Revista Dinero

Mineros, comerciantes y laboratorios gemológicos hacen parte del negocios de las esmeraldas.

| 8/27/2013 11:00:00 AM

Los otros esmeralderos

Desde guaqueros hasta exportadores, todos son considerados esmeralderos, sin embargo el negocio es tan grande que los famosos son muy pocos.

por Paulo Matamoros

Tener buen ojo tanto físicamente como en la visión de negocios es lo que debe tener un esmeraldero para ser exitoso en el negocio.

Mientras Mauricio Martínez le habla a Dinero.com, revisa piedras que le ofrecen en su local Art Emeralds and Jewels ubicado en el Emerald Trade Center en el centro de Bogotá D.C. Él asegura que muy pocas lo enamoran, al referirse a las piedras que no le interesan.

Martínez tiene 48 años, y desde el 5 de enero de 1991 se dedica al negocio. Se graduó de economista en la Universidad de la Salle, pero en su profesión no le ofrecían un sueldo que igualara lo que ganaba con negocios personales.

“Quería hacer dinero con una actividad legal y por eso me metí al negocio de las esmeraldas” dice Martínez. Agrega que antes, la mezcla de baja cultura y dinero, lo hacía un negocio peligroso, "pero ahora eso ha cambiado, es legal". Aprendió de su papá, que estuvo vinculado al negocio, sin embargo su mamá no quería que se dedicara a las esmeraldas porque tenía mala publicidad.

Empezó en la calle, en La Playa, como se denomina a la Avenida Jiménez, entre carrera séptima y octava, y allí permaneció tres años. Luego subió a la Plazoleta del Rosario y posteriormente logró abrir oficina.

Recuerda que la gente llegaba temprano de la mina a vender las piedras. “Para ser exitoso tuve que aprender del negocio, pues es un arte. Probé materiales, y aunque son costosos lo hice con piedras pequeñas para saber cómo iban a quedar. A los 8 años de ser esmeraldero compré mi piedra de kilate, que a precio de hoy cuesta $35 millones”, manifiesta el joyero con emoción.

Agrega Martínez que “después que tallaba no sabía si iba a ganar o perder hasta que vendía la piedra”. Si bien no ejerció directamente su profesión de economía, si le ha servido para aplicar sus conocimientos en el negocio. Su lógica de economista también lo hace cuestionarse sobre la locura que es dar fajos de billetes para recibir una piedra. Explica que es un riesgo alto entregar un tangible por algo abstracto. El vendedor en bruto, pide, el intermediario decide".

Para él, la mayoría de la gente se quiebra comprando en bruto, pues es muy difícil calcular, por eso es necesario probar materiales para aprender cómo se porta la talla y el tratamiento, de esa forma se calcula peso, calidad y forma.

“Quien compra en bruto debe tener un carácter fuerte, aprender a soportar perder. Por conocedor que sea va a perder y debe poder soportarlo”. Señala que el negocio puede convertirse en un vicio, debido a que es un costoso juego en el que se está a la deriva del conocimiento, pues en el laboratorio puede haber cambios. El resultado final dice si se sabe del negocio o no.

Por seguridad difícilmente un esmeraldero habla de sus ingresos, por eso Martínez solo cuenta que en alguna ocasión vendió una esmeralda de US$65 mil con tarjeta de crédito.

Concluye que las personas ya no ven a un esmeraldero como un 'comerciante vulgar', sino como un empresario de piedras preciosas y que las esmeraldas son la expresión de la belleza colombiana, "es lo mejor que produce el país y lo más valioso".

El salón de belleza de las esmeraldas

Susana Durán es otra persona vinculada al mercado de las esmeraldas. Empezó cuando tenía 25 años. Atiende su laboratorio gemológico llamado C.G.I.D. ubicado en el segundo piso del Emerald Trade Center.

Durán dice que su negocio es el salón de belleza de las esmeraldas y cobra entre $8 mil y $15 mil por kilate por tratamiento especial. Ese procedimiento puede hacer que la esmeralda dure 10 o 15 años perfecta.

En su caso es un negocio familiar, que pasa de generación en generación. Además en el medio todos se conocen, se presentan unos con otros y es un negocio que se basa en la confianza. "No cualquiera puede aparecer de un momento a otro y mientras conocen a alguien nuevo es difícil que se pueda negociar. El gremio se cuida a sí mismo", explica.

Agrega que “se manejan valores altos y por eso hay riesgos. La responsabilidad es grande, como cuando los patrones me dejan piedras valiosas sin recibo, son esmeraldas que cuestan de $15 millones o $20 millones. Lo hacen porque hay confianza. La inseguridad en el negocio viene de afuera, pues se piensa que tenemos mucha plata, el negocio es bueno, pero no como los demás creen, por eso se han registrado casos de paseos millonarios al tomar taxi afuera del centro comercial”.

En el laboratorio gemológico también venden artesanías desde $70 mil, así es que no se mueven millones, dice su compañera del local.

Al ser preguntadas sobre lo que significaba Victor Carranza para el gremio, manifiestan que era una imagen, el abastecedor, pero al final los perjudicó, debido a que hizo un monopolio que no dejaba salir las esmeraldas de las minas hacia los comerciantes colombianos, pues solo permitía que se exportaran directamente. En la zona franca manejaba todo, sus propios talladores. Por esa razón eran escazas y se aumentó el costo en el mercado interno.

El esmeraldero que conoce las piedras

William Linares lleva 30 años en el negocio. Él llega al sector de la Avenida Jiménez entre 8:30 a.m. y 9:00 a.m. Como él mismo dice es el tercero en la cadena de comercialización, luego del minero y el comprador de la piedra en bruto. Él, la recoge de los dueños y la pone en las manos de los exportadores. Tiene compradores en India, Japón, Estados Unidos y Colombia.

Asegura que el mejor horario para comerciar es en la mañana. Linares dice que escoge ese horario porque la luz de la mañana es neutra, no se altera el color, mientras que la luz artificial cambia el color de las esmeraldas.


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