy clínicas y hospitales son uno de sus mejores puntos, así como centros comerciales, universidades y colegios.

Andrés Rodríguez Abondano, gerente y fundador de Autosnack, la empresa más grande del sector, asegura que la clave del negocio está en el manejo de la distribución y la logística de almacenamiento de los productos. Cada máquina es surtida al menos dos veces al día, lo que implica tener personal y también capacidad de negociación con los proveedores. Su empresa cuenta con 100 empleados y 4.000 máquinas, además ha crecido tanto que se asoció con D’vini Pack para producir los vasos que requieren sus máquinas.

Toda esta tecnología es importada y se adapta a las monedas y billetes del país, por eso el reciente cambio de monedas que realizó el Banco de la República se convierte en un desafío para esta industria, cuyas máquinas reconocen la moneda por su tamaño, peso y hasta por aleación de metales que tienen, pues esta produce un sonido específico al caer.

Nueva oportunidad

El costo de las nuevas monedas para las dispensadoras depende de qué tan moderna sea la máquina (todas son importadas), pues requiere ser reprogramada y cambiarle los tubos en los que se almacenan las monedas por denominaciones, pero quienes trabajan en este negocio consideran que las monedas de mil pesos representan una ventaja, pues van a poder vender productos de mayor valor, aceptando billetes de $5.000 y de $10.000.

“Hoy solo se permiten los de $1.000 y $2.000 porque las vueltas se dan con monedas. Al tener una nueva moneda de mil pesos se puede dar más cambio. A eso se suma que el periodo de transición entre las nuevas y las viejas monedas es hasta de 15 años, lo que nos da bastante espacio para ajustarnos”, explica Rodríguez Abondano.

Javier Ossa, gerente de Inssa, una importadora de estas máquinas, agrega que el negocio lleva 17 años desarrollándose en el país y que despegó en el momento en que la gente le perdió el miedo a comprar en la máquina. Sostiene que la clave está en una buena ubicación, pues dependiendo de ella cada dispensadora puede vender entre $1 y $2 millones al mes. De hecho el crecimiento de este negocio, lo ha convertido en una alternativa para personas que tienen un dinero extra y prefieren la dispensadora, en vez de un taxi. El tema es que si bien las barreras de entrada no son muchas, para permanecer se debe tener una buena logística de distribución.

El reinado del chocoramo

Aunque cada vez hay más máquinas que venden comida saludable como frutas, yogures y quesos, ninguna de ellas es exitosa si no tiene dentro de su oferta los llamados paquetes de comida rápida y en particular el Chocoramo, con sus ‘primos’ los ponqués gala.

“El Chocoramo no puede faltar en todo el país, se utiliza como gacho, porque ésta es una venta impulsiva. La gente muchas veces no sabe qué quiere comer y compra por antojo”, agrega Ossa y dice que la compra promedio de los usuarios de estas máquinas está entre $1.000 y $1.500.


                                                               
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