| 8/1/2017 10:11:00 AM

La violencia no le robó el sueño de emprender a esta colombiana

Beatriz no permitió que su pasado le impidiera terminar los estudios, adquirir a los 18 años su casa propia, destacarse en su actual empleo y soñar con fundar una academia de baile para ayudar a los niños.

Para Beatriz Córdoba la frase “no se puede” hace mucho tiempo salió de su vocabulario. Esta mujer de 24 años se ha demostrado a sí misma que puede realizar lo que se propone, no importando el pasado violento que comenzando su juventud logró arrebatarle a sus seres queridos y la obligó a desplazarse a Bogotá.

“Recuerdo el Chocó como una tierra con cosas deliciosas, pero otras agrias”, menciona Beatriz en su entrevista a este medio.

“El chocoano es muy arriesgado, no le dice no a nada y vive en una tierra con hermosos paisajes”, continúa relatando al recordar la tierra que la vio nacer y en la que creció. Pero también hace memoria de lo agrio de ese Chocó de su pasado: “había mucha violencia por la guerrilla. Uno podía estar una semana bien y la otra no, este grupo armado no nos dejaba salir porque frecuentemente hacían toques de queda”.

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“Yo vivía un poco alejada de Quibdó capital de Chocó – en una finca que la guerrilla frecuentaba para llevarse lo que producía. Cuando salía al pueblo en ocasiones veía a gente sin vida dispersa en el suelo. Como era pequeña mis papás me decían que eran animalitos, pero a medida que fui creciendo me daba cuenta de la realidad de las cosas”, comenta Beatriz la violencia que vivió, la misma que en su momento le arrebató a sus familiares más cercanos.

"No me gusta que me vean de esa forma sino como una mujer emprendedora.”

Luego de todo lo anterior, a sus 16 años, decide viajar a Bogotá en calidad de desplazada por la violencia, amenazada de abandonar la tierra o morir, pero sabiendo que en Bogotá la madre que nunca conoció la estaba esperando.

“El reencuentro con mi mamá fue horrible porque no sabía con quién iba a convivir, para mí era una persona totalmente nueva que iba a conocer, sentía mucho odio porque ella se llevó a todos mis hermanos menos a mí”, dice Beatriz al concluir que la convivencia en su nueva casa durante los primeros años no fue fácil.

Pero todo este escenario no fue un impedimento para que Beatriz tomara la decisión de desarrollarse como persona, de tal modo que durante ese tiempo trabajó en las mañanas pelando cebolla y desgranando alverja en Abastos, y en las noches estudiaba para terminar su bachillerato.

“Luego me fui a cargar bultos, me pagaban muy bien, y si ya me conocían me llamaban: ‘venga negrita’. Obviamente le daban a uno lo más suave por ser mujer, pero sin embargo yo siempre quería más y les decía que me aumentaran la carga, estaba convencida de que podía”, recuerda Beatriz ese primer trabajo del cual ahorró dinero para comprarse una carretilla y no esforzarse mucho.

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“Ahí sí nadie me paraba: ‘¡Ey! negrita necesito un viaje aquí’, me daban $20.000 o $30.000 por viaje, al día lograba hacerme $100.000”, afirma Beatriz quien logró terminar sus estudios, pagar su propia manutención y hasta comprar a sus 18 años un lote en el cual construyó su casa.

Hoy en día, después de haber pasado por varios empleos y lograr capacitarse en atención al cliente, Beatriz trabaja en Ventas y Servicios, empresa de contact center y Bpo en la que se siente cómoda por las diferentes oportunidades que allí ha recibido, no obstante manifiesta que en sus proyecciones está fundar una escuela de baile que le permita ayudar a los niños y en la que pueda vincular personas que independientemente de su condición, quieran trabajar y demuestren una pasión por lo que hacen.

Beatriz sueña con crear una fundación para poder ayudar a los niños por medio del deporte o el baile.

“Porque hay personas que se refugian en su condición de desplazamiento para vivir cómodamente. Que la gente les dé”, afirma Beatriz, quien por su propia experiencia piensa que en su mente no debe estar el rótulo de desplazada: “para mí yo soy una persona común y corriente, nadie conoce mi historia de vida, porque no me gusta que me vean de esa forma sino como una mujer emprendedora”, concluye Beatriz.

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El perdón para esta emprendedora, también hace parte de la lista de cosas que anhela conseguir en el futuro. Confiesa que no le ha sido fácil alcanzarlo, pero reconoce la importancia de hacerlo: “creo que si perdonara me quitaría todo este peso de encima que he cargado, pero es difícil. Yo sé que llegará el día” concluye esta mujer que se ve a sí misma como un ejemplo de superación y que deja el mensaje a muchos de que se pueden alcanzar los sueños, sin importar el pasado que se haya tenido.

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