| 9/2/2014 7:35:00 AM

Hacen del delfín rosado un aliado empresarial

Esposas de pescadores de la Amazonía colombiana encontraron una oportunidad de negocio con los peces mordidos o rasguñados, los cuales dejaron altas pérdidas económicas para la región y hoy prometen ser una de las principales industrias.

En el Amazonas, la principal actividad económica es la pesca y uno de los principales atractivos turísticos de la región son los delfines rosados. Sin embargo, desde hace varios años, estos dos fuertes de la región empezaron a tener dificultades porque los pescadores locales del municipio de Leticia no lograban sacar la totalidad de los peces en buen estado ya que los delfines los mordían y perjudicaban su comercialización.

Ante esta situación, los pescadores de Leticia en lugar de percibir al delfín como su enemigo, lo entendieron como un socio que los indujo a innovar para revertir esta situación a su favor. Así fue como los pescadores, liderados por sus esposas, decidieron transformar el pescado en embutidos.

Las esposas de los pescadores se dieron a la tarea de separar los pescados en buenas condiciones de aquellos que estaban mordidos, rasguñados o incompletos para incluir esos peces averiados en la producción de embutidos que inicialmente fueron comercializados entre parientes y conocidos. La demanda empezó a crecer y decidieron organizar su labor como la Asociación de Mujeres del Amazonas Procesadoras de Pescado (Amapropez).

Junto con el apoyo de Incoder, Amapropez obtuvo la maquinaria necesaria para incrementar el volumen de producción y comenzaron a vender a nuevos clientes locales como el ICBF y hoteles lugareños. La novedad del producto convirtió a la asociación en el único proveedor local de pescado embutido. No obstante, este crecimiento no era suficiente para impactar de manera significativa la calidad de vida de los asociados dado el reducido tamaño del mercado local. Habían alcanzado su punto máximo de expansión.

En 2012, Propaís, la entidad que facilita alianzas entre el Gobierno y entidades privadas, llegó a realizar el primer encuentro de negocios, en donde esta asociación identificó algunos errores en la producción. No vendieron nada pero el contacto con otros empresarios les permitió evidenciar la necesidad de mejorar la calidad, el tipo de corte, la presentación del producto y comprobaron la importancia de contar con el registro sanitario, código de barras y una marca propia para salir a otros mercados.

Al superar las primeras dificultades del negocio, deciden organizarse, realizar inversiones, contratar a un ingeniero de alimentos de manera permanente y mejorar la productividad y competitividad de la asociación. Un año más tarde, cuando participaron nuevamente en la Rueda de Negocios realizada en Bogotá, lograron cerrar negocios con La Gran Colombia de Cali, Tour Vacation y distribuidores como Fernando Trujillo y Ricardo Boada García.

Su planta ahora cuenta con 10 operarias, una producción aproximada de siete toneladas de pescado mensuales con más de cuatro clientes. Sólo con un cliente, en los últimos seis meses lograron vender más de $135 millones.
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